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Appeasement de Betancourt y Lebensraum de Hitler
19-10-2008, Colmenares, Martha

Cubamatinal/ Resulta que antes de Winston Churchill, el Primer Ministro de Inglaterra era un tipo muy fino y sofisticado, pero bobolongo, Neville Chamberlain. El fue el gran culpable que la Segunda Guerra Mundial hundiera hasta más nunca a Inglaterra y el imperio, porque la verdadera guerra hubiera sido la de Hitler versus Stalin.

¿Qué es apaciguar? Es cuando en vez de no transigir se cede con la esperanza de que el otro se quede tranquilo. El problema de ceder, es que se puede interpretar como debilidad; y en vez de apaciguar, lo que hace es exacerbar las ambiciones del abusador: los terroristas, tiranos, comunistas, fascistas, fundamentalistas.

Hay un buen ejemplo de las nefastas consecuencias que tiene la estrategia del apaciguamiento, el “appeasement”, como se le llama en inglés, que es la experiencia de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. Como lo he escrito otras veces, pareciera entonces que no se ha digerido que cuando se pacta con el demonio, siempre se podría ser la próxima víctima: personas secuestradas, asesinadas o países sometidos.

Por ello me resulta inaceptable así como tamaño “understatement”, de bobería absoluta con su alta dosis de perversidad, aquellos que se prestan para aplaudir los desatinos como por ejemplo, los "Hay que negociar, hay que negociar, hay que negociar", de la ex secuestrada Ingrid Betancourt (con todo el respeto que se merece por sus años de cautiverio) que viene siendo recurrente en su discurso cuando se presenta en los escenarios internacionales. No parecieran sus palabras, este “appeasement” de Betancourt no fue precisamente lo que le procuró la libertad.

El mismo desvarío de “analistas”, que se están dando a la tarea en relación al tratamiento de Irán, Rusia, de pretender descalificar la crítica que le valió (merecidamente) a la figura de Neville Chamberlain por su pacto con Adolf Hitler, que de nuevo saco a relucir porque no puede perderse de vista, a ver si deja algo.

Resulta que antes de Winston Churchill, el Primer Ministro de Inglaterra era un tipo muy fino y sofisticado, pero bobolongo, Neville Chamberlain. El fue el gran culpable que la Segunda Guerra Mundial hundiera hasta más nunca a Inglaterra y el imperio, porque la verdadera guerra hubiera sido la de Hitler versus Stalin.

Hitler, por si no lo sabían, era anglófilo (“que siente admiración y simpatía hacia los ingleses o por lo inglés””). El era de la opinión de que los Anglo Sajones eran los primos hermanos de los Arios alemanes, que la verdadera pelea era contra el comunismo Eslavo, contra una raza netamente inferior, la Eslava.

Pero como Chamberlain era tan blandengue, en vez de poner la raya en la anexión de Austria, el “Anschluss” (la unión), precipitada por Hitler, lo que hizo fue enviar una intrascendente protesta diplomática, lo que le permite a Hitler que se cogiera la parte étnicamente Alemana de Checoeslovaquia (Sudetenland), conformada además por eslovacos, checos y húngaros; y entonces vino la conferencia de Münich, en donde Inglaterra, ahora “indignada” le exigía a Hitler que ya no más anexiones; y Hitler berrinchaba “Lebensraum” (espacio vital para la expansión de la raza Aria), palabra que utilizaba para explicar que el Tercer Reich tenía que expandirse.

Pero como Chamberlain no tuvo guáramo, el decía que no había que desafiar a Hitler por un estado “insignificante”, para tratar de tranquilizarlo, lo complació cediendo Sudetenland a Alemania. A nombre de la paz y traicionando al estado Checoeslovaco, con esto le terminó dando lo que Hitler quería.

Regresa a Londres con el papel firmado por Hitler y bajándose del avión, muy ufanado, se lo muestra al público: “Hemos conseguido la paz con honor” (En mi blog se puede ver en video la crónica de esta llegada)*. Pero Hitler (correctamente) entendió la actitud de Chamberlain como debilidad. A la postre, el tratado, “The Münich Agreement and Appeasement”, en vez de frenar a Hitler, lo alentó a cogerse toda Checoslovaquia, cosa que pronto hizo.

Es suficientemente malo postergar una pelea que se tiene que dar de todas maneras cuando tu enemigo se está fortaleciendo más rápido que tú, pero en este caso fue mucho peor. Porque cambió las reglas de juego. Era a la Unión Soviética de Joseph Stalin a quien le correspondía naturalmente defender una posible invasión de Polonia, porque si no lo hacía, teniendo intereses en Polonia, era “cuchillo para su propio pescuezo”; pero como Inglaterra fue blandengue, a la postre de nuevo vuelve a trazar la raya, y esta vez en Polonia; y Hitler invade Polonia, y es Inglaterra, y no Stalin quien tiene que salir en su defensa.

Entonces viene Stalin, y en vez de decantarse por el lado de los ingleses, se reparte en el tratado “von Ribbentrop-Molotov” Polonia, y hasta surte de petróleo a la maquinaria de guerra Nazi. Un pacto que había sorprendido al mundo por la unión del nazismo con el comunismo.

Las consecuencias son evidentes: La obsesión de apaciguar, lo que condujo fue a que Inglaterra tuvo que soportar el grueso de la guerra contra Hitler desde el principio. Para cuando la guerra termina, ya no había Imperio Británico, se había consumido en 6 años de guerra total.

Puede llevar al infierno la insistencia en lo imposible: la de apaciguar a Satanás.

*Martha Colmenares es venezolana, directora del Grupo 11 “Queremos saber”, por la justicia de los crímenes y presos por razones políticas desde 1999 y contra el terrorismo. Asesora de imagen, con amplia experiencia en relaciones presidenciales y de relaciones públicas. Escritora y analista. Desde su libro “La Otra Piel. Síndrome del Diálogo”, intentó descorrer el plano convencional de lo nunca comentado, que llegara a comprender el plano interior verdadero. Una experiencia que se traslada a su actual sitio en Internet, una nueva faceta, donde los hechos conmueven o cautivan. Ahora se define ¡Bloggera!/ Publicado en Diario de América.
colmenares@diariodeamerica.com
http://www.marthacolmenares.com


 


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