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Cuba: ¡El Rey está desnudo!
10-07-2008, Jorge Hernández Fonseca

Cubamatinal/ El último artículo escrito por el dictador cubano, donde critica duramente a las guerrillas de las FARC colombianas por sus métodos “objetivamente crueles” recomendándoles adicionalmente negociaciones de paz con el gobierno “expresé con claridad nuestra posición en favor de la paz en Colombia…” a pesar de haberles sugerido “no entregar sus armas…” ‘lanza por la borda’ 50 años de prédica revolucionaria beligerante en el Continente. Tal y como están las cosas en la isla hoy (Raúl yendo al capitalismo económico y ahora el dictador cubano renunciando a su posición internacional beligerante) Cuba comunista se ha convertido en un manicomio.

Ya a partir de la desaparición de la URSS --y del consiguiente choque económico que para la isla representó la pérdida de los enormes subsidios soviéticos-- Castro comenzó un proceso de “apertura” aparente, comenzado con áreas poco influyentes de su política totalitaria, como permitir incorporar “religiosos” en las filas del partido comunista, acercarse (incluso apoyando financieramente) a algunas confesiones afro cubanas, permitiendo la abertura de pequeños negocios familiares e individuales, llegando hasta convidar al Papa Juan Pablo II a visitar la isla.

Providencialmente, cuando las cosas en la isla marchaban de manera muy complicadas para el régimen, Hugo Chávez pasó a hacerse cargo del subsidio de la economía cubana, inyectándole miles de barriles diarios de petróleo a prácticamente costo cero y dándoles un ‘nuevo aire’ político al desastre económico que significaba la “Cuba socialista” construida por Castro.

Durante toda la década de los 90, Cuba perdió vigencia en el ideario político latinoamericano, permaneciendo sólo como un “hueso duro de roer” que ‘resistía’, sacrificando su pueblo, para continuar tozudamente el camino anti norteamericano que había abrazado 50 años antes.

La auto-derrota de las sociedades comunistas de Rusia y la Europa Oriental había cambiado la concepción cubana de la ideología marxista leninista, originalmente abrazada por el dictador. La orfandad económica ocasionó a su vez una acelerada pérdida de influencia en Latinoamérica, terreno en la cual actuó durante las primeras décadas de su existencia, intentando imponer a sangre y fuego un modelo beligerante de guerrillas armadas para tomar el poder político.

 

De esa manera, la dictadura cubana entra en el siglo XXI con el signo de la insignificancia real. Carece de una ideología práctica para guiar los pasos “revolucionarios” de América Latina; la economía “socialista” se ha estructurado perniciosamente dependiente de la “ayuda” internacionalista (en la primera etapa, de la URSS y ahora de Hugo Chávez) y su sociedad empobrecida innova aportando un espécimen a la fauna turística-prostibular: la jinetera.

La Cuba de Castro, en el siglo XXI, ya no es el “Faro de Latinoamérica”; ya no es la financista principal de recursos, armas y entrenamientos para la “Lucha Armada Continental”; ya no es la fuente teórica de análisis políticos regionales; ya no es ejemplo de Reforma Agraria, progreso social e igualdad de clases. Cuba ha pasado a ser una sociedad pobre y desesperanzada, tanto económica como políticamente, carente de los bríos que caracterizaron sus inicios. ¡Eso acabó!

Al sobrevenir la repentina enfermedad del dictador cubano y tener Raúl que tomar las riendas provisionales del gobierno, se inicia un compás de espera de dos carriles: por uno de ellos, un pueblo esperanzado aguarda el final del dictador, con la expectativa que su sucesor estructure una apertura que los rescate del desastre actual; en el segundo carril, un Raúl Castro temeroso de su hermano, se envuelve en un titubeo sin límites ante el cambio, hasta que un evento “electoral” marcado de antemano lo catapulta a la presidencia, terminando su provisionalidad.

Raúl ha comenzado en la isla un proceso que pudiera describirse como de eliminación de los vestigios de la ideología socialista asociada al marxismo. Lo que ha comenzado a hacer se parece mucho al socialismo chino, es decir, capitalismo en la economía pero con dictadura política, terminando así el sueño comunista que sacrificó al pueblo cubano este medio siglo.

Así las cosas, ya la isla comprende que el sueño socialista fue una utopía sin pies ni cabezas, ante lo que el dictador cubano ha adoptado la pose de “crítico desde las grandas”. Critica las medidas liberalizantes de Raúl en el plano económico; critica los intentos tímidos para acercarse a EUA; critica la eliminación de las prohibiciones que él había impuesto a la sociedad y la economía, y ahora innova criticando su propia línea insurreccional para la toma del poder político en América Latina, haciéndole un fuerte llamado de atención a las FARC colombianas.

Si ya es evidente que Cuba renunció definitivamente a la ideología marxista y el gobierno de los hermanos Castro ha pasado a ser otra dictadura familiar caribeña más (muy alejado de una experiencia ideológica socialista) ahora Fidel Castro tira la base de su línea política externa, la que siempre defendió ante sus congéneres de Latinoamérica, quedándose totalmente desnudo.

 

Habiendo creado la filosofía del secuestro revolucionario materializado en las órdenes para secuestrar en la Habana al Campeón de Fórmula 1 de esa época, Juan Manuel Fangio (recordemos que Raúl también escenificó el secuestro de varios soldados norteamericanos durante la lucha insurreccional de la Sierra Maestra) ahora acaba de criticar con duros epítetos el “secuestro revolucionario” de las FARC. Habiendo creado la línea de acción guerrillera para la lucha en América Latina, ahora aconseja a las FARC nada menos que “…
hacer la paz…”

La izquierda beligerante, que antes adoraba al dictador cubano, ha comenzado a atacar al decadente caudillo con los mismos epítetos que tradicionalmente Castro usó siempre contra sus enemigos. Siente así el anciano dictador todo el peso de la guerra verbal asimétrica que la izquierda usa (y de la cual él es un maestro) con epítetos como “(Castro tiene) demasiados años en el poder”; “(Castro) critica los secuestros mientras manda a fusilar al General Ochoa y el coronel La Guardia”; “(Castro es un) don Juan de las Pelotas”; “no creemos que sea más cruel secuestrar que matar”; “Cuba hace relaciones con gobiernos fascistas como el de Uribe”; “hay una percepción desfasada de Fidel…” y un largo etc., que pone de relieve al nivel tan bajo que ha caído el dictador cubano en sus postrimerías. Definitivamente ¡El Rey está desnudo!

Raúl trata de implantar el capitalismo en la economía empresarial cubana usando sus métodos y negociando la expansión turística con España y la niquelífera con Canadá; reparte tierras en el campo como en los buenos tiempos de la economía de mercado; lanza mensajes aceleradamente para re-hacer sus relaciones con “la próxima administración norteamericana, sea quien sea el presidente electo”; negocia con Europa el levantamiento de las tibias sanciones impuestas a cambio de prebendas económicas para España, entre otras acciones, que ponen de relieve el fracaso de la experiencia económico-social comunista en la isla.

Es en este desconcertante marco que Castro acaba de definirse por “la paz en Colombia”, por la libertad incondicional de los rehenes secuestrados y por el cese de los “métodos crueles”, en fase con lo que todo occidente ha venido propugnando desde que el propio dictador cubano inició la cruzada guerrillera que tanta sangre ha costado a Latinoamérica. Si no fuera tan tétrico, podría considerarse cómico, porque se puede aplicar el refrán que el propio Castro aplicó a Mao Tse Tung: “acabó destruyendo con sus pies, lo que tanto trabajo le costó hacer con su mente”, con la única diferencia que Castro destruyó con sus pies no solamente lo que hizo con su mente, sino que también destruyó la Nación Cubana, herida hoy de muerte por su patología.

* Cortesía de www.cubalibredigital.com


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