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Vuelva usted mañana
06-07-2008, Jorge Ferrer

Cubamatinal/ Cualquiera que acabe siendo el verdadero alcance del levantamiento de las sanciones impuestas a Cuba en 2003 por la Unión Europea, y en suspenso desde 2005, el gesto ha servido ya para mostrar la manera en que Europa, antiguo referente moral en materia de valores democráticos, se va dejando deslizar por el tobogán que conduce a la tolerancia de las democracias de baja intensidad e incluso --es el caso de Cuba-- de las dictaduras.

Barcelona/ www.eltonodelavoz.com / Las reticencias que algunos países plantearon a acuerdo al que acabaron adhiriéndose son, en este caso, las excepciones que confirmaron la regla. Porque votar con la nariz tapada es también votar. Y lo que se votó allí --todos lo sabían-- fue darle un espaldarazo al gobierno cubano, bajo el tramposo amparo del método del ''ensayo y error'': si no han funcionado las sanciones, pues probemos a ver qué pasa suspendiéndolas, nos hacen creer que se dijeron. Un método que ya se ha mostrado de sobras inútil cuando se trata con el régimen de La Habana, niño malcarado al que no contentas ni con la golosina más empalagosa.

A punto de cumplirse dos años desde que Fidel Castro mudara su uniforme por el traje deportivo y cercano también el medio siglo de revolución castrista --crecidito ya el niño de marras, como se ve--, el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero se ha embarcado en una estrategia de acercamiento al gobierno cubano a la espera, dicen, de réditos políticos y, aunque se lo callen, de ventajas económicas en el espacio del poscastrismo. Una posición que tiene calamitosa expresión en la letanía repetida una y otra vez por Miguel Angel Moratinos sobre el propósito que animaría a la Moncloa de ''acompañar'' las transformaciones que se produzcan en la isla. España ''no puede estar ausente de la dinámica de cambio en Cuba'', dijo hace unos días para defenderse de las críticas del centroderecha.

Pero los circunloquios acerca de la ''presencia'' y el ''acompañamiento'' --jerga más bien propia de charlas funerarias-- resultan insuficientes para explicar el cerril ahínco mostrado por la cancillería que dirige Moratinos en la gestión del levantamiento de las sanciones a La Habana. Mucho menos para comprender su apoyo al gobierno de Raúl Castro, que no hace más que desairar en público a la Unión Europea y a la propia España. Tampoco explican las razones de la manifiesta frialdad de sus relaciones con la disidencia interna cubana o que desde la embajada de la calle Cárcel se elaborara un informe comparativo de la situación en Cuba en los dos últimos años, cuya endeblez argumentativa es palmaria y sólo apta para convencer a quienes no necesitaban demasiado convencimiento, porque Cuba, en realidad, importa a la Unión Europea más bien poco o más bien nada. He ahí el por qué se deja que sea España, desde una lógica poscolonial, la que se ocupe de moderar las políticas con La Habana. Una decisión de veras lamentable, porque José Luis Rodríguez Zapatero tiene un problema de esos que sólo en contadísimos casos consigue convertirse en virtud: su tenacidad para perseverar no en el ensayo, pero sí en el error. La ha practicado con creces en política interna y también con rotundo énfasis en política exterior. Parte, su contumacia en el error, de un vicio fatal: está convencido de que puede reinventar la política.

La decisión de levantar las sanciones impuestas a Cuba tras la ola de detenciones de 2003 fue motivada por la desidia propia de quien se cree capaz de transformar el agua en vino a fuerza de diálogo, cooperación y demás señas del ''buenismo''. Sus impulsores olvidaron a sabiendas que la función de esas sanciones, como la del embargo norteamericano, es esencialmente moral. Ambos, sanciones y embargo, no han contribuido a la evolución democrática del régimen de La Habana, pero dicen a los cubanos, quiéranlo oír o no, créanselo o no, que viven bajo un régimen anómalo y que las democracias occidentales no van a tratar a ese régimen como a un igual. No son, pues, cuestiones a medir a partir de su eficacia, porque eficaz aquí no es ni una cosa ni la otra.

Es por eso que ahora, cada vez que Moratinos o sus emisarios consulten a La Habana acerca de los avances democráticos, escucharán aquel ''vuelva usted mañana'' con que tituló su célebre artículo sobre la desidia española Mariano José de Larra. Y su lógica del ''ensayo y error'' revelará entonces su necedad, como ya muestra su amoralidad.

* Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España. eltonodelavoz@gmail.com

 

 


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