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EL COMUNISMO DE RAÚL
06-04-2008, Jorge Hernández Fonseca

El progresismo izquierdista mundial se ha despertado de pronto ante una pesadilla post sueño. El socialismo cubano que defendían con tanto ardor, anunció al mundo una noticia surrealista: el gobierno comunista de la isla, como parte de los ‘cambios’ anunciados por Raúl, levantará la prohibición que pesaba sobre todos los cubanos de no poder comprar medicinas en las farmacias de su elección, sino solamente en las de su barrio, como estipula el manual comunista nacional; (medida tomada probablemente para evitar una ‘invasión norteamericana’).

Más ridículo que ese ‘levantamiento de condena’ de la dictadura es difícil de imaginar, sólo comparable con la cara de estúpidos que ofrece la fauna de defensores del régimen cubano en el exterior cuando se les pregunta al respecto. La respuesta, naturalmente es, “yo no lo sabía”.

Fuera de Cuba hemos visto a un locutor de CNN estupefacto con la noticia de que el gobierno comunista cubano permitiría en adelante a los nacionales poseer un teléfono celular, comprar un simple televisor, o un horno de microondas (¡?) y que se levantaría la prohibición draconiana gubernamental de los criollos no poder hospedarse en los hoteles de la isla. ¡Es un bochorno!

No ha bastado medio siglo de denuncias de cubanos exiliados en los cuatro confines del mundo. Nadie valora en su verdadera magnitud las medidas coercitivas del régimen de oprobio que padecemos en la isla. Pero a la fauna izquierdista mundial le falta todavía mucho por ver, la macabra y larga lista de prohibiciones y discriminaciones sólo está en sus inicios.

Es evidente que cada hilo que se desata del terrible nudo que la dictadura ha tejido en el cuello de los cubanos, es un eslabón adicional hacia la libertad. Cada paso en el camino de la liberación, por insignificante que parezca, es un avance en la vía necesaria de la libertad de Cuba. Las limitaciones que los cubanos padecían con familiares enfermos, al estar atados a una farmacia, no es una medida aislada, es la manifestación del espíritu de sometimiento que la ideología de la dictadura impone en cada célula del cuerpo social cubano, para someterlo.

Es en ese sentido que, para tratar de hacer menos catastrófica la vida de los cubanos dentro de la isla, la eliminación de las miles de ridículas prohibiciones que la dictadura encabezada ahora por Raúl se ha propuesto hacer, hay que tomarla como parte de lo que anhelamos todos los cubanos demócratas: dotar a nuestro pueblo de una vida más digna… y también libre.

 

La esencia de la dictadura cubana no va a cambiar y eso lo han dejado claro los principales personaros del raulato. La dictadura comunista tiene como paradigmas el control por parte del estado de la vida política y económica cubana, como base esencial del esquema comunista de gobierno. Por eso el castrismo cubano prohibió todo lo que pudo en la etapa de Fidel, de medio siglo de duración. Las prohibiciones del anterior dictador no eran casuísticas o accesorias. Eran el método usado para mantener el control estatal total sobre los ciudadanos en la isla.

Las prohibiciones para la compra de televisores, está relacionada con la imposibilidad de comprar de teléfonos celulares y esta a su vez con la libertad de elegir farmacias para comprar medicinas. Por infantil que parezcan estas prohibiciones, ellas forman parte de una red prohibitiva, que en Cuba fue parte integrante del sistema de control de los hermanos Castro.

No permitir que los cubanos accedan a los hoteles, por ejemplo, tiene por objetivo impedir el contacto íntimo de la población cubana con el huésped extranjero, aunque la dictadura diga que las causas están relacionadas con evitar el establecimiento de la ‘desigualdad’, a partir que hubo necesidad en la isla de admitir que algunos cubanos ganaran más dinero que otros y que estos pudieran tener acceso a los hoteles, considerándolos una minoría “explotadora” tolerada.

Los demócratas sabemos que la principal arma de la sociedad democrática es la libertad. Es absurdo que después de la Revolución Francesa de 1789 haya ciudadanos a los que el estado tenga que decir en cual farmacia tienen que comprar sus medicinas por el resto de sus vidas. Que les impidan iniciar negocios honestos para colocar en ellos el talento que les permitirá dar su aporte a la sociedad en forma de generación de empleos, sin tolerar que un estado todopoderoso bloquee la iniciativa privada y limite la libertad general de sus ciudadanos.

No es mi objetivo en este análisis criticar el levantamiento que Raúl promueve respecto a las prohibiciones que Fidel Castro implantó en la isla para mantener su control sobre la sociedad. El régimen dictatorial --tanto el de Fidel como el de Raúl-- apoyado en la filosofía marxista leninista, mantendrá la dictadura contra las libertades fundamentales de los cubanos, aunque les permita comprar televisores o hospedarse en hoteles, lo que sabemos no muda el carácter represivo y dictatorial que padece el pueblo cubano, aunque haga más ‘llevadera’ sus vidas.

La autorización a los cubanos de comprar electro-electrónicos por parte de Raúl, así como la autorización a hospedarse en los hoteles cubanos y comprar teléfonos celulares, tiene un componente que compete al exilio. Como los cubanos no ganan dinero suficiente para hacer esos gastos, se estima que deberían ser los exiliados cubanos los que envíen más dinero a sus familiares en la isla, lo que evidentemente pudiera ser adecuadamente controlado por el exilio.

Raúl --los cubanos lo sabemos-- es un comunista convencido. No hará nada que implique incentivar la libertad en sentido general, de manera a poner en peligro el régimen totalitario de que disfruta como mandamás. Sin embargo, él quiere popularidad a través de la suspensión de algunas limitaciones puntuales, por ser estas de corte diferente a las prohibiciones (intocables) más profundas, relacionadas con los medios de producción o los partidos políticos. ¡Eso nunca!

La libertad sin embargo es una sola. No se puede liberar al cubano para sentirse dueño de su futuro, sin necesariamente sentir la contradicción entre la libertad de elegir farmacias, teléfonos u hoteles de turismo y la imposición de jefes incapaces en los centros de producción y servicios, o seguir a políticos incompetentes en los esquemas de mando del partido único.

El comunismo que Raúl comienza a ensayar liberando lo que él asume como “superfluo”; entrena sin embargo a la ciudadanía en el ejercicio de lo más preciado del ser humano: la libertad. En este sentido el comunismo de Fidel era más consecuente. Si la sociedad tiene que estar a merced del estado, es el estado el que debe decidir todo en su vida y no solamente una parte. De lo contrario, está sembrándose el germen de la autodestrucción entre los que comiencen a sentir el disfrute de ser hombres libres para elegir farmacias, hoteles o celulares.

Los cambios de Raúl hacia un comunismo con menos prohibiciones que las implantadas por su hermano, no implica una apertura política o económica en la isla y esa es la llave del pedido de la oposición política democrática, deseosa de un sistema que posibilite la libertad, de manera a propiciar la alternancia en el poder político, así como la liberación definitiva de las fuerzas productivas ejerciendo la libertad económica que permita la creación de riquezas en la isla.

La sociedad cubana disfrutará de un estatus mejor y Raúl dará la impresión de que el socialismo puede brindar comodidades al sufrido pueblo cubano. El estado de cosas material mejorará, pero de nuevo se estancará en el siguiente nivel (como sucedió en Rusia) y entonces sobrevendrá el reclamo por más ‘cambios’, hasta, en un proceso que ya se divisa largo y turbulento, pero seguro, alcanzar al final la tan ansiada libertad que los cubanos merecemos.


 


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