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Europa unida e inestable; USA siempre expectante.
05-10-2006, Miguel Leal Cruz

Recordamos que en los Estados Unidos de América, hace ahora dos años, las últimas elecciones presidenciales (ahora con renovación en cámaras) no siguieron el dictado del corazón de la mayoría de sus votantes y reeligieron a Bush en detrimento de Kerry con mayores razones para el triunfo en un momento polémico de la política económica interna, siempre agravado por los nefastos acontecimientos en la guerra de Irak por aquellas fechas (ahora parece peor). El americano conservador “a lo Hearst” optó por lo práctico y no perder ni un ápice del caudal acumulado como protagonista mundial, bélico o económico, ante Europa fundamentalmente, que tal vez se hubiera puesto en peligro con Kerry a la vista del programa electoral para su política xterior (la provincia francófona-canadiense de Quebec, jamás será independiente o pro-europea...)

¿Por qué el votante USA actuó con inteligencia? Por miedo al progreso económico y competencial de la Unión Europea en constante expansión en todos los órdenes y que la previsible presidencia de Kerry pondría en entredicho. Igualmente, la administración de ese gran país seguirá influyendo, con diversa metodología, para que aquel territorio con mayor connotación europea (francesa) jamás supere un referéndum que le colocaría bajo un dictamen económico ajeno a la fórmula anglosajona en Norteamérica y en todo el mundo.

El comentarista internacional español Enrique Vázquez, pone el dedo en la llaga (como dijo Castro) en aquel momento cuando en uno de sus artículos recientes dice que el Gobierno de Washington siempre ha deseado “el descarrilamiento” del proyecto federal europeo, ya desde la época de Henry Kissinger, por considerarse nuestro proyecto una mezcla de escepticismo combinado con buena intención, pero con potencial peligro para ellos, como así ha ocurrido. Pero la aceleración del proceso, la ampliación a países del Este, antiguos enemigos, incluso integrantes en la OTAN, hacen que la política de Bush, una vez disminuido el interés por la integración de su socio turco, sienta plena satisfacción con el “no” francés y belga, para su propia política económica y de competencia internacional en un peligrosos momento de caída por excesivos costos en las guerras de Afganistán e Irak.

Sin embargo, nuestra Europa parece actuar con negligencia y, efectivamente, dos de sus socios fundadores: Francia miembro fundamental del Tratado de Roma (1957) y Holanda (que con Bélgica y Luxemburgo, Benelux, suprimen fronteras desde 1944), hacen una especie de harakiri electoral en un momento decisivo de esa preconizada Unión Europea. Un proceso con vieja y dificultosa pero encomiable trayectoria, cuyos efectos se aprecian, ahora, se traduce en la disminución de la paridad con enorme satisfacción de norteamericanos entre dólar y euro en perjuicio de nuestra moneda que había remontada a aquella en más de un 30 por ciento. Pero se insiste en la parte polémica y política que da lugar a esta contención del proyecto. El Partido Popular lo achaca a la alianza con perdedores “a priori” Francia y Alemania (fundadores esenciales), frente a ganadores efectivos que según Rajoy son Inglaterra y Estados Unidos, o mantener los caducos acuerdos de Niza.

En principio, las causas de aquel aparente rechazo constitucional no parece que afecte los cimientos estructurales de la Unión y más bien se deben a razones puntuales (incluso de política doméstica) y claro “aviso a navegantes” para que así puedan ser subsanados, en una próxima reforma, aspectos básicos fundamentalmente sociales, en especial laborales derivados e la inmigración en alza y los de la pérdida real de identidad nacional. También al temor de la entrada de países de mayoría islámica como Turquía, o Chipre en la lista de aspirantes junto a otros. Previsiblemente se contabilizará una mayoría de países (integrados a partir de 1970) que ratificarán la Constitución frente a otros fundadores y más ricos: Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, incluso Alemania pero no Italia. Todo a la espera de aquella necesaria reconsideración social y de inmigración en próximo articulado para llegar a un nuevo consenso que recomponga el Tratado de Niza (que ahora provisionalmente se habrá de retomar).

No es la primera vez que han surgido problemas en la consolidación de una Europa unida (en beneficio cuantificable para todos los países que la integran), puesto que han sido muchos y variados, desde aquella fundación hasta el tratado de Maastricht (1991) que fue rechazado por Dinamarca en 1992 (previsiblemente también ahora), pero que logró, previo a la oposición de Francia y Reino Unido (para impedir la entrada de España y Portugal), consolidar la unidad monetaria, cohesión social y política exterior y de defensa común para los países miembros, 15 en 1995, a pesar de la crisis económica y monetaria del momento, aspectos superados felizmente.

¿Y Canarias, qué? Sabemos que las ayudas comunitarias, especialmente agrícolas, sociales e industriales, disminuirán considerablemente el próximo año. El cultivo del plátano (fundamental en La Palma y Tenerife) está abocado, por falta de competitividad, a su desaparición y, por tanto, precisa reestructuración o sustitución paulatina por otros cultivos alternativos: caña de azúcar, tabaco, aguacates, flores, entre otros, bajo directiva estatal y comunitaria.

El Gobierno canario, conciente de aquellos obstáculos que nos depara la situación por que atraviesa la Unión Europea, hará uso de la máxima preocupación como objetivo político en los próximos años, con la imprescindible ayuda y colaboración del Gobierno español que ya conoce la problemática del futuro inmediato a sumar la reconocida caída del turismo, agricultura y pesca. Se supone que se replantearán políticas de carácter internacional, aprovechando la situación geográfica tricontinental de Canarias, que permitan una relación comercial y portuaria intensa, incluido el atractivo de la fiscalidad, y así paliar aquella situación poco atractiva que se avecina.

Y sobre todo mejorar la política turística en unos momentos de climatología adversa para Europa (y otros lugares de obligado destino turístico en el planeta), haciendo uso de aquella memorable afirmación de Alejandro Von Humboldt en su visita al Valle de La Orotava: Canarias (en general) tiene el clima mejor del Mundo. Y es en realidad cierto y fácil de comprobar para quiénes visiten y gocen, además, de nuestros esplendorosos paisajes también únicos y con diversa variedad en su atractiva orografía.


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