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Símbolo de amor
09-12-2008, Reinaldo Cosano Alén

Cubamatinal/ Llegaron los conquistadores hasta la márgenes del Mississippi, donde de Soto enfermó y murió. De su muerte no se supo en La Habana hasta mucho tiempo después.

La Giraldilla, veleta de la capital desde el siglo XVII, está ligada íntimamente a una antigua y triste leyenda de amor, digna de una novela romántica. Data de los inicios del dominio colonial en la Isla y la exploración del sur de Norteamérica.

La Giraldilla se levanta sobre la torre de vigilancia del viejo torreón del Castillo de la Real Fuerza de La Habana, la edificación militar más antigua de ciudad, que empezó a construirse en 1558, durante el reinado de Felipe II, y fue concluida veinte años después.

Su función era proteger la Villa de los ataques de corsarios y piratas, que asolaban las costas cubanas, atraídos por la circunstancia de que en el puerto habanero se concentraban las flotas españolas con sus preciosas cargas de oro y plata camino a la península. Además de otras riquezas no menos codiciadas.

Los buques de la época, que navegaban también a través de las costas, debido a la escasez e inseguridad de los caminos, estaban urgidos de una veleta, visible desde todos los ángulos, que señalara la dirección del viento.

Juan Bitrián Viamontes, gobernador de la ciudad de 1630 a 1634, ordenó fundir en bronce una veleta útil para los capitanes de naves y los marineros. Se creyó por mucho tiempo que el escultor de la Giraldilla era español, y que la pieza había sido fundida en la península, pero un minucioso estudio de mediados del pasado siglo de la inscripción en el medallón de la dama de bronce, comprobó que fue fundida en el taller del habanero Gerónimo Martínez Pinzón, nacido en 1607, por lo que La Giraldilla está considerada la más antigua escultura de la Isla, y Gerónimo el primer escultor documentado.

La tradición cuenta que Martín Pinzón, al diseñar la veleta, se inspiró en la historia de Isabel de Bobadilla, gobernadora de la Isla en ausencia de su esposo, Hernando de Soto, destacado entre los conquistadores de Nicaragua y Perú. De Soto fue nombrado por la Corona en 1528 con los cargos de Capitán General de la Isla, y Adelantado de Florida. Llegó a Cuba acompañado de su esposa Isabel.

Hernando partió a Florida al mando de 900 hombres con nueve naves y 300 caballos, desembarcando en Tampa. Llegaron los conquistadores hasta la márgenes del Mississippi, donde de Soto enfermó y murió. De su muerte no se supo en La Habana hasta mucho tiempo después.

La tristeza de Isabel por la ausencia del esposo aumentaba con los días. Cuenta la leyenda que con los primeros resplandores del alba, Isabel de Bobadilla oteaba el horizonte desde una torrecilla emplazada en su vivienda, y allí permanecía hasta el anochecer, buscando un indicio en el mar que anticipara el reencuentro de los enamorados.

La Giraldilla, de 110 centímetros de altura, representa a una mujer con corona, de facciones aborígenes, con una palma en el brazo derecho, y la Cruz de Calatrava en el izquierdo. En al Real Castillo de la Fuerza se levanta una réplica. La estatua original se encuentra en el museo, a fin de preservarla.

Como Isabel de Bobadilla, La Giraldilla explora cielo y mar, a la espera de legiones de cubanos que no volverán, pero que viven con la eterna esperanza del retorno.


 


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