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Algunas claves para el triunfo de Barack Obama
08-11-2008, Jorge Hernández Fonseca

Cubamatinal/ En estos difíciles tiempos que vivimos, todos hemos sido testigo de un hecho verdaderamente trascendental e histórico: el próximo presidente de los Estados Unidos, el número 44 de su historia, será un negro electo por la mayoría incontestable del pueblo norteamericano. Lo anterior no es poca cosa en una sociedad que algunos años atrás luchaba por los derechos civiles de los afro-americanos, discriminados por el único motivo de tener un color diferente en su piel.

En el mundo entero, los hombres libres y de buena voluntad han sentido que la humanidad ha dado un paso trascendente en el camino de la justicia racial, precisamente en el mayor y más desarrollado país de nuestros tiempos, colocando en el sitial más alto de su política interna y externa a quien por méritos la ciudadanía democráticamente decidió en elecciones libres sin importarle su condición racial.

No hay que ser militante del partido demócrata, o concordar con las ideas expresadas durante la campaña electoral por el equipo triunfante, para reconocer el triunfo y su significado más que trascendente. Los méritos de este resultado electoral son indiscutibles, lo que no elimina que en la política que proyecta el futuro presidente --del cual nadie discute su talento y proyección histórica-- haya objetivos polémicos respecto a negociaciones con el dictador cubano.

Es de notar que, junto al júbilo natural de los amantes de la democracia en todo el mundo, especímenes del calibre de un Hugo Chávez en Venezuela, el representante de Hamás en el Medio Oriente, Evo Morales en Bolivia y Ahmadinejad en el Irán de los Ayatolas, para no hablar de Zapatero en España --que sabemos que fue el único político que permaneció sentado ante la bandera norteamericana en un desfile en el cual todos los presentes le hicieron educada reverencia poniéndose de pie-- lo que arroja un manto de sospecha sobre la política exterior del flamante presidente electo.

Esta contradicción entre los hombres y mujeres libres satisfechos por la contienda electoral, y el júbilo de los opresores mencionados --celebrando el triunfo-- es fuente de dudas sobre el significado que debemos dar al acceso al poder de la primera potencia mundial de un hombre cuya promesa de cambios cautivó a EUA y donde estos canallas no pueden tener un lugar.

 

Estados Unidos fue atacado cobarde e inexplicablemente en 2001 por una banda terrorista, dejando miles de muertos inocentes en suelo norteamericano. Los mismos que hoy ensalzan el acceso al poder de Obama, justificaron entonces el ataque como siendo, sino justo, sí merecido, por el papel supuestamente “imperialista” que según todos ellos EUA desempeña en la sociedad mundial del siglo XXI.

¿Qué pretenden Ahmadinejad, Chávez, Zapatero o Evo Morales, reconocidos personajes de la más furibunda fauna anti norteamericana --que apoyan decididamente la dictadura y la opresión en Cuba-- con declaraciones de mal disimulado júbilo y apoyo al nuevo presidente de EUA? ¿Será que imaginan que ahora Obama va a ser “menos” representante y defensor de los intereses norteamericanos, de lo que fueron los anteriores presidentes de los Estados Unidos?

Barack Obama es el presidente electo de Norteamérica, no del partido demócrata o del republicano y como tal, todos sabemos (o como mínimo imaginamos) que sepa defender a un país que por mérito propio se ha colocado a la cabeza del mundo libre y que demuestra su desarrollo social precisamente eligiendo un negro como jefe de un estado, en lucha precisamente contra los personeros que ahora saludan su elección, como Hugo Chávez y Evo Morales.

Personalmente, como cubano, temo que el cambio de política hacia Cuba (cuyos dirigentes todavía no se ha pronunciado oficialmente) nos lleve a un período de permanencia adicional de la dictadura en la isla, legitimizada además por el reconocimiento norteamericano que implicaría el inicio oficial de conversaciones sobre temas en los cuales los cubanos sabemos de sobra que no habrá concesiones políticas por parte de la tiranía de los hermanos Castro y que de alguna manera permitiría a la dictadura re-establecer importantes aliceres económicos.

La mayor aspiración de la fauna “anti-yankee” mencionada antes --y que hoy celebra el triunfo de Obama-- es ver a los Estados Unidos sumidos en la mediocridad de una involución interna y externa, dejando en su lugar el espacio que ellos necesitan para, como en Cuba, oprimir a sus propios pueblos. Son los mismos que en foros mundiales han decretado el “fin del capitalismo”, a partir de la crisis financiera, en cuyo contexto ha emergido Obama como presidente de EUA.

Varias preguntas importantes creo que debemos hacernos sobre “el imperialismo”: ¿Fue más libre el mundo cuando los imperios antiguos, en
Mesopotamia , en Egipto, China, Persia, entre otros, ejercieron sus dominios sobre pueblos ajenos? ¿Era más libre el mundo dominado por el imperio creado por Alejandro Magno?; ¿Resultó más libre el mundo del imperio romano?; ¿Era democrático el imperio árabe al expandirse por el mundo conocido dominado, desde el norte de África, a una buena parte de Europa (España) hasta Asia?; ¿Era más libre el mundo cuando las huestes mogolas dominaron casi toda Asia y una buena parte de Europa?; ¿Lo era cuando España dominaba un imperio donde “nunca se ponía el sol”?; ¿fue mejor el imperio de Napoleón?; ¿acaso hubo mejoras con el recién ‘desboronado’ imperio soviético?; ¿es peor la situación actual, que la antes vivida por los países sometidos a los imperios mencionados?

El constatar que la historia del mundo --por desgracia-- no ha sido más que la sucesión de imperios diversos, de dominadores y dominados, claro que no debe ser suficiente para admitir el domino extranjero sobre ninguna de las naciones. Sin embargo, sí es razón para hacer oídos sordos cuando un representante de uno de los imperios fracasados critican al actual “imperio norteamericano”, como es el caso de Zapatero en España, que traza su política hacia Cuba como revancha contra los Estados Unidos, por haber apoyado Cuba a liberarse de su yugo.

Claro que nadie aspira a que Obama refuerce el “imperio yankee” a costa de otros pueblos. Sin embargo, es importante que los nuevos gobernantes norteamericanos sepan que aquellos que se quejan contra el “imperialismo norteamericano”, ya fueron (o son) importantes opresores de sus propios pueblos, como Hugo Chávez y Evo Morales, que apoyan a Obama en un vano intento oculto por debilitarlo, halagando a su enemigo irreconciliable, en la creencia que es de su misma calaña y con la esperanza de expandir el chavismo en Sudamérica ante un EUA más “democrático” y permisivo.

El deber de los cubanos es luchar por la libertad de la isla. Trabajar por su independencia de la Venezuela de Chávez, ahora, como lo fue antes de la Rusia soviética. Hay muchos caminos que conducen a este objetivo, lo que implica en capacidad de análisis de caminos alternativos.

El triunfo de Obama aparentemente traerá negociaciones directas Cuba-EUA --condicionadas o no-- y que según las líneas políticas de opositores que apoyan esta tendencia, redundará en beneficio de la sufrida sociedad cubana. Si bien este camino está plagado de peligros (el principal es quizá con ello propiciar la prolongación en el tiempo de la dictadura que nos oprime) no deja de ser un punto de vista válido para la lucha de cubanos honestos y preocupados por el futuro de Cuba. En ese caso --y desde estas líneas-- va nuestra preocupación por el coro enemigo que también ha aplaudido semejantes decisiones, en la convicción de que subestimar la capacidad de Fidel Castro para percibir la trampa que podamos tendérsele, pudiera resultar contraproducente y pudiera tornarse contra los intereses de la libertad de Cuba y su pueblo.

 

 

 


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