cubamatinal.com| |
Cuba y su Realidad Social 29-04-2017

Portada
Noticias
Deportes
Breves
Video Blog
Cuba-Org.
Politicas
Reportajes
Actividades
Colaboraciones
Buscador
Cartas
Suscribase
   Enviar por Email
Ciclón
04-09-2008, Rafael Avila Perez

Cubamatinal/ Aunque los meteorólogos ya no usen la palabra, para los cubanos cualquier depresión tropical, tormenta o huracán siempre será un ciclón.

Por sus características geográficas, la isla de Cuba y sus islas y cayos adyacentes casi siempre son objeto de la visita indeseable de estos fenómenos naturales durante la temporada ciclónica, entre los meses de junio y noviembre.

En lo que va de temporada, ya dos huracanes Fay y Gustav han asolado el territorio nacional. El primero no hizo tanto daño, aunque dejó a su paso más de 400 viviendas dañadas en el oriente del país, sin embargo el huracán Gustav mostró ser uno de los más catastróficos que han cruzado sobre Cuba.

Durante el fin de semana, sus efectos se sintieron a lo largo de toda la costa sur, penetraciones del mar, lluvias y fuertes rachas de vientos iban marcando su camino, hasta que cruzó sobre la Isla de Pinos y la provincia de Pinar del Río, la más occidental del país, donde llegó con categoría 4 pues sus vientos superaban los 200 kilómetros por hora.

Para una población que todavía no se ha recuperado de los daños ocasionados por anteriores ciclones, los efectos de Gustav son terribles. Todavía hoy las cifras totales de los perjuicios causados no se han podido contabilizar, pero las pocas imágenes mostradas por la televisión nacional muestran un panorama desolador.

Caminos interrumpidos, ríos desbordados, cientos de postes eléctricos y telefónicos en el piso, más de cien torres de alta tensión destruidas, miles de casas sin techos, destruidas parcialmente o simplemente desaparecidas es parte del saldo de esta tragedia. Súmele a esto que en cada vivienda dañada o demolida, las pertenencias de sus habitantes han sido totalmente arruinadas.

Pero quizás uno de los efectos adversos que ocasionan estas tormentas y que hasta ahora no ha sido estudiado por los expertos, es la movilización general de la población en busca de garantizar los mínimos recursos para poder no sólo pasar la tormenta sino los días posteriores, que son los peores. En una nación donde más del setenta por ciento de las viviendas presentan deterioro, las redes eléctricas, sistema de agua y alcantarillado tienen varias décadas de explotación, y sobre todo escasea la comida, cada ciclón que se acerca a nuestras costas se vuelve para el cubano un gran dolor de cabeza.

Asegurar los techos, conseguir velas, comprar pan y algún embutido o recurrir a los huevos para poder inventar algo en las cocinas, eso si se logra conseguir carbón o petróleo para improvisar hogueras parece algo surrealista para quien no reside en Cuba. Pero es parte de la triste realidad en la que vivimos millones de cubanos en el “paraíso socialista”.

Es cierto que la Defensa Civil toma medidas para evitar la pérdida de vidas de las personas, pero como me comentaba una anciana en la cola de galletas; de que vale que te lleven para un albergue si cuando regresas lo poco que tienes lo has perdido, te salvan la vida para que la vivas sufriendo por todo lo que perdiste y que ya no tendrás, si no te mueres por el huracán, te mueres del disgusto viendo a todos los funcionarios del gobierno en carro, bien vestidos y calzados y hasta con celular, haciéndose los preocupados por nuestra situación de damnificados, pero ninguno sabe lo que es eso ni se quita de lo suyo para dárnoslo.

Ayer, mientras mostraban un reportaje sobre los efectos de Gustav en Pinar del Río, algunas personas que habían perdido sus viviendas decían estar confiadas en la Revolución para recibir los materiales necesarios para reconstruirlas, vana esperanza, pues quienes sufrieron lo mismo a fines de la década del noventa del siglo pasado por el huracán Lily, todavía siguen esperando.

Además, aunque les entreguen los recursos para paredes y techos, quien les da lo que había anteriormente dentro de la vivienda, pues colchones, ropas, muebles y efectos electrodomésticos no se entregan a los damnificados, por experiencia propia conozco la cantidad de listas en las que figuramos mi familia y yo, víctimas de una inundación, para reponernos lo que perdimos, siempre y cuando las condiciones del “bloqueo imperialista y las existencias materiales de la Revolución” lo permitan, el cuento de las calendas griegas.

Es más importante, regalar hospitales, costear campañas y eventos propagandísticos en el exterior a favor de la “Revolución”, mantener un gigantesco ejército y sobre todo, que la nomenclatura mantenga su alto nivel de vida; en vez de destinar dinero y otros recursos a resolver las imperiosas necesidades de la población cubana y sobre todo la damnificada.

Que la gente no tenga casas o que estén inhabitables, que se alimenten poco o vivan con menos de un dólar diario, el límite de la extrema pobreza según las Naciones Unidas, ¿que importa? Para eso está el bloqueo imperialista como manida justificación, las más de 200 cárceles para los que protesten o el mar para los más desesperados.

No importa el nombre que tengan, cada tormenta que se acerca sólo acrecienta el espíritu de ciclón en que vivimos, a quien no me comprende, le recomiendo que mire las imágenes de Gustav y luego imagine a toda una nación en las mismas condiciones, entonces comprenderá porque los cubanos vivimos bajo un permanente ciclón.

* rafacuban@yahoo.es


 


Editoriales  + 
Opinion  + 
Colaboraciones  + 
Entrevistas  + 
Foros
Hemeroteca
Enlaces

Cuba Matinal - Spain, C. Alcala 99, 28009 Madrid, España. Tel: + 34 639 43 15 89
repliche orologi © Copyright 2006. All Rights Reserved. Contacto: cubamatinal@cubamatinal.com