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Autarquía & Democracia
01-04-2008, Norge Arvesú Carballo

Después del atraco directo a los bolsillos, en el dictado político se abre paso la siniestra Autarquía (del griego autarchía o gobierno propio, sobre uno mismo) Estatal de Raúl Castro. Urdida en las penumbras secundarias, e impuesta en un programa de gobierno fascistoide del dictador. Que responde a un claro ejercicio estratégico para blindarse del exterior y poder sobrevivir a su propio régimen. El mundo entero contempla el experimento como si no hubieran acumulado más recetas indecentes en el espectro político de Cuba, amparadas en el mal interpretado derecho de autodeterminación de los estados.

La humanidad recoge el testigo del miedo y no actúa en consecuencia. La democracia es esgrimida para algunos en sus países, en su lar, y para los otros y no para sí queda el desamparo de sobrevivir al suceso indigno y reincidente conocido como la revolución cubana. A diferencia del corporativismo clásico de los países occidentales, el actual corporativismo gremial de la economía cubana, engendrado en el vientre de las FAR, es una doctrina de unificación dentro de la administración del estado. Sobre una controlada sinergia se halla una fórmula fascista, esta gravita en las empresas mixtas, en las relaciones laborales con entidades extranjeras, y profesionales en general. Instrumentada como forma de organización socioeconómica por parte del régimen totalitario en el seno de la economía planificada.

El entonces segundo fungiendo como ente autárquico, gobernó al ejército como su feudo personal. Desarrolló los estatutos jurídicos castrenses para autogobernarse y autoadministrarse, pero conforme a lineamientos provenientes de un poder superior compartido. Dejó el plan en una avanzada etapa de corporativismo sofisticado, de rango económico militar, y ahora sólo le resta la jugada final. Con total impunidad ansía extender la macabra experiencia al conjunto de la sociedad. Desea reducir al mínimo la dependencia del país con el mercado libre exterior. Pretende movilizar a todas las fuerzas económicas con el fin de producir las materias primas y los productos agrícolas indispensables, y limitar al máximo la importación y el consumo de productos extranjeros. Aunque sea a costa de reemplazarlos, dentro de lo tolerable por la economía, por productos nacionales de calidad inferior.

La gran intentona es subvenir a todas sus necesidades con un mínimo de intercambios comerciales, rehusando de los capitales extranjeros que le comprometen con el respeto a las libertades individuales y a los derechos humanos. Además se asegura de que las clases obrera y campesina produzcan lo suficiente para abastecerse y mantenerse, sin llegar al exceso de trabajo como ocurre en otros industriosos o cuasi esclavistas países que sirven de modelo. Es obvio que el Gobierno no podrá disponer, como en el pasado, de una obediente mano de obra, explotada en esta ocasión, no en pro del paraíso comunista, sino en nombre del futuro desarrollo económico que tanto preocupa a los cubanos. El restablecimiento de primas a la productividad, las mejoras salariales, el estrecho reconocimiento de ciertos derechos sobre la propiedad individual, y lo que llaman la abolición de las restricciones estatales obsoletas, son una rácana mejora respecto al total abandono anterior. Téngase en cuenta que estafan a los asalariados de las empresas mixtas.

El gobierno actúa de intermediario aplicando un diezmo fatal a los trabajadores. Aun así hacen sentir a la gente privilegiada. Privilegiados que poseen empleos de privilegio, y esta cadena de mandos y eslabones de favores compromete o así lo siente la gente que se siente comprometida con el sistema.

El mecanismo policial dedicado al delito económico y al rápido progreso personal redobla esfuerzos, para que el germen de la modernización y su celeridad no arraiguen. Procurando que las mejoras no ejerzan una influencia muy notable sobre la calidad del vivir cotidiano del pueblo cubano. Eso no, mejor una migaja. Las medidas para enfrentar al régimen con las reivindicaciones laborales, arraigándose ciertos mecanismos que conducen de libertades económicas a libertades políticas, ya están tomadas. Es decir, existe el perverso tratamiento de choque contra la mutación de los gérmenes manumisos, y también para sus inmediatas e inherentes consecuencias que, en ese sentido incorporaría la democracia como sistema político, resultan ajenas a los reflejos autoritarios de un déspota acostumbrado al poder absoluto.

La dictadura militar total, vertical, y homogénea, se hace eco cotidiano en la vida del cubano. Como si no fuera suficiente en cincuenta años, el terror y el poder militar irrumpen ahora con más brío en las vidas y hogares de la ciudadanía. Penetran hasta el tuétano a la sociedad civil usando el vector del sistema corporativo. En Cuba no hay pluripartidismo, ni falta que hace.

Los ciudadanos participan en la política a través de las actividades económicas, asignadas como tareas revolucionarias. Se designan a dedo, por el partido único en el ámbito de la empresa, a los idóneos representantes de los grupos sociales, un negro, un mecánico, un ingeniero, un licenciado. Así, el funcionariado y los trabajadores son subordinados por los dirigentes gremiales militares, quedan articulados en una pirámide jerárquica de férreo mando cuyos miembros reciben instrucción del ente autárquico. Se dará continuidad en lo sucesivo a un aislacionismo practicado antaño por su hermano, acompañado del argumento ideológico del embargo, y forzados por el contexto internacional que les hace aparecer, sin argumentos plausibles, como el último reducto de una ideología antiimperialista con fecha de caducidad inminente. Este tipo de iniciativas, en las que hay un entredicho nivel de libertad económica y de mercado, pero con una fuerte intervención del Estado Corporativo para asegurar lo que se ha llamado el bien común o el interés general tienen un corto recorrido. ¡No! ¡No a la dictadura del color que sea!


 


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