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Lula da Silva y el PT en el nuevo panorama político brasileño
30-10-2008, Jorge Hernández Fonseca

Cubamatinal/ En Brasil acaba de concluir el proceso electoral municipal. Más de 5,500 municipios fueron a las urnas a elegir prefectos (alcaldes) y sus correspondientes vereadores (concejales) en un proceso de dos turnos de votaciones, en fechas diferentes, hasta obtener mayoría absoluta de votos. Algunos de los municipios del gigante sudamericano --como San Pablo por ejemplo-- tiene más habitantes que una buena parte de las repúblicas latinoamericanas y un presupuesto superior al de la mayoría de los países de la región, lo que les otorga fuerte influencia política.

El PT (Partido de los Trabajadores) del cual Lula da Silva es presidente de honor, es el mayor partido de la izquierda latinoamericana. Es uno de los cuatro grandes partidos brasileños, en el que internamente conviven a su vez cinco grandes estructuras organizadas en las llamadas “corrientes”, que son verdaderas organizaciones (con nombre y todo) diferenciadas una de otra por sus posiciones políticas. Esta característica (que aparece en casi todos los partidos políticos, pero sin que esta división llegue al grado que existe dentro del PT) lo hace proclive a no actuar externamente de manera coordinada, por existir posiciones bastante diferentes.

Lula da Silva pertenece a la “corriente mayoritaria” por lo que cuando se celebra un congreso interno, puede imponer sus puntos de vista globalmente. Ya algunas “corrientes” internas del PT han salido del partido, creando una nueva agrupación política, cosa que ocurrió al inicio del primer mandato de Lula da Silva en la presidencia del Brasil, cuando una de las “corrientes” salió del PT para formar un nuevo partido, más a la izquierda que el PT en el espectro político.

El PT en realidad no es el mayor partido político brasileño. Este galardón cabe a un partido de centro, creado durante la dictadura militar brasileña para hacer oposición a los gobernantes militares, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Existe también en Brasil un gran partido de centroizquierda, el Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB) y el partido de la derecha carioca, el Partido Demócrata (DEM), antiguo Partido del Frente Liberal (PFL).

En las elecciones municipales salió muy fortalecido el partido de centro, PMDB, que contradictoriamente carece de figuras nacionales capaces de discutir la presidencia de la república, convirtiéndolo en el fiel de la balanza para las futuras elecciones presidenciales, en función de que Lula da Silva no puede disputar un tercer mandato sin cambiar la Constitución.

 

El PT, a pesar de haber obtenido más prefecturas que en las elecciones anteriores, perdió las elecciones en su reducto principal de origen, San Pablo, además de perder en otras dos grandes capitales emblemáticas, Porto Alegre (donde siempre el PT organizó su conocido “Foro Social Mundial” o “Foro de Porto Alegre”) y en Salvador, capital del estado de la Bahía. De manera que, si bien pudiera decirse que el PT no salió derrotado de las elecciones municipales, se considera que salió muy debilitado para la futura contienda electoral presidencial.

En efecto, el PT no tiene personalidades de calibre nacional para presentar como candidato a la sucesión de Lula da Silva. Una de las posibles candidatas a suceder a Lula fue derrotada en las elecciones para la prefectura de San Pablo de manera apabullante. Por otro lado, Lula da Silva ha confiado en privado su intención de lanzar candidata presidencial a su ministra más cercana, Dilma Russef, una funcionaria eficiente y trabajadora, pero que nunca ha disputado cargos electivos y en apariencias carece del carisma necesario; esta intención de Lula, ya provoca dentro de las diferentes ”corrientes” del PT, las consabidas desavenencias internas.

El potencial candidato a suceder a Lula surgido como resultado de las elecciones municipales de este año es José Sierra, ex-candidato presidencial derrotado por Lula da Silva en 2002; actual gobernador del Estado de San Pablo y artífice de la victoria del prefecto recién electo en la capital del estado. Sierra milita en el PSDB, y ya estructura una gran alianza contra el PT, que aspira a unir en coalición a los otros dos grande partidos brasileños, el PMDB y el DEM.

Un ex-ministro de Lula da Silva --y ex-presidente del PT en la época que Lula resultó electo presidente del Brasil-- José Dirceu, hubiera ahora tenido oportunidad de disputar la presidencia, a no ser por un sonado escándalo de corrupción en que estuvo envuelto años atrás y que le ocasionó la sanción de pérdida de derechos civiles por parte del Parlamento. Otra personalidad del PT y ex-ministro de economía, Antonio Palocci, también tenía estatura y posibilidades de disputar la presidencia por el PT en 2010, pero también fue sancionado en un obscuro escándalo en el que se vio obligado a abandonar su cargo de ministro. Eliminados Dirceu, Palocci y la ex-ministra derrotada en San Pablo, Marta Suplicy, no hay otras figuras nacionales de relieve dentro del PT para disputar la elección presidencial, fuera de la mencionada Russef.

En Brasil se ha hablado de la posibilidad de dar un tercer mandato a Lula da Silva, tal y como se promueve en Colombia, Ecuador y Bolivia, y ya se ha hecho en Venezuela. Sin embargo, el actual presidente de Brasil se ha pronunciado varias veces --y muy enfáticamente-- contrario a la institución de la re-elección, como siendo “contrario al espíritu democrático”. Por otro lado, el empeño de Lula da Silva de llevar una candidata inexpresiva de su propio partido a la contienda electoral presidencial, apunta probablemente a la discontinuidad del PT en la presidencia de Brasil después de Lula da Silva, porque ya existen candidatos mucho más fuertes que Russef.

Las elecciones presidenciales brasileñas serán disputadas en el 2010. El panorama que surge de las actuales elecciones municipales es adverso a las pretensiones del PT para suceder a Lula da Silva por lo que, de no haber cambios en las reglas del número de mandatos en la presidencia del país, muy probablemente será un social-demócrata el sucesor de Lula. Tampoco caben dudas en que, si se autorizara un tercer mandato para el actual ocupante del Palacio de Planalto, Lula da Silva será ampliamente electo en 2010 como presidente de Brasil.

Esta debilidad relativa del PT surgida del proceso electoral municipal brasileño, se suma a la victoria de la derecha en las elecciones municipales en Chile, otro país sudamericano en el que, como en Brasil, gobierna actualmente un partido de la izquierda democrática no chavista. De alguna manera, estos resultados municipales en Chile y Brasil, si bien no ocasionarán cambios inmediatos en el espectro político continental --e inclusive tampoco en el nivel nacional-- auguran un futuro desplazamiento de la política sudamericana hacia el espectro político de centro, lejos de las pretensiones chavisto-fidelista de continuar expandiendo su “revolución” por la vía electoral, porque ni en Chile ni en Brasil, Chávez tiene candidatos para apoyar.


 


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