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Cuba, la isla que soñamos
08-05-2008, Ogsmane Lescayllers

La Cuba por la que soñamos, pensamos y trabajamos, tiene que ser una nación en la que cada hombre sea libre, piense y actúe con arreglo al derecho y, donde la democracia, no sea una mera cita de urnas, sino un triunfo de la justicia, refrendado por el voto de todos los ciudadanos con derecho a hacerlo.

Ninguna constitución puede, ni debe tener a un partido como garante de alguna de sus partes y, mucho menos, donde se exprese explícitamente, que en ese partido es donde radica la soberanía nacional, porque entonces se pierde el sentido de la letra de dicha constitución.

Entre los vaivenes por los que se mueve hoy la política cubana, guiada, centrada y operada por un solo partido, no hay espacios para hablar de libertad y democracia, porque los cambios cuando se hacen dentro y sólo pretenden reformar su patio interior, únicamente buscan el triunfo personal y el afianzamiento de los ideales de ese grupo.

Según dicen sus valedores, el Partido Comunista de Cuba es fuerte, sólido como el Cagüairán, sin embargo, eso no es lo que se demuestra a la vista de los demás. Porque cuando se es fuerte, se actúa sin miedos, aunque es lógico que exista cierta prudencia.

El próximo congreso que anuncia el general y actual presidente Raúl Castro Ruz, con vista a fortalecerse, no es una medida a favor del pueblo, sino en beneficio del Partido único y eso es lógico, pero hay otros partidos, grupos, ideas e intereses políticos dentro y fuera del país que necesitan también un espacio libre donde se les permita hacer lo mismo.

Hay personas que piensan que cuando llamamos a abrir una vía para el cambio, es porque esa persona que propone, es un enemigo jurado del pueblo cubano, del gobierno o las instituciones y, por ende, es un vendido al imperialismo norteamericano, desde luego que eso no es así. No confundamos las cosas. No nos dejemos arrastrar por los falsos patriotismos, por el fanatismo personalista, ni por la ignorancia. Sin crítica social no hay desarrollo social. Sin diálogo y aperturas no hay encuentro posible y, un diálogo de iguales, que no entre iguales, donde todo está perfecto, más temprano que tarde acaba en rutina y de esta al estancamiento.

El pensamiento único es dañino porque sólo nos indica una sola perspectiva y las naciones, para configurarse en lo que son, tienen que estar abiertas a muchas formas del pensar, para que se abran los campos de operaciones en beneficio de la sociedad en la que se vive.

No está mal ser poeta de otoño, lo triste es no serlo de ninguna estación, o vivir en el limbo esperando que vengan otros a enmendarles el tejado.

Ha de tenerse en cuenta que los hombre del 59, por más que se esfuercen, por más que quieran, ya no son los mismos de entonces; sencillamente porque sobre ellos ha caído el peso de los años y aunque como explica la neurología, el proceso neuronal es un fenómeno raro que no siempre, con el paso de los años inhabilita al ser, pero en un alto por ciento de sus víctima son aquellas personas con edades avanzadas; por eso, el cambio y la búsqueda de lo nuevo. Desde luego, lo nuevo no vale por nuevo ni lo viejo deja de valer por viejo, sino porque hay unas formas de vivir y otras para interpretar los tiempos.

Cuba, los cubanos, de adentro y de afuera, necesitan una nueva forma de vida y también, aparejada a ella, nuevas maneras para interpretar los tiempos.

La solución es Cuba y sólo Cuba. Nadie nos dará lo que no tiene para él. Nadie nos traerá la libertad y el cambio que necesita la nación.

El peligro de una debacles en el país no vendrá de ninguna potencia extranjera por muy bravucona que esta sea. El peligro está en esos ciudadanos que confunden la patria con su coto, o aquellos que piensan que el único pensamiento verdadero es el suyo y prohíben a los demás pensar y hablar.

Ningún cubano debe arrogarse el derecho de serlo más que otro, por razones políticas o por encontrarse fuera del territorio nacional. Martí, quien es parte de todos nosotros lo dejó muy claro. Decía: “la patria es de todos, y es justo y necesario que no se niegue en ella asiento a ninguna virtud”.

Si los que hoy gobiernan en Cuba, aunque estemos en desacuerdos con ellos, enmiendan los males de ayer, es justo que reciban nuestra aprobación y aplausos. Pero si no lo hacen y sólo miran para ellos y todo sigue igual es de derecho que reciban nuestras más acendradas críticas, sin agredir ni ofender a nadie.

El que escribe estas líneas no está en contra de nadie; ni sueña con paraísos, ni pretende zaherir con sus palabras a ninguna persona. Por naturaleza y por su propia formación intelectual es contrario de todo tipo de guerra, sometimiento, violencia, esclavitud, terrorismos, embargos, bloqueos y todas esas calamidades.

En un país donde los hombres no pueden pensar ni hablar, y si lo hacen los mandan a la cárcel, los echan al destierro o los fusilan, las cosas tienen que cambiar radicalmente para que reine el estado de derechos.
Quien pida ese cambio, quien luche pacíficamente por ese cambio, por que entiende que es lo mejor para todos, no hay por qué mandarlo a buscar la democracia a los parque de New York, o a husmear en los calabozos que el Gobierno de George Bush, presidente de los Estados Unidos, tiene en la Base Naval de Guantánamo, porque Guantánamo es también parte de una herida por la que hace muchos años que sangramos. De la misma manera que sangramos por las miles de personas que han dejado sus vidas en el Golfo de México, huyendo de la situación imperante en la isla, o por las miserias humanas de quienes dicen llamarse demócratas y aplican sobre otros pueblos la ley del talión.

Como cubanos, es y debe ser nuestra responsabilidad y obligación, pedirles a los gobernantes que no se distraigan fortaleciendo, o buscando más poder para su partido, o que sigan dando palos de ciegos, intentando parchar la maltrecha economía de la isla con medidas de tipo recaudatorios, sin permitirles al pueblo expresarse en libertad.
Si alguien no se indigna con esto y lo ve como algo revolucionario y aperturista, entonces será más grande mi dolor, porque me doy cuenta que no sólo tenían al pueblo secuestrado, sino algo peor, idiotizado.

De la misma manera que estoy en desacuerdo con la Guerra de Irak, el Embargo unilateral de los Estados Unidos contra Cuba, las masacres de Israel contra los palestinos, la violencia y el terrorismo en todas sus manifestaciones, la xenofobia y expulsiones masivas de inmigrantes hambrientos, las mentiras y la extorsiones, los regímenes dictatoriales, las dictaduras y todas esas insolencias que habitan el planeta, de igual modo, estoy totalmente en desacuerdo con la inoperancia, el inmovilismo, el unipartidismo y las faltas de libertades, derechos y democracia que existen en Cuba. Y creo que esto no debía disgustarle a nadie, sino todo lo contrario, debía, si realmente se siente hombre, sentir vergüenza por mostrarse impasible frente tantas afrentas y desmanes.

Cuando lo pueblos luchan civilizadamente por preservar sus recursos naturales, las riquezas de cultura, la felicidad de su gente, ahí estaremos con ellos, para hacer un brindis por el sol.

*Publicado en Xornal.com

 


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