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Mi esposa teme a los ciclones
10-09-2008, Wilfredo Vallín Almeyda

Cubamatinal/ Es sábado 30 de agosto de 2008. “Gustav”, este visitante no invitado, está por llegar a nuestra casa y, como mucha otra gente, nos preparamos para el recibimiento: entramos las matas del balcón, aseguramos las puertas. etc. Mi esposa me dice que busque algo que está en el cuarto de estudios. Entro en él, pero algo capta rápidamente mi atención. Es un documento que yace sobre mi escritorio. Lo miro y, casi sin darme cuenta de que entré aquí para otra cosa, me siento y leo su título: “Cuba necesita un socialismo participativo…”.

Leo y leo. Sin lugar a dudas resulta un documento interesante. Su autor, esto dicho en apretada síntesis, analiza la actual situación cubana que califica de “crisis económica, política y social” y adelanta que “el gobierno del compañero Raúl abrió un capítulo de esperanzas que no podemos perder”, y luego propone toda una serie de cambios “que necesita la república martiana y la armonía en el funcionamiento de la sociedad”, para “transitar del socialismo de Estado al socialismo participativo y democrático”.
Al final del trabajo, su autor da licencia: “se aceptan opiniones, críticas y sugerencias”. Siendo así, me acojo al derecho de opinión que tan gentilmente me da el autor.

Tengo, no obstante un “pequeño” problema: en los trabajos periodísticos es casi sacrilegio ser extenso. Me veo así obligado a ser conciso, aunque este no sea mi deseo, pero, para no disgustar a mi editor, me limitaré a señalar los puntos positivos y objetables que veo en este trabajo. Cojo la pluma y escribo:

ASPECTOS POSITIVOS

1) El trabajo es bueno, muy bueno…sobre todo si lo que plantea…hubiera sido aplicado a partir de abril de 1961. De haber sido así, otro gallo cantaría ahora, y en vez de la debacle en que estamos inmersos (recuerdo que el delito de opinión no existe en el Código Penal cubano), la situación sería completamente otra.

2) De aplicarse ese trabajo a partir de ahora, la situación cambiaría también para mejor y, aunque existen aspectos y detalles debatibles, algo, o quizás mucho, podría hacerse a favor del tan vapuleado pueblo cubano.
3) Reconoce abiertamente que “mayoritariamente, los cubanos están frustrados, enajenados y desesperanzados” y que las nuevas generaciones “no sienten el mismo compromiso” con este “socialismo pobre y sin perspectivas”.

4) Pone en blanco y negro que se “está conformando una rara especie de “situación revolucionaria”, que podría desatarse imprevistamente y cuya evolución podría capitalizar el enemigo”.

5) Valientemente plantea que, de mantenerse la actual situación, “aumentará la lucha por controlar el plus trabajo entre el pueblo trabajador y el Estado burocrático todo poseedor y decidor que se lo apropia para usarlo a su bien entender y limita su control real por los auténticos dueños…”.

6) Propone 13 medidas concretas que, a su juicio, constituyen la forma de detener la marcha que, también a su juicio, conduce inexorablemente al “peligro de una plena restauración capitalista que para Cuba sería la anexión, la absorción de su cultura y un desastre incalculable para la nación…”.

Y, reitero, es una verdadera pena lo del poco espacio de que dispongo por las muchas otras cosas que pudieran señalársele como positivas a este trabajo. Pasemos entonces pues, a las objeciones.

OBJECIONES

1) Es evidente que para el autor de “Cuba necesita…”… la única opción posible para el pueblo cubano es la opción socialista, ahora participativa y democrática. No se por qué asociación de ideas estos conceptos me traen a la memoria la controversial figura de, para algunos, un grandísimo sinvergüenza, traidor a su país, y el responsable de la aniquilación del socialismo en, prácticamente, todo el mundo y, para otros, un gran demócrata y estadista, que la humanidad recordará por siempre como uno de los hombres más grandes del siglo XX precisamente por pretender dar a su pueblo lo que ahora el trabajo de marras pretende para Cuba: dar al socialismo un rostro humano. Por supuesto que se trata de Mijail Gorbachev, Premio Nóbel de la paz.

El paso de este hombre por el gobierno de la extinta URSS puso de manifiesto que los soviéticos, en una historia para nosotros totalmente sorprendente y que la mayoría de los cubanos aún desconocen en sus detalles, aceptaron, a pesar de sus decenas de millones de militantes del partido, la desintegración y la declaración del carácter ilegal de éste, salieron a las calles masivamente y se pararon, a riesgos de sus vidas, ante las columnas de tanques que salieron a restablecer el derrocado régimen comunista, que desgajaron una tras otra las antiguas repúblicas soviéticas que no quisieron seguir bajo la férula de la hoz y el martillo y emprendieron otra vía de desarrollo.

2) “Para salvar al pueblo, (a) la patria… urge un nuevo programa socialista…”.No cuestionaré la cuota de razón que puede tener el autor de “Cuba necesita…” para afirmar tal cosa. Sólo recordaré que esa misma Constitución a la que a veces hace referencia, dice en su artículo 3:
“En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo del cual dimana todo el poder del Estado. Ese poder es ejercido directamente…”

Creo que, antes de aplicar un programa “para salvar al pueblo” es menester preguntarle si quiere “ser salvado” de esa manera. Concretando, si el pueblo de Cuba, en plebiscito nacional con control internacional (preferentemente de la ONU) dice “si” a mantenerse bajo la opción socialista, en cualquiera de sus variantes, entonces, bienvenida sea la “Propuesta programática” de marras y discutamos sus detalles entre todos los cubanos. El Mesías , que sepamos, vino hace 2008 años y algunos lo cuestionan como hecho: interroguemos primero a los interesados, a todos los nacidos en esta tierra, estén donde estén, para saber lo que ellos quieren para sí y no por la proposición salvadora de alguien, por muy bien intencionado que esté. Hay muchas experiencias históricas tristes con relación a esto.

Solamente así se cumpliría la máxima jurídica que reza: “El poder político solo es legítimo cuanto tiene como titular la voluntad de la nación”.

3) El hecho de que muchas de esas mismas medidas, que el autor reconoce, fueron hechas por ellos mismos y por el pueblo en los distintos momentos en que se entreabrió esa puerta permitiendo algunas manifestaciones, no hayan sido aceptadas a través de estos cincuenta años, ¿a qué obedece?, ¿a la intención de los conductores de crear en realidad el hombre nuevo “perfecto”, hecho a imagen y semejanza?, ¿al temor, porque como quedó reflejado en Europa, la más ligera apertura en el socialismo da al traste con este?,¿al plus trabajo, del que, como dice el autor de “Cuba necesita…”, el Estado…se apropia para usarlo a su entender?,¿ cual es la verdadera razón?,¿o son varias?.

4) Los asombrosos crecimientos y el desarrollo económico de otros países bajo otros sistemas, por ejemplo, Corea del Sur, Islandia, Costa Rica, Chile, Suecia, Suiza, Finlandia,.etc.,etc.,no parecen existir en este mundo para ese autor. No obstante, el problema económico es tema para otro análisis más técnico y especializado.

5) Con relación a lo que este autor dice de que “se está conformando una rara especie de situación revolucionaria que pudiera desatarse imprevisiblemente…”,

Perdón, mi esposa acaba de entrar al cuarto y se ha molestado al verme escribiendo estas líneas

- ¿Pero tu no estabas buscando el teipe para asegurar las ventanas…?
Debo terminar: mi esposa, como mucha gente en Cuba, teme a los ciclones.

* Publicado por SDP/ primaveradigital@gmail.com


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