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¿Hay terrorismo bueno?
16-10-2006, Oscar Sánchez Madan

El discurso que pronunció en La Habana, el pasado 6 de octubre, el señor Ricardo Alarcón de Quezada, presidente de la mal llamada Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento Comunista), por motivo del trigésimo tercer aniversario del derribo, en 1973, de una nave de Cubana de Aviación, acontecimiento en que perecieron 73 personas, me demuestra una vez más que la política “antiterrorista” del régimen castrista continúa siendo amoral, hipócrita y de doble rasero.

Acusar a otros gobiernos de amparar terroristas para evitar la justicia es una trágica broma de muy mal gusto. Se sabe que a lo largo de muchos años la dictadura bolchevique que Alarcón representa, estimuló, organizó, armó, financió y entrenó a miles de guerrilleros pro estalinista que sembraron el dolor y la muerte en todo Latinoamérica.

La América de José Martí conoce muy bien cuantos venezolanos, salvadoreños, nicaragüenses, colombianos y hermanos de otros países de la región, han sido ultimados por los fusiles AK soviéticos, y por las granadas, los proyectiles y las bombas que le suministraron los castristas.

Nombres como Sendero Luminoso, Frente Farabundo Martí, Frente Sandinista, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, entre otros, nos recuerdan la noble sangre latina mezclada con la pólvora y los gritos aterradores de los pueblos, víctimas de esa monstruosidad criminal, que el apóstol de la independencia de Cuba, calificó como: “la ideología del odio y la barbarie”.

¿Acaso no recuerda el Sr. Alarcón que los responsables del alevoso, premeditado y criminal hundimiento del remolcador “13 de Marzo”, en julio de 1994, en las afueras de la Bahía de La Habana, se pasean por las calles de nuestra isla?

En ese acto terrorista fueron asesinados 37 cubanos, entre ellos 10 niños, cuyo único delito lo constituyó el intentar abandonar el insoportable infierno castrista, acción que con la muerte impidieron naves y agentes pagados por el régimen.

El Sr. Alarcón y la nomenclatura estalinista de La Habana no han pensado nunca en los gritos desesperados de aquellos hombres, mujeres y niños, cuando los homicidas, amparados en la eterna impunidad, los bombardeaban con potentes chorros de agua y los lanzaban al mar. Eso también es terrorismo, ¿o no?

La voladura del avión cubano en Barbados es un acto de criminal y, por consiguiente, condenable. Los responsables deben ser llevados ante la justicia, pero los violentos actos de repudio, que ahora mismo organizan y llevan a cabo en toda la isla la policía política y las despreciables turbas paramilitares integradas por vándalos y malhechores que asaltan las viviendas de los disidentes y activistas de los derechos humanos, y los ofenden, apedrean y golpean salvajemente, también son actos de terror que merecen una enérgica condena.

¿No sabe el ilustre presidente del parlamento comunista, que al joven escritor cubano, Nelson Rodríguez, nacido en 1943, los militares lo fusilaron en 1971 por intentar abandonar el país, luego de que saliera, casi loco, de un campo de concentración gubernamental? Dicho joven fue autor del libro de cuentos “El regalo”.

La dictadura castrista, en sus medios de propaganda, no publicaron jamás detalles de aquel hecho espantoso ocurrido a mediados de 1991 en la prisión Nieves Morejón, en Sancti Spíritus, uno de los antros de tortura y muerte más horrorosos que se hayan podido conocer: Debido a una golpiza que le propinaron los carceleros a un joven recluso, los reos se amotinaron para protestar. Dicho motín fue sofocado con armas de fuego por los militares. Con motivos del ametrallamiento fueron muertos tres prisioneros, varios de los amotinados resultaron heridos y otros quedaron mutilados.

Si eso no es terrorismo de estado, ¿qué cosa es?

El régimen castrista calla las monstruosidades que se cometen en sus prisiones y en sus propias calles, ¿Por qué este silencio?

Todos los actos violentos, donde hay víctimas civiles, donde se última a cualquier ser humano, es condenable. Condenables son las amenazas de muerte, la propaganda comunista del terror, y la esencia misma de los sistemas antidemocráticos que surgieron mediante el terror, y sólo mediante el terror se sostienen.

El terrorismo, Sr. Alarcón, es uno solo. Atentar este contra la naturaleza humana, debe desaparecer. No hay terrorismo bueno y terrorismo malo, sino sólo eso: terrorismo.

Los regímenes que ocultan el rostro detrás de una despreciable máscara de fatalidad, que practican el doble rasero, deben ser desenmascarados. La verdad y la denuncia, son nuestras mejores armas. Utilicémoslas.


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