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Iras presidenciales en el país de los Kirchner
01-09-2008, Carlos Malamud

Cubamatinal/ La capacidad del gobierno argentino de encajar críticas es prácticamente nula, como se ha visto por las reacciones presidenciales, absolutamente desproporcionadas, al contenido de un informe técnico sobre los riesgos y oportunidades existentes en los diversos países del mundo para la inversión española. En dicho documento de trabajo se alertaba de la delicada situación de la economía argentina y de los peligros que acechan en el horizonte, como la crisis energética.

Estos, sumados a la inflación desbocada y a la manipulación estadística, así como a la ofensiva contra diversas empresas españolas (YPF, Gas Natural, Endesa, Aerolíneas Argentinas, Radio Continental -Grupo Prisa-), conforman un marco agudo de inseguridad jurídica, poco estimulante para potenciar la inversión extranjera directa (IED). Como no podía ser de otra forma, esta coyuntura había sido correctamente interpretada por los inversionistas españoles, que ya hace tiempo dejaron de pensar en Argentina como un destino preferencial y como un país donde se podían hacer buenos negocios. Y esto pese a que las tasas de crecimiento argentinas de los últimos años parecían asiáticas.

Si durante años Argentina concentró la mayor parte del stock de la IED española en América Latina, hoy los capitales fluyen hacia Brasil y México, fundamentalmente, pero también hacia otros destinos más previsibles, como Chile, Colombia o Perú. Por el contrario, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, por razones obvias, junto con Argentina, son vistos con demasiado resquemor y donde los empresarios se la piensan dos veces, o más, antes de invertir en ellos.

Desde esta perspectiva, el informe del Banco de España no vino más que a constatar y a poner sobre el papel una realidad de sobra conocida por los empresarios españoles. Es más, en diversas oportunidades el "Índice Elcano de oportunidades y riesgos estratégicos para la economía española", elaborado por el Real Instituto Elcano, había llegado a conclusiones similares a las del Banco de España.

Resulta bastante complicado analizar las motivaciones del gobierno argentino para contestar de una forma tan violenta un documento técnico. Se podría pensar que la primera reacción de la presidenta Fernández fue espontánea y producto de un arrebato. Pero luego se grabó un audio de más de cuatro minutos de duración intentando elaborar una crítica más estructurada y al día siguiente fue Sergio Massa, el jefe del gabinete, quien manejó argumentos similares a los de la mandataria. ¿Por qué semejante ofensiva contra España? ¿Qué se busca con todo esto? ¿Se trata de una maniobra de distracción con la que envolver la "estatización" o expropiación de Aerolíneas Argentinas o es que hay una agenda oculta? ¿Quiere Argentina potenciar su dorado aislamiento para terminar descansando finalmente en los únicos y bolivarianos brazos del comandante Chávez?

En el caso de no coincidir con el diagnóstico del Banco de España, algo lógico desde la perspectiva argentina, debieron haber sido los economistas de su Banco Central los encargados de responder, con datos en la mano, las críticas formuladas desde España. Pero esto no se hizo y se prefirió matar moscas a cañonazos.

Lo peor del caso es que ni la presidenta Fernández ni el ministro Massa aludieron a la coyuntura económica local y a sus potencialidades, sino que se limitaron a intentar enlodar al servicio de estudios del Banco de España, cuyo nivel técnico es ampliamente reconocido en España, en Europa y por la mayor parte de los organismos financieros internacionales.

La lectura sesgada, y malintencionada, de otros trabajos del propio Banco, de enero y abril de 2001, referentes a la coyuntura argentina, son otra prueba de la escasa capacidad de los actuales gobernantes argentinos para interpretar la relación con España. En aquellos delicados momentos en la vida política y económica argentina, cuando muchos comenzaban a apostar en contra del país, España decidió respaldar al gobierno de Fernando de la Rúa, como había hecho previamente con los de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, y como haría posteriormente con los de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

Con independencia de quién gobernara en España y Argentina, era clara la defensa de los intereses argentinos por parte de los inquilinos de La Moncloa, a veces, inclusive, en contra de legítimos intereses españoles.

A raíz de estas reacciones, la prensa y los políticos argentinos se interrogan acerca del futuro de la relación bilateral. Si bien los insultos gratuitos de la presidenta Fernández no son de ninguna ayuda tampoco conducirán la relación a un callejón sin salida. A nadie con dos dedos de frente ni en Moncloa ni en el ministerio de Asuntos Exteriores le interesa una escalada de reproches. Por eso, con seguridad, se elegirá la política del business as usual, a la espera del próximo exabrupto de algún miembro del matrimonio presidencial.

* Cortesía CADAL


 


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