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Los nuevos esclavos cubanos
27-10-2006, Tania Díaz Castro

Este año se cumple el 120 aniversario de la abolición de la esclavitud negra en Cuba. Celebrar esta fecha sería una equivocación. Hoy los cubanos de a pie, sobre todo los más inconformes, escriben páginas dolorosas para la Historia, a pesar del discurso oficial.

Estamos pues ante los nuevos esclavos de una Cuba con más de un siglo de atraso tecnológico, un exilio de más de dos millones de habitantes en sólo 47 años, y miles de fusilados y muertos en el Estrecho de la Florida.
Sin embargo, culminó otro congreso de los trabajadores cubanos y los médicos, también esclavos del régimen, continúan haciendo las labores de siete, porque seis cumplen misiones en el extranjero, enviados a través de convenios entre los respectivos gobiernos. Un gran número de maestros renuncian para dedicarse a labores particulares, a pesar de carecer de licencia estatal y la totalidad de la clase trabajadora no recibe ni siquiera un dólar diario para adquirir bienes de consumo en las únicas tiendas del país donde se venden productos de primera necesidad, pero no en la moneda que los asalariados reciben.

Comparar por ejemplo la dieta alimenticia de los esclavos de la colonia, con la de los esclavos de hoy, es asombroso. Mientras que aquellos, según el sabio Fernando Ortiz, recibían cada uno una libra de carne de caballo diaria, una libra de harina de maíz, boniato; todo cocinado con manteca de cerdo, y bacalao de cena, los esclavos de hoy sólo pueden comprar por mes una libra de pollo por persona a través de la libreta de racionamiento.

La prensa oficialista nada comenta sobre el particular. Mucho menos hace referencia a esa resistencia de los trabajadores activa-pasiva, única vía para enfrentarse a los mecanismos de represión y control a que están todos sometidos contra su voluntad, a un salario miserable y un bochornoso apartheid, una forma de oposición velada a lo establecido por el gobierno.

En ocasiones, algo se trasluce en la prensa que controla el régimen socialista. Por ejemplo, cuando el periódico Juventud Rebelde hace saber que la sección fija Acuse de recibo, a cargo del colega José Alejandro Rodríguez, "está a punto de reventar de tanta correspondencia", la que refleja las quejas y los disgustos de la población sobre problemas que ocasiona el inoperante modelo económico del país.

Se trata, sin duda, de formas de resistencia generadas gracias a esa pequeñita ventana de la prensa oficialista por donde se puede protestar y exigir, pero que en realidad nada resuelve. Siguen lloviendo las cartas de protesta en el buró del colega, mientras las dificultades van en aumento.

La capacidad de resistencia del cubano trabajador, puede sorprender a cualquiera. Sin embargo, no es tan pasiva desde el momento que simula obediencia, mientras hace el mínimo de lo requerido. Como el esclavo de la colonia, los siervos rebeldes de hoy, sobre todo esos que llevan en el alma un cimarrón, en ocasiones dormido, en otras despierto, trabajan mal y con desgano y si ejercen la violencia, lo hacen contra su tiempo de labor y a través de duras expresiones contra el sistema que los mantiene sin prosperidad alguna. Lamentablemente también a través del robo al Estado, otra manera de resistencia física enmascarada.

Una muestra de resistencia popular es el número de cubanos que producen bienes materiales y los venden por cuenta propia y a escondidas en todo el país, sin miedo a los decomisos, multas y en ocasiones, cárcel. De esta forma la población cubana está reclamando una economía libre donde todos puedan participar como un derecho natural de la existencia humana. Se trata de una reacción contra el marco legal, algo digno de tener en cuenta para comprender el espíritu insumiso de estos esclavos cubanos de hoy.

Seguramente inspirados en el movimiento de derechos humanos que existe en Cuba desde finales de 1987, y cuyo guía principal es el líder indio Mahatma Gandhi, en la calle se habla de derechos como nunca antes. Gracias a los miles de miembros de este movimiento, muchos de ellos en el destierro, otros en prisión, se ha podido ganar espacios poco a poco a lo largo de 19 años de lucha por una sociedad libre y democrática.

Estoy de acuerdo con quienes afirman que la idea del cimarronaje nunca ha dejado de ser expresión esencial de nuestra identidad. Prueba de ello son los cien mil cubanos que, en vez de recibir azotes, grillos y cepo, han sido castigados por el amo a excesivas condenas a prisión, una gran mayoría por querer vivir al margen del patrón Estado y más de 25 mil agrupados en organizaciones de derechos humanos y partidos políticos que el régimen se niega a legalizar por temor a perder su poder absoluto.


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