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El Huracán de cincuenta años
09-09-2008, Alfredo Cepero

Cubamatinal/ Las fotos que nos han llegado de Cuba durante los últimos cincuenta años han mostrado con frecuencia escenas de devastación y miseria. A tal punto, que muchos pueden haberse acostumbrado a ese estado deplorable de cosas. Pero las que han llegado en los últimos días mostrando los daños producidos por la furia destructiva de Gustav y de Ike son de una intensidad aterradora y conmueven al corazón mas endurecido.

Y no es como si los cubanos del sur de la Florida ignorásemos la fuerza devastadora de los huracanes. Andrew se encargó de darnos una lección inolvidable. Pero entre los cubanos de la isla y los cubanos del exilio existe una distancia abismal a la hora de evaluar el impacto de los huracanes. La mayoría de nosotros pudimos recuperar lo perdido y reconstruir nuestras vidas en cuestión de meses. Nuestros hermanos de la isla no sólo han perdido sus escuálidas viviendas y sus magras pertenencias sino han perdido toda esperanza de reconstruir sus vidas en cualquier futuro inmediato, por muy miserables que estas fueran.

Por eso entendemos el torrente avasallador de proposiciones de nuestro exilio para encontrar soluciones a esta tragedia colectiva que nos impacta y compete a todos nosotros a ambos lados del Estrecho de la Florida y en todos los lugares del mundo donde viva un cubano con vergüenza. Debemos, sin embargo, tener mucho cuidado con la improvisación, con la premura y con la vehemencia.

En días recientes hemos escuchado voces en el exilio exigiendo a Washington una suspensión “temporal” del embargo contra el régimen comunista. Las mismas voces han pedido a la tiranía de Cuba que permita la distribución de la ayuda a través de organizaciones no-gubernamentales. La respuesta de ambos gobiernos ha sido la acostumbrada. Ni Washington levanta el embargo ni la Habana acepta ayuda que no sea distribuida por los mismos facinerosos que se han robado ayudas en huracanes anteriores.

Y eso lo saben muchos dirigentes y activistas políticos de nuestro exilio que llevan años tropezando con la misma piedra y ponen su protagonismo por encima de los intereses del pueblo de Cuba proponiendo soluciones que ellos saben que son inoperantes. Si lo ignoran deberían informarse mejor y dejar de conducir a nuestro pueblo por los caminos equivocados que condujeron a este huracán de cincuenta años.

Sin embargo, el pueblo trabajador, en sus afanes por ganarse la vida y obtener recursos con los cuales ayudar a nuestros hermanos en Cuba, no tiene tiempo para esas sutilezas y laberintos de la política internacional. Por eso es importante que analicemos este asunto con detenimiento y cautela, por muy doloroso y apasionante que el mismo pueda ser.

Resulta interesante, aunque no sorprendente, que el régimen comunista haya exigido el levantamiento del embargo, que ellos llaman “bloqueo”, para aceptar la ayuda de Washington. Con tal de que les levanten el embargo a estos vende-patrias se les olvida el argumento de la soberanía como obstáculo para aceptar ayuda exterior. Después de todo, durante décadas no sólo le rindieron a Moscú la soberanía de Cuba sino le vendieron la sangre de millares de jóvenes cubanos para combatir en guerras imperialistas en todos los rincones del mundo a cambio de petróleo, préstamos preferenciales, regalías y protección frente al enemigo norteamericano. Y recientemente se la han vendido con total desparpajo al energúmeno de Hugo Chávez.

Sacado de la ecuación el beneficio del levantamiento del embargo a los verdugos de nuestro pueblo no les interesa ayuda de ningún tipo. Es más se alegran de que no venga y las razones son obvias. Ellos saben que un pueblo mientras mas miserable, mas sumiso y mas fácil de mantener en cautiverio.

Con ayuda o sin ella, los jerarcas de la nomenclatura continuaran con su vida de opulencia y derroche. Para estos granujas, aceptar la ayuda del exilio o del odiado enemigo norteamericano es una confesión del fracaso de su maldito sistema. Y tampoco pueden permitir que el vituperado Tío Sam sustituya como benefactor del pueblo de Cuba al abuelo miserable y decrépito que ya se ahoga en su propio excremento.

En fin, esta última crisis trae a primer plano un panorama no sólo patético sino alucinante en que un viejo diabólico y demente dice escribir “reflexiones” mientras un pueblo languidece en el infierno creado por él en la Tierra. Ojalá que, por esos designios incomprensibles pero infalibles de Dios, esta crisis se convierta en el principio del fin.

Por otra parte, a quienes proponen un levantamiento “temporal” del embargo les decimos que ellos y nosotros sabemos que, una vez levantado, se convertiría en permanente y sería casi imposible volverlo a implantar. Lo impediría con una fuerza tan poderosa y destructiva como los vientos de Gustav y de Ike una alianza despreciable, mercantilista y cínica de la “quinta columna” castrista en el exilio, la prensa norteamericana que admira tiranos populistas y desprecia la iniciativa privada, los granjeros norteamericanos ligados al régimen comunista por intereses comunes y los operativos de la izquierda radical de un Partido Demócrata empeñado en ganar estas elecciones aun al precio de poner en peligro la seguridad de los Estados Unidos. Tenemos que aplicar la estrategia del General George Patton de no pelear dos veces por el mismo terreno. Ganada a base de muchos esfuerzos no podemos darnos el lujo de perder la batalla del embargo.

Ahora bien, ninguno de estos argumentos nos exonera de la responsabilidad por la suerte de nuestros hermanos en desgracia. Este es el momento de demostrar nuestra compasión y nuestra solidaridad con los mas necesitados. Dejemos a un lado los ejercicios infructuosos, las proposiciones inoperantes y las arengas altisonantes.

Enviemos medicinas y ayuda en efectivo directamente a las manos de nuestros compatriotas en Cuba como lo hemos estado haciendo durante años. Hagamos donaciones a la Cruz Roja, a Caritas Católicas y a los templos de las demás religiones que operan en Cuba. Pero no permitamos que esa ayuda beneficie en forma alguna a los monstruos que han despojado a nuestro pueblo de su libertad, de su dignidad personal, de sus ahorros de toda una vida, del calor del amor familiar, del amor a la patria y hasta de la esperanza de una vida eterna. Cualquier otra conducta no tendría ni utilidad ni sentido. ( Miami, 8 de septiembre de 2008-Día de la Caridad del Cobre.)


 


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