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25 plus 25: pensando la nación
06-06-2008, Grupo Consenso

Una discusión –a veces con cierto aire público, no sólo nacional- se ha venido produciendo en Cuba a lo largo de un año. Desde la controversia generada en 2007, a propósito de la censura revisitada –el posible regreso al plano cultural de los censores culturales en la década de 1970–, hasta el VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la definición de este debate ha insistido en un eje y en un marco: el intelectual revolucionario y la defensa de la revolución cubana.

Esta relación entre una condición intelectual y un proyecto ha implicado, por casi cincuenta años, un compromiso mediatizado de hombres y mujeres de pensamiento con las dos dimensiones mayores que conforman nuestras identidades: la nación y la sociedad, lo que les lleva, invariablemente, a una proyección conceptual, cultural y estética a través del discurso que emana de la revolución como fuente de derecho y como posibilidad de y para el saber, por un lado, y la puesta en duda de dicha legitimidad, por el otro.

Para este intelectual revolucionario, por tanto, Palabras a los Intelectuales ?el discurso con el que Fidel Castro marcó la relación posible entre el pensar y el poder? sigue siendo (aunque hoy de manera mucho más controvertida incluso en los medios institucionales y una porción de creadores cubanos) la referencia básica y el significante mayor para construir su imagen estética, su proyección ética y sus vínculos con la nación, la tradición y el Estado. Cabe admitir que ha ocurrido, en los últimos tiempos, un ligero cambio del intelectual revolucionario dentro de los límites infranqueables –límites que precisamente socavan su condición de “intelectual”, pues en sí mismo, esta cualidad se debe a la libertad de acción y pensamiento– de su proyección política: la crítica posible a la trayectoria de la revolución cubana, que le ha permitido subir un peldaño necesario para aproximarse a los retos, desafíos y problemas ?tres momentos distintos de un mismo proceso tenso? que confrontan la nación y sociedad cubanas.

Esta salida, precaria y poco sistemática, y operada desde las instituciones político-culturales del país, es un hecho, sin embargo, potencialmente positivo para construir las plataformas imprescindibles hacia el diálogo múltiple, plural y polifónico en vista al completamiento del proyecto nacional, o más bien, la diversidad de proyectos nacionales que pueda arrojar el debate. Tiene también efectos incalculables sobre la diversidad de miradas, enfoques y estéticas que vienen desde abajo, desde dentro y desde fuera de Cuba. Hay que subrayar que fuera del juego institucional de las profesiones llamadas liberales en Cuba, una buena parte de los artistas e intelectuales dentro de la isla no pertenecen a instituciones como la UNEAC o similares; sin contar que en el exilio habita la otra parte sustancial de la “inteligencia” cubana, sea en su forma académica, sea en su forma artística y política, así como en la ciencia, la sociología y otros discursos.

El Congreso de la UNEAC, el epílogo de un debate para relanzar el compromiso desde el pensamiento y las sensibilidades revolucionarias, muestra los límites conceptuales de ese posible y necesario diálogo dentro de las compuertas que impone la identidad circular, persistente y anómala entre nación-estado-revolución. Ello, si bien reanima la ilusión en un discreto sector de la población y de los intelectuales de que la revolución cubana puede reconducirse y recuperar su aliento, reproduce las tensiones que provoca toda identidad forzada, y refuerza los peligros y el agotamiento que dicha identidad ha producido, durante casi 50 años, para la nación cubana. La pregunta fundamental ahora es si la nación puede recuperar su rumbo desde la revolución ?un concepto, con sus procedimientos, que resulta estrecho para afrontar los conflictos del país y para asumir las identidades profundas de nuestra cultura?, o si la nación debe reencauzarse desde sí misma en otras aperturas políticas.

La percepción global más compartida en todos los extremos del debate es que, como entidad nacional, Cuba puede disolverse en los brazos de una revolución fallida por la confluencia de tres conflictos: el de identidad con sus fundamentos y símbolos; el de actualización y vigorización del pensamiento y el de la capacidad para gestionar el bienestar de una sociedad críticamente posmoderna y envejecida. Todo lo cual pone a flote la discusión sobre las metas básicas de la sociedad, los procedimientos de relación social, económica, cultural y política, y la representatividad del Estado.

En un momento histórico como el que vive Cuba, la perspectiva más urgente es la de disolver suavemente unas identificaciones que sirvieron bien y legítimamente a la coyuntura emergente de completar la independencia nacional, pero que han puesto en peligro el completamiento de la nación. Y en un sentido clave, esto sólo se puede lograr desde la liberalización y democratización intelectuales, descontando, por supuesto, que tal liberalización debe ocurrir parejamente en el sector económico. ¿Qué significa esto?

Aprovechar la oportunidad histórica, de tranquila normalización política del país, para reconducir Cuba desde los cubanos y repensarla desde su diversidad constitutiva: un modo de completar la nación en la confluencia de sus segmentos plurales.

En tal dirección es legítima y necesaria, hoy, la autolocalización de aquellos intelectuales que aún sienten una conexión vital -ya como asentimiento reformista, ya como reacción tajantemente negadora, ya como afirmación directa de la revolución- con el “imaginario” de la revolución cubana. Pero, para los desafíos actuales y futuros es imprescindible, conceptual y éticamente, el afianzamiento de las identidades asumidas para la autenticidad de un debate inevitable. Tal derecho y legitimidad serían parte de un debate que pedimos pueda realizarse en ámbitos pacíficos de discusión, y no en contracturas políticas violentas que precisamente pueden truncar de raíz cualquier “recurso intelectual” en el diálogo y la construcción de la nación.

La víspera de medio siglo, independientemente de nuestra circunstancia crítica, demanda recuperar otro eje y otro marco, inscritos en la tradición del pensamiento en Cuba: el intelectual cívico y la república cívica que alojaría naturalmente a dicho intelectual. Y la posibilidad de que la crisis histórica se esté produciendo sin crisis política, abre la oportunidad para que por primera vez se estructure un diálogo productivo entre todos los intelectuales cubanos sin menoscabo de alguna de sus tipologías para cimentar las bases del completamiento de la nación; mirando, desde disímiles perspectivas, a sus fundamentos y a su itinerario.

El Grupo Mediático Consenso (GMC), un proyecto cívico y cultural, habría esperado la culminación del congreso de la UNEAC, en este momento de mutación histórica, para lanzar su propuesta, 25 plus 25: pensando la nación, ?cuya matriz fue idea de uno de los más prominentes poetas cubanos de hoy?, a través de la cual un grupo de intelectuales, pensadores, académicos y cubanos en las más diversas profesiones, y en los más diversos modos de pensar, expondrán sus visiones en torno a cuatro preguntas que implican al proyecto inconcluso de la nación cubana. El dossier, resultado de esta consulta, junto a otros artículos de políticos e intelectuales de otras partes del mundo, formarán el contenido con el que relanzaremos la Revista Consenso, ahora con una proyección global.

A diferencia del intelectual revolucionario, el intelectual cívico carece de suficientes anclajes y espacios públicos centrales que articulen sus preocupaciones y propuestas, con toda la coherencia que demanda la nación cubana y la reconstitución de sus valores. Las razones de esto, que van desde el desencanto posmoderno con el concepto de nación hasta el desencanto con la política y el papel esencial de los intelectuales en la discusión de sus cánones, experimentan una reconsideración en varios círculos que solo puede ser provechosa para Cuba y su futuro. El GMC intenta articular uno de estos centros posibles para el intelectual cívico, ofreciendo un anclaje interno, esperamos que no el único, desde donde seguir reconstruyendo ese imaginario propio sobre la nación cubana ?la revista Encuentro y la primera Vitral constituyen esfuerzos seminales en esta dirección? y ese lugar de responsabilidad intelectual con los futuros necesarios de nuestra comunidad de pertinencia y pertenencia, estemos donde estemos.

La necesidad de articulación del espacio público para el intelectual cívico va de sí. Todo aconseja un reagrupamiento alrededor de pautas flexibles de quienes hacen un esfuerzo de pensar Cuba casi aisladamente. Los proyectos eventuales han generado riquísimas reflexiones y aportes fundamentales, pero no un proceso sistemático, tanto simbólico como creativo, que dibuje esa necesaria república cívica de las letras y el pensamiento, aunque, sin embargo, tanto en Cuba como en el exilio numerosos proyectos y pronunciaciones “intelectuales” marcan la posibilidad de dicha república, que no sería sólo república de las letras o de la “inteligencia”, pero que sí necesitaría de un espacio público donde tenga lugar tal dinámica política e intelectual.

Con 25 plus 25: pensando la nación, la Revista Consenso intenta contribuir a la animación de un compromiso ético desde la intelectualidad cívica, con pautas flexibles y con la plataforma plural que, consustancialmente, fundamenta toda aproximación cívica desde las ideas y la estética. Semejante propósito intelectual abre dos opciones prácticas y electivas. Cuando en el mes de junio presentemos el primer número de 2008 de la Revista en el Foro de Consenso, adelantaremos entonces el propósito de realizar un evento anual interactivo de intelectuales, pensadores y académicos, de dentro y fuera de Cuba, con el nombre de: Pensando la Nación, con el propósito de mantener activa y fecunda la reflexión y el compromiso con un proyecto de nación que se rehace continuamente: un modo de otorgarle un impulso sistemático a una articulación intelectual urgente.

La segunda opción es la de poder participar en un proyecto estratégico para el futuro de Cuba: La Mesa de Perdón y Reconciliación que un grupo de cubanos, sobradamente comprometidos con estos conceptos, estamos creando gradualmente. Ya sea como miembro de esta Mesa o como consultor, los intelectuales, tanto cívicos como revolucionarios, podemos hacer un aporte necesario y clave para desbrozar el camino de una nación inclusiva y de consensos básicos desde la diferencia.

Las cuatro preguntas a responder en el proyecto 25 plus 25: pensando la nación son simples, pero estratégicas, para la apertura de toda reflexión cívica sobre el futuro. Desde luego, la participación en esta consulta no presupone, necesariamente, filiación política o ideológica alguna de parte de los participantes. Es esta una consulta abierta a todos los pareceres ideológicos y a los que no se reconocen o reclaman dentro de alguna ideología, lo que implica la discusión de esta propuesta desde sus propios enunciados. Una propuesta en la que criterio y propósito coinciden: pensar la nación.

La respuesta a cada una de las cuatro preguntas no debe exceder una cuartilla, a dos espacios y con fuente 12. Las respuestas deben entregarse antes del 25 de junio al siguiente correo: gmconsenso@gmail.com Como expresamos anteriormente, el dossier será publicado en junio en el relanzamiento de la Revista Consenso tanto en versión impresa como digital.

Preguntas

1 Si Vd. cree en la posibilidad de la nación cubana, ¿cómo imaginar entonces ese proyecto de nación?
2 Cuba y los Estados Unidos han definido una relación histórica negativa y agónica que de algún modo han determinado o sobredeterminado la condición existencial de la isla. ¿Cómo se puede reconstruir una relación histórica que permita, si lo cree posible, un imaginario nacional inclusivo tanto a nivel simbólico como cívico?
3 Pensar al intelectual en Cuba es definirlo orgánicamente. ¿Cuál es el papel que Vd. cree deben tener los intelectuales en el presente y futuro de Cuba desde su propia tradición?
4 En una república cívica, el ciudadano constituye el sujeto primordial de activación política, ¿cómo se concibe o debe concebirse al intelectual en este escenario y cuál debe ser su vínculo con el resto de los ciudadanos?

Le invitamos a participar.
29 de abril de 2008

Grupo Mediático Consenso
Leonardo Calvo Cárdenas Director General
Mara Michelle, Subdirectora General
Lázaro Besada Toledo, Editor Jefe Revista Consenso.

Animadores 25 plus 25
Rolando Sánchez Mejías
Manuel Cuesta Morúa


 


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