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Dios proteja a su iglesia de los fariseos en su seno.
16-08-2006, Alfredo Cepero

La semana pasada contemplamos atónitos en nuestro televisor a un prelado con expresión seráfica dar lectura a una carta que, en parte, decía: “ Los Obispos de Cuba pedimos a todas nuestras comunidades que ofrezcan oraciones para que Dios acompañe en su enfermedad al Presidente Fidel Castro e ilumine a quienes han recibido provisoriamente las responsabilidades de gobierno.” Si de la frase borramos “los Obispos de Cuba”, la misma coincide con bastante fidelidad con las palabras de Hugo Chávez pidiendo por la salud de su mentor en su programa “Aló Presidente”.

Sin embargo, quién leyó la carta de los Obispos de Cuba fue nada menos que un Príncipe de la Iglesia, el Cardenal Jaime Ortega Alamino. Pero nuestra incredulidad ante las declaraciones del Cardenal Ortega ha sido superada por nuestro asombro ante la actitud moderada y tolerante de un exilio que siempre se ha distinguido por una vehemencia rayana en la intolerancia. Por nuestra parte, por aquello de que “el que calla otorga,” no podíamos quedarnos callados.

Este cardenal puede adolecer de alguna que otra limitación pero una de ellas no es la falta de capacidad intelectual. Por lo tanto, está totalmente consciente de que ha pedido a Dios que “acompañe en su enfermedad” a un ateo confeso y un excomulgado por su Santidad Juan XXIII el 3 de enero de 1962 por “negarse a seguir las enseñanzas de la Iglesia, negar al pueblo de Cuba el acceso a los templos y profesar el comunismo ateo.” Está consciente de que, al pedir por la salud de este bribón, está condenando a la persecución, la cárcel, la opresión y la miseria a once millones de sus compatriotas.

Esta consciente de que el tirano, su hermano y sus secuaces han fusilado y asesinado a millares de cubanos por el sólo hecho de defender su derecho a adorar a Dios ya fuera como católicos, protestantes o testigos de Jehová. ¿Qué dirán desde el cielo mártires de la Patria y de la Iglesia como Alberto Tapia Ruano, Virgilio Campanería, Manuel Guillot y Rogelio González Corzo?. En concordancia con esta pregunta, Lucy Echeverría Bianchi, hermana de aquel líder inmaculado que fue José Antonio Echeverría, quién era un católico práctico, alzó su voz de protesta en carta a la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba donde, en parte, dice: “Todavía resuenan en mis oídos los gritos de VIVA CRISTO REY de cantidad de jóvenes que murieron en Cuba ante un paredón de fusilamiento. ¿ Dónde estaban entonces los obispos de mi Iglesia de Cuba?. Porque jamás los oí decir nada y (las víctimas) eran en su mayoría católicos prácticos”.

Esta carta de los obispos no sería tan dolorosa para los fieles ni tan denigrante para sus firmantes, si la Iglesia de Cuba hubiese mostrado solidaridad y compasión hacia las víctimas de la tiranía. Jamás he conocido de petición alguna de estos prelados identificando por sus nombres a Pedro Luís Boitel, Guillermo Fariñas, Oscar Elías Biscet, René Gómez Manzano o Martha Beatriz Roque. Hecha especifica y únicamente para beneficio del tirano no puede ser interpretada como otra cosa que como un acto de apaciguamiento y servilismo deleznables. Muy bien harían los firmantes de esta carta en tomar lecciones de civismo, dignidad y coraje del venerable Cardenal Midzenti, de Hungría, y del Cardenal Miguel Ovando y Bravo, de Nicaragua, quienes prefirieron correr los riesgos junto a los perseguidos de sus pueblos antes de hacerle el juego a la tiranía.

Siempre es bochornoso que la verdad se rinda ante la mentira, pero es intolerable que un Príncipe de la Iglesia pida la intercesión divina para Satanás. Nos recuerda a la Iglesia Cubana del Siglo XIX que hizo causa común con el coloniaje español y marginó al presbítero Félix Varela por sus ideas independentistas. Nos recuerda a la Iglesia Universal del Siglo XX que permaneció impasible ante el Holocausto Judío y tuvo más tarde que pedir perdón por sus pecados.

En ambos casos, la Iglesia reconoció sus errores y sanó las heridas. De ahí que nuestro optimismo nos conduzca a tener fe en que, al igual que el pueblo de Cuba tendrá su amanecer de libertad, la Iglesia Cubana abrirá un nuevo capítulo de servicio a sus feligreses e identificación con nuestro pueblo. No nos cabe dudas de que la Iglesia que ha sobrevivido imperios y fue capaz de superar la lujuria, la avaricia y la maldad de la familia Borgia será capaz de superar la cobardía y el oportunismo de los fariseos dentro de su seno. AMEN.

Miami, Florida, 11 de agosto de 2006


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