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Votando en los Estados Unidos.
31-10-2008, González, Eloy A

Cubamatinal/ Este año voy a votar por primera vez en los Estados Unidos de América. Lo haré en una sociedad democrática y haciendo uso de mis derechos y libertades individuales. Todo esto se dice muy fácil, pero no lo es. Ahora soy ciudadano de este país, como también lo soy de mi país de origen: Cuba.

Sobre mi Patria de origen se señorea una Tiranía por casi medio siglo, el desprecio por los derechos ha sido y es ejercicio cotidiano en ella; de está mi Patria de libertad transgredida, salí hace 9 años como refugiado político.

No quiero hablar de términos o definiciones como tampoco quiero sumarme al coro de aquellos pesimistas que siempre ven en cada acto político, cualquiera que este sea, un ejercicio de conducta hipócrita tanto en el orden individual como colectivo. Para muchos la política pasa a ser una actuación reservada para los infames y los ingenuos. Los cubanos con medio siglo de memoria democrática nula o torcida, llevamos dentro los gérmenes de la monstruosidad y el desencanto en el accionar político.

Cuando preparaba este artículo he encontrado no pocas definiciones sobre democracia y participación. Un compatriota, en su columna habitual de un diario miamense, recuerda que “se vota por cultura, para agregar que la responsabilidad del voto es proporcional a la conciencia del privilegio de votar”, todo dicho muy profundo e impreciso, para sustentar a continuación toda una sarta de invectivas sobre la intención del voto. El texto muestra más una mente emponzoñada, que los argumentos de un comunicador responsable tratando de trasmitir ideas a sus lectores, ávidos de cualquier cosa menos de desesperanzas y frustraciones.

Mi primera experiencia en el voto fue por el año de 1965, en el Preuniversitario donde cursaba el grado 10°. Había que elegir al Presidente de la Asociación de estudiantes y vinieron los del grado 12° a influir sobre los mayoritarios alumnos de mi curso, para que votáramos por el candidato de su curso. Fue así que votamos contra el candidato del grado 11°, quién además era comunista. El resultado fue que el elegido,-alumno de grado 12°-, y recién estrenado Presidente, también era “ñangara” pero tapado como muchos por aquellos tiempos. Cuando finalizó el curso, fue el encargado de arrear a sus compañeros recién graduados para el Servicio Militar Obligatorio mientras él se ponía a buen resguardo. Desafortunada experiencia, muestra de lo que vendría en años sucesivos.

Después aparecieron las elecciones a mano alzada, bajo la tutela y control de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Para que no hubiera dudas de tal control, la muy conocida y otrora prestigiosa Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), se unió descaradamente con la Unión de Jóvenes Comunistas para formar una sola organización denominada: UJC-FEU. Los que no pertenecían a los Jóvenes comunistas,- que eran la mayoría-, no tenían representación alguna. En realidad nunca la tuvieron, aún cuando, a pedido de la mayoría de los estudiantes fueron separadas ambas organizaciones de aquel maridaje escandaloso. El divorcio se produjo para que esta organización de estudiantes pudiera presentarse sin tan desfavorables lazos ideológicos ante las organizaciones estudiantiles internacionales. El férreo control de la Juventud comunista (UJC) y del Partido Comunista (PCC) estaba allí como para recordar que las reglas del juego las establecían ellos.

En el año de 1976 se produjo la votación para aprobar la nueva Constitución Socialista. Los cubanos habíamos vivido desde el 1959 sin Constitución y sin derechos; ya estábamos acostumbrados a esto. Sin embargo una nueva y bien redactada Constitución Socialista estaba disponible como nuevo instrumento jurídico que completaba la estructura de dominación de la Dictadura. Teníamos que aprobarla mediante el voto directo y secreto. Era una manera de legitimar la nueva democracia socialista y la genuina participación del pueblo como protagonistas de su destino. Esta era la parafernalia comunista que repetían hasta el cansancio los medios de difusión, ya apropiados y vigilados.

Fui a votar. Inmediatamente en la tarde de ese mismo día en el vecindario donde residía por aquellos tiempos, el comentario era los dos votos en contra de la recién presentada Carta Magna, que se habían depositado en el cercano colegio electoral. Estuve preocupado varios días. Una semana después se dio a conocer los resultados donde la mayoría del pueblo había dado el Sí a la Constitución Socialista. Fue aprobada y aún está vigente; nos endosaron una Constitución Socialista más de una década después de que el Dictador proclamará públicamente el carácter socialista de la Revolución. Es y sigue siendo el instrumento jurídico por excelencia en el dominio de todo un pueblo por una Tiranía que pisotea el derecho. Apenas 92 mil personas votaron en contra de la Constitución Socialista, yo fui uno de ellos,- y como es de suponer-, fui uno de los dos votos negativos en el colegio electoral donde sufragué. De manera que está despejada la incógnita.

Involucrado en el movimiento opositor en Cuba desde el 1989, creí compatible con mis principios, que un opositor o disidente (ambas palabras generan no pocas controversias), No debía participar en ningún acto electoral. ¿Cómo hablarle al resto de la población del carácter represivo del régimen y su permanencia en el poder de forma ilegitima, si usted participa en el ejercicio electoral establecido por ese régimen? ¿Cómo puede usted hacer llamados a boicotear las elecciones del régimen, si usted siendo un disidente, va a votar?

Siendo opositor nunca participé en ninguna votación en Cuba. Esto me acareó no pocos problemas: consejos de los familiares, amistades que aparecen de improviso con encomiendas; el manido argumento de “no te busques problemas” o la recomendación de “es mejor dejar la boleta en blanco así no te señalas”. ¡Miedo y fariseísmo! A pesar de los consejos y pedidos, a pesar de los Pioneros tocando a la puerta y las visitas del encargado de las Brigadas de Respuesta Rápida, nunca participé en una votación cuando ya había definido mi perspectiva como opositor.

Una de las experiencias más amargas fue poder conocer que muchos disidentes u opositores en Cuba, participaban en los actos electorales organizados por el mismo régimen que decían combatir. Esto para mí fue y sigue siendo moralmente inaceptable.

Es así que ahora viviendo en este país, me apresto para votar. Nadie me ha presionado e influido para que participe o no en la votación del próximo 4 de noviembre. Durante meses he sido testigo del juego político entre los partidos y los candidatos. He opinado, escrito e intercambiado información en múltiples ocasiones sobre las próximas elecciones sin que fuera objeto de ningún acto de presión o intimidación. He compartido opiniones con personas que no piensan igual que yo, y no ha habido enojo ni ataques a la honra o reputación en ningún sentido.

Esta, la sociedad en que vivimos, no es una sociedad perfecta. Cuando escribo estas líneas las sombras de la recesión económica se ciernen sobre ella; sin embargo aquí está una sociedad siempre fresca y pujante preparándose para elegir a su próximo Presidente y otras autoridades federales y estatales. Lo haremos mediante un acto libre y con apego al derecho que todos tenemos, incluso los que llegamos a este país y accedemos a la ciudadanía por naturalización. Algún día eventos como este tendrán lugar en nuestro país, por lo pronto el día 4 los que podemos votar, vamos a participar de esta fiesta democrática.

Cuando lean este artículo ya estaremos a unas escasas horas de la votación, siendo así y como seguro se estarán preguntando, les dejo con la información de cuál es el candidato por el que votaré. De manera que, cuando escriba mis argumentos en el próximo artículo, no haya aquello de que “cambié de casaca” porque los resultados no me fueron coincidentes.

El próximo 4 de noviembre voy a votar por el candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, y también seleccionaré algunos políticos locales para los cargos estatales siempre que cuente con toda la información.

Y ustedes, amables lectores, si están habilitado para votar, háganlo. Hagan uso de su derecho y de la libertad de elección mediante el voto; elijan el candidato o los candidatos de su preferencia y sean ejemplo de civismos para sus hijos.

Ustedes verán que el próximo martes, todos seremos ganadores. Se los dice alguien que vivió casi medio siglo bajo una Tiranía.


*Columnista, Panorama de Nuevos Horizontes. Hispanic Newspaper. Fort Worth, TX. 28 de octubre de 2008. E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com

 

 


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