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Algunas consideraciones sobre la crisis boliviana
29-09-2008, Jorge Hernández Fonseca

Cubamatinal/ La crisis que se arrastra en Bolivia casi desde que asumió el poder Evo Morales, es consecuencia directa del intento de imponer en el país sudamericano un modelo socializante de base marxista leninista, con vistas a extrapolar para el país andino el llamado “modelo cubano”, denominado eufemísticamente por Hugo Chávez como “Socialismo del Siglo XXI”.

Es importante destacar que detrás de ese nuevo nombre, está la conocida ‘revolución comunista’. La novedad consiste ahora en que trae aparejado un modo diferente de imponer la ‘dictadura del proletariado’. En todos los casos, esta nueva modalidad inicia el proceso con la elección democrática de un personero comprometido y financiado por Hugo Chávez --el iniciador de este mecanismo y que por la ventura de los tiempos detenta una extraordinaria riqueza petrolera-- después de lo cual se pasa a modificar a fondo la Constitución del país (supuestamente para dar mayor justicia social) en la que se imponen los principios totalitarios.

Lo que visto desde el exterior no es más que un proceso para dar más participación a las ‘masas excluidas’ dentro de un sistema democrático, en realidad es un asalto al poder político de los países donde se implanta, imponiendo la filosofía marxista leninista por “vía pacífica”.

El caso de Bolivia ha sido así. Evo Morales creó un Movimiento político compuesto en lo fundamental por una masa de campesinos analfabetos (indo-americanos) que durante toda la vida republicana se cansó de hacer oposición violenta (no armada) y se asoció con lo peor de la sociedad boliviana (ex-guerrilleros marxistas) para establecer “su” alianza nefasta y totalitaria.

Siguiendo el guión chavista, Evo Morales --ya en el poder-- convocó una Asamblea Constituyente en la cual no consiguió la mayoría necesaria para imponer su Constitución discriminatoria, viéndose en la necesidad de romper la legalidad democrática para hacer aprobarla de manera impuesta, dentro de un cuartel, sin la presencia de los opositores constituyentes, en medio de un fuerte repudio popular y de choques callejeros con la policía "evista" que arrojó varios muertos y lógicamente, sin los votos opositores que la validarían. No obstante eso, Evo Morales la presenta como siendo una Constitución ‘legalmente aprobada’.

Este fue el momento preciso que la oposición política boliviana --inconstitucionalmente excluida de sus derechos políticos-- dejó que sucediera sin apelar a las organizaciones internacionales a las que tenía derecho (como la OEA o la ONU, por ejemplo), dejando de mostrar ante el mundo la arbitrariedad que ahora Morales presenta como algo constitucionalmente legalizado.

Como que en el país sudamericano existen poderes que todavía Morales no ha podido someter, la oposición política presente en el Parlamento --y sobre todo en las provincias del país-- comenzó un movimiento de reacción al asalto evista, decidiendo una estrategia que ahora se muestra errática y poco clara ante el resto de Latinoamérica: la independencia departamental.

Claro que las provincias bolivianas tienen derecho un grado creciente de independencia, pero el intento de separase del poder político central dividiendo el país, ha sido el fantasma que Evo Morales ha esgrimido contra sus enemigos políticos, lo que al mismo tiempo ha impedido al ejército boliviano apoyar los intentos opositores de hacer valer la legalidad violada por Morales.

El error estratégico de la oposición boliviana ha sido elegir una bandera equivocada para luchar contra la dictadura marxista que Morales quiere imponer en Bolivia. No importa que los prefectos juren que no quieren dividir a Bolivia, sus reclamos secesionistas son presentados fácilmente por la propaganda evista como tendientes a esa dirección, en un continente donde el separatismo es fuertemente condenado y en un mundo que acaba de presenciar una guerra en Georgia precisamente por esa causa, casi espejándose en lo sucedido en Kosovo y Serbia.

No queremos desde estas líneas criticar a quienes defienden la democracia verdadera en Bolivia. Sabemos que la ideología de los prefectos opositores es democrática y que sus reclamos son justos. Sin embargo, toda línea política que se parezca al separatismo está condenada al fracaso en Bolivia, por dos razones básicas: primero, porque no habrá ejército nacional (contra el cual Evo Morales y Hugo Chávez también conspiran, como se sabe, por lo que sería teóricamente aliado de la oposición boliviana) que apoye algo que pudiera en el futuro implicar la división territorial del país; y en segundo lugar, porque los aliados de la izquierda radical de Evo Morales en Sudamérica están suficientemente organizados como para presentar el conflicto como un intento separatista oculto, y apoyar “el gobierno democráticamente electo de Evo Morales, contra una conspiración de la derecha boliviana de ‘kosovizar’ el país”.

Como era de esperar, Chávez llevó el conflicto a un escenario que le era favorable, UNASUR. A pesar de los llamados a la cordura de Lula da Silva para eliminar del conflicto boliviano las referencias despectivas a EUA y la interferencia externa -- a esas horas Hugo Chávez había amenazando con intervenir militarmente en Bolivia-- toda Sudamérica votó en pleno contra la oposición boliviana, cuya bandera oposicionista siquiera apareció, porque el peligro al que se temía era “al separatismo”, en un escenario cuidadosamente preparado por Chávez y Morales y al cual la propia oposición boliviana colaboró con sus reclamos de mayor autonomía.

 

Otros factores menores enturbiaron también la línea opositora, como la amenaza (parcialmente cumplida) de cortar el gas boliviano a Brasil, además de exigir un aumento del precio que Brasil paga a Bolivia por el gas, con lo cual empujaron al terreno de Morales al gobierno brasileño, junto con la opinión pública de ese influyente país sudamericano, aliado natural de Bolivia.

El precio del gas puede revisarse. Lo que no puede la oposición política boliviana es ganarse la animadversión del gobierno y la opinión pública brasileña (como se la ganaron) en medio de una lucha que tiene poco que ver con ese reclamo y en la que Brasil puede influir fuertemente.

Algo similar sucedió con Argentina y el gas boliviano. Aunque el gobierno argentino siempre ha estado más ceca de Evo Morales que el gobierno brasileño, la oposición boliviana perdió también la opinión pública gaucha con esa estrategia de cortar el gas argentino, sin acrecentar en ese lance absolutamente nada al terreno de su lucha por una Bolivia democrática.

En las circunstancias actuales, ya se ha perdido el rumbo de la razón implícita en los reclamos de la oposición y nada se habla, ni de la aprobación ilegal de la Constitución evista, ni de los asesinados en las protestas. Si bien el conflicto se inicia con la arbitrariedad de Morales haciendo aprobar una Constitución fuera de del proceso legal, el conflicto ahora aparece como una oposición contraria a la aprobación de una constitución legal. Mientras la oposición política a Morales no sepa aprovechar los puntos fuertes de sus reclamos y se presente como abanderados de la posible división territorial del país, el mundo no entenderá sus demandas.

Adicionalmente, y como elemento de provocación, Morales había suspendido el pago de los impuestos a la extracción de gas a las provincias rebeldes --más como un elemento a su favor-- en una futura mesa de negociaciones (que ahora viene a tono) que como una necesidad de su plan colectivista. Es claro que ahora Morales prometerá devolver el impuesto (o parte de él) para que se apruebe su ilegal Constitución, objetivo verdadero detrás de su estrategia.

Volver al punto de la legalidad constitucional y los muertos por la represión, es la única forma de evitar el desastre comunista en Bolivia, porque Morales cuenta con el apoyo financiero y militar de Chávez y toda la logística política y estratégica de Fidel Castro y su aparato asesor.


 


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