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Santones capitalistas
09-04-2008, Luife Galiano

Decían los incrédulos que el Yayabo no salía más. Pero el Yayabo está en la calle, con su último detalle y su ritmo sin igual. Es el santón capitalista que, como la farola que lidera la comparsa, viene arrollando. ¡Y de qué manera!
Cuanto más arrecian las críticas contra la represión y el totalitarismo, más proliferan estos bonzos capitalistas exhortando a los inversores a que depositen sus mermados ahorros en un país en el que la práctica de los Derechos Humanos es calistenia obsoleta.

Publicitan su hare krishna particular incitando a la inversión, cotizan sus acciones en las bolsas más prestigiosas y confían en que los EEUU retiren el embargo y que Raúl Castro —Asere Supremo Empresarial— tome las medidas que liberen al país del dominio estatal.

Hace falta ser ingenuo para pensar en semejante conjunción cósmica. Un conocido entrenador de fútbol dijo una vez, al pedirle un cambio de opinión, que antes verían volar cerdos a que él cambiase. Pues bien, queridos inversores del ladrillo devaluado, huyan de esos cantos de sirenas y de los promisorios anuncios de rentabilidad si en algo valoran sus ahorrillos, salvo que ya tengan el beneplácito de Moncloa para cargar sus pérdidas al Cesce; agencia de seguros estatal que todos financiamos con nuestros impuestos.

Dudo mucho que en las actuales circunstancias, el gobierno norteamericano vaya a levantar el embargo, pero de lo que sí estoy seguro es que el dactilado sucesor no se apeará del burro ni cederá el control del aparato que lo amachambra al poder.

Pero si tú, inversor de tristes miserias que me lees —así hablan las mujeres que dan consejo por radio—, sigues embelesado por el Yayabo arrollador, toma nota de los avatares que nos brindan estos santones azafranados del patrón oro:

Sabido es y así lo pactan, que las oportunidades de empleo nacional pasan por engrosar las filas laborales de las inversiones de esas empresas a través de las ETT —Empresas de Trabajos Tergiversados— en manos del Estado cubano; algo en extremo muy preocupante. Los trabajadores no pactan su contratación en libertad sino por vía interpuesta; primera contradicción con los procedimientos establecidos por la OIT. Tampoco negocia su sueldo sino que éste viene establecido, en dólares y entre el Estado cubano y la empresa en cuestión, para depositarse en las arcas del Tesoro el cual le abonará al empleado un sueldo veinticuatro veces más bajo.
No está mal. El Estado padrecito nos alimenta con pancito. Ese sueldo de primer mundo y en moneda de general aceptación en el orbe civilizado, no revierte al empleado sino al Partido/Estado/Gobierno —administrativo monstruo de Frankenstein— que, goloso, se zampa la merma del trabajador amén de la diferencia en cambio realizada en la transacción. No está mal. El obrero cobra en pesos y el inversor paga en dólares —el incombustible fula— eso sí, a cambio de prebendas remuneradoras de su silencio. No es de extrañar, por tanto, que el Yayabo haya salido liderando la conga capitalista.

Tampoco es importante, parece, que los ciudadanos hayan sido estafados por el gobierno. Este se auto-exculpa y al inversor no le importa. Él cumplió su parte. Si el dictador avasalla, ese no es su problema. Con mantenerse arropado en la túnica azafrán adoptando el reglamentario silencio kármico, ha cumplido de sobra.

Y, mucho menos, les quita el sueño la actuación ilegal. Se ciscan en la OIT y pisotean los contratos nulos por los que se rigen y benefician. Es el Yayabo arrollando en su máximo esplendor.

Además, son indiferentes a las necesidades sociales del país en el que invierten. Eso, en definitiva, es práctica común en la ética marcada con el petróleo, el oro, los diamantes, la seda, las especias y un largo y tendido recorrido sin fin. Ahora monopolizan el Sol y, no nos engañemos, al mejor país de América Latina y llave del Golfo. No en balde dijo la Corona española en su día y Cuba la exhibe en su escudo nacional: “Quién posea Cuba poseerá la llave del Golfo”. Mientras en Cuba continúe el terror, la América hispana será el falansterio de la corrupción, del terrorismo, del latrocinio y de cuantas enfermedades de transmisión mental emanen de sus posturas.

Por eso, sufridos cuentacorrentistas, ataros como Ulises al palo de mesana y huid de los cantos de sirena; del guaguancó que lidera el Yayabo opresor. ¿Invertirían ustedes en un país con un gobierno dictatorial en el que se reprimen los Derechos Humanos, que exportan revolución y que encarcelan a las personas que piensan diferente? Hay otras formas más honradas de ganar dinero, créanme.

Los progresistas, señores tan sensibles a los fascismos, que arriman su conga contra la guerra, o porque no se puede abortar en libertad, corren como erotizados monigotes a invertir su dinero en semejante empresa. El soma obrero-español les ha invadido las neuronas con las incoherencias propias de un estado alterado de conciencia.

Vean si no las declaraciones suscritas por los empresarios gallegos en Vigo. Se les debe haber subido el Ribeiro a la cabeza ante futuros recaudos para la buchaca o sufren la ciguatera propia de la ingesta de afrodisíacos marinos preparadores de deleites color canela.

Victor Moro —presidente del Club Financiero de Vigo— comentó, supongo al borde del coma etílico: “[El] principal atractivo [es el] vínculo emocional, histórico y de lengua…” ¿Se refería al uso dictatorial de la monolengua galifarda de una comunidad bilingüe confundiéndola con la que se habla en Cuba? O, tal vez, sea esa lengua referida al emocional ósculo a tornillo que le otorga cada día a la Revolución. Este señor, en el paroxismo de la avaricia, cerró su disertación recalcando: “… y eso sin apoyo oficial. Los empresarios no tienen recelo por el régimen político, porque el dinero busca la rentabilidad”.

Por favor, Sr. Moro, no beba. Son esta clase de palabras las que traerán las futuras tempestades. Usted terminará preguntándose ‘Cómo fue’ y no como lo hacía Beny Moré, sino como un defraudado más de la aventura cubana cuando implore justicia ante el Tribunal de La Haya. Al tiempo, Sr. Moro. Al tiempo.
Vaya empresarios de pacotilla que les importa poco cómo se comporte un régimen político si se obtiene la rentabilidad esperada. Lo que usted defiende en este ‘Comercio Justo’ —lo califica así su progresista proceder— es la perpetuación de las injusticias humanas. Este comportamiento empresarial no va a generar crecimiento ni desarrollo sino una desaforada especulación que sumirá a Cuba en un desequilibrio económico añadido a los mentales que ya campan a sus anchas.

En vez de construir hoteles a mansalva y alicatar hasta el techo a la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto, inviertan sus euros y sus dólares en derribar las cárceles cubanas y liberar a los presos políticos y de conciencia que se pudren en ellas porque no están autorizados a pensar. ¡Claro!, como eso no da dinero ni busca la rentabilidad…

En fin, qué se puede esperar de estos santones capitalistas más que se abracen al Yayabo, farola sostenedora de congas y borrachos, y griten un viva a las cadenas.


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