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Cuba: El futuro de una nación
13-07-2008, Elena Larrinaga

Cubamatinal/ Documentos del V Foro Atlántico

Para quienes no me conozcan, me llamo Elena Larrinaga, nací en La Habana y salí de Cuba con mi familia siendo una niña en 1960. Siempre desde entonces he tenido claros dos conceptos. Uno de ellos, es el de que todos los cubanos formamos parte del mismo pueblo que ha sido separado en el tiempo y en el espacio por causas ajenas a su voluntad. El otro es el de la libertad.

Presido la Federación Española de Asociaciones Cubanas (FECU) que pertenece y vive en el seno de la Sociedad Civil, y no pretende participar en ningún tipo de lucha o acceso al poder. Su único objetivo es el de ser una piedra mas en esta ingente obra de arquitectura civil consistente en devolver al pueblo cubano la conciencia de un sí-mismo perdida parcialmente, o al menos, ofuscada y oscurecida por obra y gracia de unos años en los que su libertad ha sido fosilizada. Ningún ser humano, ni nación alguna puede asumir la conciencia de un sí-mismo y edificar sobre bases mínimamente sólidas su propio futuro sin la indispensable argamasa, sin el imprescindible andamiaje que proporciona la libertad, como categoría esencialmente ligada a la dignidad del individuo.

Por ello nuestro postulado básico es la libertad. Básico y prácticamente único en estos momentos de enfrentarnos al futuro.

Nosotros partimos de la premisa de que la libertad, la verdadera libertad, la material y no la meramente formal, es más que un postulado ideológico, porque se trata de una conquista irrenunciable de la persona y de los pueblos.

La experiencia, desgraciadamente nos demuestra, que en demasiadas ocasiones entre la letra solemnemente escrita y la vida tristemente vivida, entre la grandilocuente proclama y la experiencia diaria hay un abismo en el que se esconden, cuando no se pierden sin más, valores como la vida y la dignidad humanas.

Y por ellos venimos proclamando y seguiremos sin la menor duda, la exigencia de la inmediata puesta en libertad de los presos políticos cubanos. Somos conscientes de que puede asignarse arrogancia al empleo de la palabra exigencia: incluso intromisión. Pero no tendríamos derecho a existir y a hablar en cuanto Federación si no situáramos a esta premisa como el postulado capital de entrada en la convivencia de nosotros mismos con nosotros mismos en una democracia plural.

No sólo no es creíble de nuestra parte; tampoco de parte de aquellos que manejando resortes del poder se niegan a dar a unos hombres algo que nunca debió de serles arrebatado: su libertad. Y nuestra exigencia no es de método, sino final.

No se trata de imponer como premisa previa para ayudar en el proceso que esas gentes sean liberadas de una prisión injusta, sino de que un poder que quiera caminar hacia el futuro, para ser creíble, para que aceptemos la sinceridad de sus planteamientos, debe comenzar admitiendo lo elemental, debe dar los primeros pasos por lo obvio, comenzar a circular por lo inmediato, no enredar intelectualmente en lo que no admite discusión. Las formas y maneras de organizar la vida concreta, la estructura de la sociedad y del poder político, no sólo admiten, sino que reclaman matizaciones, discusiones, consenso y hasta separaciones que corresponden con diferentes visiones legítimas. Pero la libertad de estos hombres no. Y en este sentido camina nuestra exigencia, y así debe de ser entendida. Sólo aquellos que niegan la libertad esencial se autoexcluyen del proyecto de convivencia colectiva.

Y debe de quedar claro y diáfano que no queremos llenar nuestro presente de pasado sino de futuro. Ciertamente el pasado está ahí, pero el dolor del pasado al pasado debe pertenecer cuando de afrontar el futuro se trata. Y de eso tratamos ahora y a eso queremos contribuir.

Mutamos los recuerdos en vivencias del hoy y del mañana. El pasado es experiencia. El futuro también, pero experiencia que espera a ser vivida en libertad sin que ni el dolor ni la tristeza, puedan no solo entorpecer sino frustrar las ansias de un pueblo que lleva demasiado tiempo consumiendo palabras y sufriendo hechos.

El cubano es un pueblo maduro, sin la menor duda. Con la madurez adicional del sufrimiento, pero sin refugiarse en el rincón de la tristeza, sino circulando por el sendero de la esperanza. Los cubanos somos capaces de entendernos desde la propia discrepancia, porque el entendimiento en la unanimidad no pertenece a la vida real ordinaria sino a los sueños que demasiadas veces acaban en tragedias. Entenderse con el basamento de la libertad como patrimonio común colectivo. Entenderse llenando de futuro su presente, asumiendo su historia, su pasado, su presente y su futuro. En eso consiste la madurez.

Nosotros no queremos para Cuba nada distinto a aquello que se vive cada día en las calles de miles de ciudades de todo el mundo. Nada que no forme parte de la cultura democrática de Occidente. Eso es todo.

Ciertamente y como no podía ser de otro modo, miramos con serena envidia y con profunda admiración el proceso de transición que vivió nuestra España en la que vivimos y trabajamos. No sólo para nosotros sino para el mundo en general el proceso mereció como mínimo el atributo de admirable. En un tiempo razonable, sin ruidos ni alharacas, y con la participación de todos los agentes políticos, sociales, militares y religiosos, en España se fue desmontando un sistema que era en definitiva personalista. Nadie dentro del sistema lo había rechazado nunca públicamente, pero todos trabajaron unidos para que el proceso fuera viable.

Tuve la fortuna de conocer de cerca a algunas de las personas que “entregaron” el régimen y a las que hicieron directamente la transición, así como a los agentes que intentaron desestabilizarla. Finalmente, venció la cordura y los que trabajaron por ella están satisfechos del resultado obtenido. Se pasó del blanco y negro al color. Muchas amistades se fraguaron en ese momento y perduran después de 30 años. Hoy los españoles viven en una convivencia que ni siquiera el horror de la violencia terrorista es capaz de alterar, por intensa que sea la indignación que asciende ante sus negaciones de la vida y libertad de otros seres humanos.

Por ello en esa transición nos miramos, y a tal efecto hemos hecho entrega, el pasado 13 de mayo en Bruselas al Presidente de la Comisión de Europa y América Latina del Parlamento Europeo, de un proyecto de cambio político para Cuba. Constituye una oferta a todos los que desde dentro y fuera de la isla trabajamos por la implantación allí de un sistema democrático pleno. Creemos que dicho documento presenta un camino recto y seguro para lograr la democracia en nuestro país.

Cuba y España no son iguales. El mundo ha cambiado. El contexto mundial no es el mismo que el de la transición española, ni en Europa ni en nuestra región, pero la Historia se repite. Porque la historia es el surco que deja el caminar del hombre sobre la tierra. Se repite pero no se reproduce idéntica, porque el vivir nunca abandona su componente de aventura y en esto reside su grandeza y en esa grandeza habita la libertad.

Por ello habrá que acompasar las melodías, afinar las notas, ajustar los ritmos, pegarse a los terrenos, vivir lo que se vive y aspirar a lo que se carece. Así sucede siempre y así sucederá ahora, pero sin ceder ni un milímetro en esa premisa previa: la libertad como atributo de la dignidad de la persona humana.

Gracias por escucharnos y por su inestimable colaboración.


* Presidenta. Federación Española de Asociaciones Cubanas. Madrid, 7 de Julio de 2008. V Foro Atlántico


 


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