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Cuba y su Realidad Social 27-03-2017

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10-09-2008, Jorge Olivera Castillo

Cubamatinal/ Los jefes mueven la batuta, señal de que la función comienza a la hora en punto. Apenas hay variaciones. Todo está bajo control, sin grandes diferencias en las tesituras.

El coro se explaya intentando usurpar los márgenes de la autenticidad, pero es la vieja cantinela lo que envuelve el ambiente.

Fueron los obreros de la principal empresa siderúrgica del país quienes debutaron en la escena. Allí en la titulada “Antillana de Acero” tuvo lugar la primera asamblea de consulta popular sobre el Anteproyecto de Ley de Seguridad Social.

El proletariado entonó bien, hizo su papel con la disposición de siempre. Cerca de 250 trabajadores de la entidad analizaron previamente la propuesta legislativa que busca elevar las edades para la jubilación.

Hubo, de acuerdo a los reportes de la prensa oficialista, comprensión y coincidencia en los planteamientos efectuados en el cónclave. Los protagonistas de las opiniones críticas supieron enmendar la imprudencia con argumentos de una clara adhesión política e ideológica afín al partido de gobierno.

Las autoridades de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), exhortan a una discusión amplia y democrática del asunto, se presentan como los garantes de un proyecto que, de hecho, ya está aprobado. Sólo es cuestión de formalismo, rituales de ocasión, simulacros que sirven para endulzar el trago amargo de otra medida anti popular.

A partir del 2009 la clase trabajadora deberá asumir las nuevas regulaciones: el retiro para los hombres elevado a la edad de 65 años en vez de los actuales 60 y en cuanto a las mujeres de los 55 a los 60 años. En diciembre será la votación. Adelanto, sin margen de error, la unanimidad. No es jactancia, ni delirios de profeta, simplemente me limito a repasar la letra y el espíritu del guión. El partido sólo le saca copias. Nada de innovaciones de envergadura, sólo retoques mínimos si acaso. Ese es el esquema para ofrecer lecciones universales de obediencia natural. Todos los cubanos unidos en torno a la revolución socialista, a pesar de sus desvaríos y dislates.

Los afectados no van a protestar aunque por dentro sean un hervidero de insatisfacciones como consecuencia de la inminente reglamentación laboral. “Qué voy a hacer, si me pongo en contra de eso posiblemente me quede hasta sin la jubilación, tú sabes como es la cosa aquí”. En esas coordenadas se mueve el criterio de Andrés en relación a la medida que se “discute” en los centros de trabajo. Él rechaza lo que considera un decreto disfrazado con las normas de una legislación en vías de aprobarse.

Pensaba jubilarse próximamente, sin embargo no le quedará otro remedio que esperar un lustro. A cinco meses de su cumpleaños 60, la Ley -en ciernes- le cae como un balde de agua fría. “Todo lo que hacen es para exprimirte. Ahora tendré que seguir aguantando ahí hasta los 65, si es que llego con vida. A este ritmo lo dudo. Esto va de mal a peor”. Así resumió mi interlocutor su ira contenida por el temor a las represalias que pudieran acontecer si decidiera darle curso -de manera pública- a sus disgustos.

Conoce a la perfección que en Cuba cada vez más se acortan las distancias entre la presunta vía socialista adoptada hace medio siglo y el capitalismo salvaje. Aquí la instauración del sálvese quien pueda llega -o mejor dicho se profundiza- con la adopción de estrategias que insisten en reparar algo inservible en vez de cambiarlo. Seguir esquivando las demandas históricas de una reforma estructural y subsanar los efectos de la crisis interna con mayores exigencias a una población en los límites de la espera, es un acto que invita a una lectura catastrófica del futuro mediato.

Eso lo saben Salvador Valdés Mesa, miembro del Buró Político del Partido Comunista y secretario general de la CTC, y Alfredo Morales Cartaya, el flamante ministro de Trabajo y Seguridad Social. Ambos encabezaron la eufemísticamente llamada “asamblea de consulta popular” en la Antillana de Acero.

Sobre las personas a punto de ingresar a la tercera edad está la solución. Quizás, para muchos, sea el preámbulo de su muerte. La soga siempre se quiebra por la parte más débil.


 


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