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Algunas ideas sobre la futura sociedad post Castro
04-08-2008, Jorge Hernández Fonseca

Cubamatinal/ Ya es una realidad que la ideología fidelista ha sido auto-derrotada (la oposición política, a pesar de su heroica y larga lucha, no ha podido derrotarla) pero la práctica fidelista se ha mostrado impracticable y agónica y habrá sin lugar a dudas una Cuba post Castro. Es verdad que todavía detentan el poder los remanentes castristas del esquema dictatorial impuesto 50 años atrás, pero también es un hecho real que la ideología que dio lugar al establecimiento de un gobierno “revolucionario” ha fracasado política, ideológica y prácticamente en toda la línea.

Las preocupaciones de la oposición política cubana jerarquizan --con sentido práctico-- la derrota política del gobierno comunista cubano actual y la supresión del equipo ejecutivo de mando dictatorial impuesto por Castro (el anciano) en su lugar, para dar paso a la sucesión anunciada de su hermano, ahora devenido en nuevo dictador para continuar su “obra”.

Es en este contexto en el que ya se escribe el epílogo de esta larga noche de la Nación cubana, por lo que creo importante asomarnos a lo que pudiera ser la Cuba del mañana. Muchos hemos tratado de hacerlo y aunque nadie tiene una “bola de cristal”, los intentos en ese sentido sirven para el análisis de las bases sobre las que será erigida la tan soñada Nueva República.

En al área política no cabe dudas que Cuba, emergiendo de la férrea dictadura castrista, deberá abrazar un esquema democrático con elecciones generales y libres, libertad de asociación y de partidos políticos (de izquierda, de centro y de derecha) establecimiento de una Constitución democrática (otra Constitución diferente a la actual) que siente las bases institucionales de la sociedad con un culto pleno a la libertad sin discriminaciones políticas, religiosas o ideológicas.

En el área económica, Cuba deberá ser una sociedad de economía capitalista de mercado (hasta Raúl Castro, después del fracaso socialista, ya reconoce esta variante como la mejor) donde el fundamento sea la libertad económica de cada ser humano, con base en el establecimiento de contratos basados en leyes que lo protejan del estado, dando seguridades jurídicas individuales y sociales, para potenciar y jerarquizar la iniciativa privada sobre la estatal.

 

Sobre estas dos áreas versan prácticamente la casi totalidad de los análisis respecto a Cuba, escritos por cubanos (o por extranjeros entendidos) con propuestas válidas en las áreas política y económica para una sociedad cubana del futuro. Sin embargo, las importantes áreas social y ética, tan dañadas en la Cuba de Castro, ocupan un espacio menor (no por menos importantes) de los analistas que se empreñan estudiando la realidad cubana presente y futura. Es por esa razón que las áreas política y económica serán tratadas aquí de manera general, aunque es absolutamente claro que de su solución dependerá finalmente el éxito de la Nación cubana.

Aspectos políticos y económicos tienen un peso determinantes para la futura sociedad post Castro, pero nada puede tener éxito, ni económico ni político, bajo los efectos de una sociedad enferma como lo está actualmente la sociedad cubana; sometida a 50 años de vicisitudes, desidia y oportunismo, obligada por un gobierno que sólo jerarquiza el mantenimiento del poder.

Por eso es importante atender a los aspectos sociales y éticos de la sociedad con vistas a re-construir la Nación sobre bases sólidas. Es por ello que la secuencia como será implementada la futura sociedad cubana juega un papel determinante en su éxito. Si la libertad de Cuba se obtiene, por ejemplo, mediante concesiones paulatinas del equipo de Raúl (una variante bien probable) se corre el riesgo de comenzar a edificar la futura sociedad sobre las bases falsas que ideológicamente la dictadura ha inculcado durante 50 años en la mente de los cubanos. Esta re-educación social debe ser consustancial con el cambio, desde el mismo inicio del proceso.

Por ejemplo, la dictadura ha convencido a los residentes en la isla que “el sistema capitalista está basado en el robo y la ley de la selva”. Probablemente por eso la mayoría de los educados en la Cuba de hoy crean falsamente que en el exterior no hay valores de ningún tipo y que esa es la norma a ser aplicada en las relaciones con sus familiares que residen en el extranjero, que por vivir en un sistema capitalista tuvieron que convertirse en personas medio delincuentes.

Una creencia tal es la responsable de que los cubanos que visitan sus familias en la isla, sean sometidas a robos descarados por parte de los aduaneros. No es sólo la corrupción reinante en esas categorías de trabajadores, es también el convencimiento que esas son las reglas del juego en la sociedad capitalista y que por tanto, no hacen más que proceder en consecuencia.

Es sin embargo la ética social la única capaz de promover la sociedad de mercado capitalista. Sin confianza social no puede haber crédito y sin cumplimiento de la palabra empeñada no puede haber desarrollo económico. Es la educación ética de toda la sociedad la única ley que garantiza el éxito de una sociedad que crezca económica y socialmente. La democracia política de por sí agrega muy poco si la sociedad no está preparada éticamente para el convivió social y el ejemplo más patente lo tenemos en el proceso vivido por la sociedad rusa post socialismo.

 

Por increíble que parezca, la sociedad cubana actual es una sociedad “consumista” mucho más exacerbada que la sociedad capitalista de mercado, aunque desde luego que en Cuba no hay nada que consumir, por lo que el consumismo se exacerba. La carestía endémica en que la dictadura los ha sumido, les ha hecho inscribir en su mente un principio totalmente absurdo, donde sólo existe dos palabras claves: “Toca” y “Hay”: La lógica acuñada dentro de la isla es “Si Hay, me tiene que Tocar”, o su complemento: “Si me Toca, tiene de todas maneras que Haber”. Es el convencimiento, por años de absurdo igualitarismo, de que todos debemos tener “de todo”

No es posible encaminar una sociedad capitalista de mercado con semejante mentalidad, Por un lado, pensando que violar las leyes y usar métodos ilegales es el camino del éxito en la nueva Cuba y por otro, que por el simple hecho de existir, todos van a tener derecho a consumir todo lo que se les ocurra. Este es un tema complejo, al que se enfrentan ahora precisamente los generales de Raúl en esta nueva etapa, en la que tratarán de re-educar a los ciudadanos.

Adicionalmente, la Cuba anterior a 1959, si bien tenía un grupo de índices muy superiores al resto de América Latina, no fue una sociedad a la que nos debemos aspirar a parecernos, desde muchos puntos de vista. Precisamente, el apoyo masivo que encontró el dictador cubano al inicio, fue lo que le permitió engañarnos a todos y es un indicador de que habían cosas muy equivocadas y que había que re-hacerlas. El pandillerismo, la corrupción política y el caudillismo son ejemplos negativos de antes, caminos que debemos dejar de lado en la Nueva República.

Ya nadie duda que la solución de Cuba sea de tipo democrático-capitalista de mercado. Lo que nadie sabe es como convencer a 11 millones de cubanos que las cosas no son como les han enseñado en los últimos 50 años. Si bien los caminos económicos y políticos están claros en una Cuba futura, lo que no está muy claro es la “materia prima” con la que trataremos de construir la Nueva República. ¿Cómo convencer a una parte de la población que ser ‘jinetera’ no es ningún mérito? ¿Cómo hacer ver que trabajar honestamente es más rentable que hacerlo fuera de la ley? ¿Cómo demostrar que el éxito del capitalismo de mercado se basa más en la austeridad que en el consumismo? ¿Cómo establecer que la disciplina social y no la revuelta (o la revolución) es la madre de la abundancia? ¿Cómo decir convincentemente que los derechos no los da ningún gobernante “bueno”, y hay ganárselo con trabajo duro, dedicado y eficiente?

Cuando tengamos las respuestas para estas preguntas de tipo ético, moral y social, será cuando podremos hacerle frente con éxito a una sociedad sana. No será la sociedad cubana actual, ni será la de 50 años atrás, como tampoco será la sociedad de los cubanos del exilio. Es indispensable trabajar un poco más sobre nuestro “modelo social” futuro, a sabiendas que el “modelo económico” y el “modelo político” de la Cuba post Castro, están bastante definidos.


 


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