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Raúl Castro y los secuestros de norteamericanos
08-07-2008, Frank Calzón

Cubamatinal/ Hace 50 años esta semana cerca de 50 marinos, infantes de marina y civiles norteamericanos fueron secuestrados por los rebeldes bajo el mando de Raúl Castro y el hermano de Fidel le mandaba una carta al embajador norteamericano Earl T. Smith, diciendo que los pondría en libertad si Washington imponía un embargo de armas en contra del gobierno de Fulgencio Batista.

Entonces, como hoy, el gobierno norteamericano, estaba dividido en cuanto a qué hacer sobre Cuba.

El resultado inmediato de los secuestros fue una tremenda victoria publicitaria y la suspensión, por tres semanas, de las operaciones del ejército en contra de los rebeldes. Durante ese periodo los rebeldes se reabastecieron de armas y municiones, y el entusiasmo revolucionario creció por toda la isla. Los revolucionarios se anotaron una victoria propagandística cuando demostraron que eran capaces de manipular a Washington.

Los secuestros comenzaron el 26 de Junio de 1958 cuando, según el historiador Hugh Thomas, diez americanos y dos canadienses que trabajaban en compañías norteamericanas fueron secuestrados. El superintendente del Central Ermita sufrió la misma suerte. El 27 le sucedió lo mismo al gerente del Central Isabel y a 27 soldados e infantes de marina cuando regresaban en un ómnibus a la base naval de Guantánamo, después de un día de asueto.

El secuestro y el robo de 19 camiones y otros vehículos de una compañía norteamericana “le dio a la rebelión, que entonces se hallaba en dificultades, la chispa necesaria para alcanzar la victoria,” reportó el Fort Pierce Tribune, en el 30 aniversario de los sucesos; en un artículo que merece ser incorporado a cualquier antología de estudios no solo sobre Cuba, sino también sobre el uso de los secuestros en contra de los Estados Unidos, que después se pusieron de moda en muchas partes del mundo.

El gobierno en Washington estaba dividido. El Departamento de Estado aconsejaba calma, mientras Raúl Castro identificaba a los rehenes como “visitantes especiales”. Más tarde Raúl Castro dijo que los rehenes habían sido tan importantes para la lucha revolucionaria como “las ametralladoras anti-aéreas de 50 milímetros”.

Según un telegrama del 30 de Junio de 1958, del comandante norteamericano de la base de Guantánamo al jefe de operaciones navales en Washington, “el embajador Smith tiene la intención de dar a la publicidad un ultimátum diciendo que si los norteamericanos “no son entregados a los Estados Unidos en 48 horas, los Estados Unidos se verían forzados a pedir permiso al gobierno de Cuba para usar cualquier medida práctica para obtener su libertad”. En tanto, 113 familias americanas de la base de Guantánamo se preparaban para ser evacuadas a los Estados Unidos.

El 3 de Julio el Departamento de Estado decidió suspender el envío de aviones T-28 de entrenamiento a Cuba, medida a la cual se opuso el embajador Smith. El 2 de Julio, el Departamento de Estado en una comunicación a la embajada norteamericana en la Habana dijo que, “El Departamento tiene una preocupación creciente sobre los reportes de que los comunistas y otros elementos anti-americanos se han movilizado para asumir un papel importante en cualquier futuro gobierno” de la isla. El Departamento agregaba que, los secuestros de los norteamericanos por fuerzas rebeldes, el tono anti-americano de las trasmisiones por Radio Rebelde, y el trato dado por los rebeldes a las propiedades norteamericanas “indica que ellos [elementos anti-americanos] han aumentado su influencia entre los grupos de Castro”.

Fidel Castro, según reportó en un telegrama la embajada norteamericana al Departamento de Estado el 21 de Abril de 1959, dijo que “la ayuda del Departamento de Estado a Batista solo disminuyó cuando el ejército rebelde secuestró medio centenar de americanos”.

En el momento de los secuestros, Raúl Castro y su hermano Fidel dieron muestras de su capacidad de manipulación con la prensa y el aparato de toma de decisiones en Washington. Como reportó Tom Dunkin en el artículo que cité anteriormente, “la moral de los rebeldes se disparó, y varios periodistas acompañados por guarda espaldas que le dieron los rebeldes, pudieron visitar la zona”… “Uno de los periodistas, un camarógrafo de la CBS, Robert Taber en su segundo viaje reportando la insurgencia, [cubrió los sucesos], pero se retiró del periodismo seis meses después para convertirse en uno de los fundadores del “Fairplay for Cuba Comité,” grupo de propaganda procastrista en los Estados Unidos.

Durante tres semanas, los rehenes a los que Raúl identificaba como invitados, fueron liberados poco a poco. Raúl entonces como ahora, manejó genialmente la propaganda revolucionaria. Dijo que liberaba a sus visitantes, “por que los Estados Unidos los necesitaba”.

“Otra innovación política tuvo lugar durante la campaña de los Castro tres meses después, esa innovación que después creció alrededor del mundo fue los secuestros aéreos, lo mismo de pilotos que de pasajeros de aerolíneas. Un secuestro ocurrió en Octubre del 58, cuando un piloto de Cubana de Aviación aterrizó en Miami en vez de Santiago de Cuba. Poco después, otro avión de Cubana desapareció sobre Oriente con todos sus pasajeros. La sospecha fue que había sido un secuestro de los rebeldes. Después cuatro rebeldes secuestraron otra aerolínea obligando al piloto a aterrizar en el pequeño aeropuerto de Moa, cerca del cuartel general de Raúl Castro. Hubieron pocos sobrevivientes”.

Los secuestros y aquellas muertes de hace 50 años le demostraron a los Castro que la audacia y la falta de respeto por las vidas humanas podría serles útil. En tanto, medio siglo después hay que preguntarse si alguien en el gobierno de Estados Unidos recuerda hoy aquellas víctimas y si los que toman las decisiones en Washington aprendieron alguna lección de aquellos crímenes.

*Frank Calzón es el director ejecutivo del Centro para Cuba Libre.


 


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