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La Fuerza Armada de Cuba: Pieza clave del Totalitarismo
15-08-2006, Pedro Corzo

Es indudable que el objetivo de la Fuerza Armada de cualquier país es servir a la Nación y no a los gobernantes de turno. Quiérase o no el cuerpo armado es uno de los factores más importante en cualquier sociedad. Es, o por lo menos así lo ven numerosas personas, depositario de muchos de los valores sobre los cuales se constituye una nación.

Las Fuerzas Armadas de América Latina, para no incursionar en otras áreas, son supuestas herederas de aquellas que construyeron la independencia. El embrión de una fuerza armada nacional lo integraron muchos de los ciudadanos más concientes de que la comunidad demandaba cambios, que requería un nuevo proyecto sustentado en fundamentos diferentes.

Por supuesto que la Fuerza Armada en una sociedad plural y cívica no tiene la relevancia que en otra militarizada, ya sea por un régimen autoritario o totalitario. En una sociedad de derecho se siente respeto al cuerpo armado por lo que representa y no por el daño o los perjuicios que puede causarnos. Cuando la soberanía del municipio prima sobre la del cuartelillo del pueblo, los ciudadanos pueden dormir tranquilo.

Lamentablemente si miramos retrospectivamente América Latina estos periodos han sido breves, aunque es justo reconocer que en los últimos tiempos se han producido cambios. Cambios frágiles en algunos casos tal y como apreciamos en Venezuela, que después de cuarenta años de democracia los Generales y su Comandante marcan el rumbo del país.

La Fuerza Armada de Cuba no es una excepción a lo que podemos apreciar ha ocurrido con los cuerpos armados de la mayoría de los países del hemisferio. Los militares han servido proporcionalmente más a su Caudillo que a la Republica. Los intereses de clase se han sobrepuesto a los de los ciudadanos. Los cuarteles en numerosas ocasiones salieron a las calles para imponer su voluntad y aunque en la actualidad la situación parece haber cambiado todavía están frescas en la memoria las juntas militares de salvación nacional y la política represiva de la seguridad nacional, tan querida a los esbirros que degradan los uniformes.

Una de las Fuerzas Armadas del hemisferio que con más sectarismo ha actuado es la cubana, aunque es justo decir que eso no ocurrió a partir de Fidel Castro. Los cuerpos armados de la primera Republica desaparecieron con el golpe militar del 4 de Septiembre de 1933, protagonizado entre otros por el sargento Fulgencio Batista y Zaldivar. Después de ese acontecimiento la estructura militar cambio, y hasta la oficialidad que en gran medida había estado dirigiendo el estamento armado desde el establecimiento de la Republica fue violentamente sustituida por nuevos oficiales, mas comprometidos con el Caudillo que con el país. Siempre hubo excepciones como los militares que integraron la llamada Conspiración de los Puros[1].

La Fuerza Armada de Cuba según todo parece indicar no ha evolucionado como parece que ha ocurrido con la mayor parte de las del continente. Continúan siendo un instrumento de la política, una fuerza de centuriones que se conducen como dicta su pretor.

Cuando Fidel Castro asumió el control de la republica no solo hizo desaparecer la sociedad civil sino que con toda la fuerza que le otorgaba la Revolución triunfante liquido el cuerpo armado que se le había enfrentado, incluyendo los militares que se habían opuesto al régimen de Fulgencio Batista que no estaban identificados con el “Fidelismo”.

Castro construyo un ejército a su imagen y semejanza. Su virtuosismo en el uso de las herramientas del poder le posibilito crear un cuerpo armado identificado con una circunstancia de la historia de Cuba, la Revolución de 1959 y con una deidad política-militar: el Comandante en Jefe. No se puede olvidar que por años la Fuerza Armada Cubana incluía en sus compromisos la fidelidad a la Unión Soviética, una variante de lo que apuntaba la Constitución de 1976.

El dictador al refundar el Cuerpo Armado por tercera vez en la historia republicana estableció las bases para que el organismo respondiese sin reservas a su mandato. No importaban las contradicciones estratégicas o de cualquier tipo en las que podía incurrir la jefatura política, había que obedecer al Pretor aunque se destruyese la Republica.

No habían desaparecido los ecos de aquel discurso de “Armas para Que” y ya las fuerzas armadas de la isla se habían convertido en las mas poderosas y numerosas de América Latina, y una de las primeras del mundo. Las legiones del imperio castrista operaron en África, América Latina y Asia. Combatieron entre otros países en Argelia, Congo, Bolivia, Venezuela, Siria, Uganda, Etiopia y como si fuera poco Cuba desplazo proporcionalmente mas soldados en la guerra de Angola que los Estados Unidos en Viet Nam o la Unión Soviética en Afganistán.

Los entorchados cubanos conocieron glorias sin precedentes y que no se repetirán en un futuro previsible. Los oficiales cubanos son responsables de numerosas muertes en las guerras mercenarias que condujeron, y culpables de haber comandado unidades militares que actuaban como policía en los países ocupados. Muchos simples soldados llegaron a generales por su lealtad y no por su talento. Otros como el ejecutado general Arnaldo Ochoa[2], según algunos analistas militares, tenían talento para regalar.

Sin dudas la Fuerza Armada Cubana es la perla de la corona del totalitarismo insular. El cuerpo armado que fundo Castro en 1959 es la columna vertebral del régimen. Esto se demostró cuando el proceso “Ochoa”[3] que la fuerza armada, particularmente los mandos del Ejército, sustituyeron a los militares supuestamente mas politizados del ministerio del Interior.

Los militares contaron con la mayor parte de los subsidios que provenían del bloque soviético. Disfrutaban y disfrutan de privilegios que ignora la mayoría de la población. El affaire Ochoa-La Guardia es la punta del iceberg de lo que los militares podían hacer con y si la autorización del Pretor y permite imaginar que están haciendo en el presente cuando están al frente de muchas de las mas importantes empresas económicas del país.

Factores claves de la economía nacional como el turismo, la exportación-importación, tabaco, tecnología, industria azucarera, comunicaciones, bienes y raíces son un pequeño muestrario que las empresas mas importantes del país están manejadas por militares, o bajo la dirección absoluta de la fuerza armada.[4] Estos militares en activo o en condición de retiro manejan cientos de millones de dólares y usufructúan los privilegios que de esas riquezas derivan.

Los generales y coroneles cubanos saben lo que es el poder y lo disfrutan. Han mandado, y es muy difícil que se acostumbren a obedecer. Su bandera no es la de una republica democrática sino la que disponga el caudillo. La formación de la oficialidad cubana no es marxista, es de tribu, de clanes, y por eso los estudiosos de la fuerza armada de la isla distinguen entre los que responden a Raúl Castro o a su hermano mayor.

Son diferentes a los cuerpos armados de las desaparecidas republicas del este. Aquellos se formaron en el marco de una institucionalidad no democrática pero sujeta a cierta clase de reglas. Después de José Stalin, los espasmos del Kremlin llegaban muy atenuados al Ministerio de Defensa y obviando ciertas peripecias no respaldaron con todo su poder el Golpe de Estado contra Mijail Gorvachov en 1991. También es justo y prudente agregar que los militares rusos no se habían transformado en empresarios y políticos como ha sucedido en la isla del doctor Castro.

El Buró Político del Partido Comunista de Cuba, formado por 21 miembros, cuenta en su seno con siete generales: Raúl Castro, General de Ejercito, Leopoldo Cintras Frías, Ramón Espinosa Martín, José Quintas Solas, Abelardo Coloma Ibarra, Julio Casas Reguero, Generales de Cuerpo de Ejercito, Ulises Rosales del Toro, General de División, el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque y otros oficiales a los que en la democracia se califican en condición de retiro, situación que en honor a la verdad no existe en Cuba.

Después de este recuento no es difícil creer que la Fuerza Armada de Cuba ha sido un eficiente instrumento del régimen de los hermanos Castro y de todo lo que ambos han significado para la isla.

Fue en los ya lejanos 60 y 70 cuando oficiales del Ejercito Rebelde se alzaron en armas con hombres y pertrechos, o conspiraron para caer ante el paredón que dirigían sus propios compañeros.

No faltan quienes afirman que la Fuerza Armada no participo en los conflictos internos, que no derramo sangre de los que se opusieron al régimen. Parece que olvidan que los cuerpos de seguridad del estado, que el aparato represor, se formo en principio con militares, después se generarían las diferencias y conflictos, pero no esta de mas repetirlo, cuando el Proceso Ochoa-La Guardia fue el Ejercito el que absorbió al Minint no a la inversa. Otro detalle, fueron los hoy generales, muchos de ellos del circulo mas próximo a Raúl Castro, los que comandaron a las fuerzas cubanas en las guerras castristas.

Algunos tienen fe en el pragmatismo de los militares cubanos, y en eso tal vez tengan razón ya que mencionar el patriotismo seria el colmo de la ingenuidad. No hay que ser un historiador para saber los cuerpos armados han estado de espalda a los mejores intereses de la nación por mas de 47 años. Ellos junto al Ministerio del Interior hicieron el trabajo que les correspondía.

Por supuesto que se puede tener fe. Siempre hay hombres capaces de exorcizar a sus demonio mas mezquinos. Hay que creer en el arrepentimiento, en la voluntad de rectificar las acciones pasadas sin tener en cuenta los costes del presente. Quizás, algún entorchado haya leído lo que fue inspiración para muchos que murieron ante el paredón de fusilamiento, “Cuando no sepas cual es el camino del deber, escoge el mas difícil”.

Referencias:

[1] 1956. Militares comandados por el coronel Ramón Barquín, que conspiraban contra el gobierno de Batista. Fueron arrestados y enviados a la prisión de Isla de Pinos donde compartieron con los miembros del Movimiento 26 de Julio.
[2] Arnaldo Ochoa. Héroe de la Republica de Cuba. General de División. Sirvió al expansionismo castrista en numerosos frentes en África y América Latina. Fue procesado por traición y ejecutado en 1989.
[3] Arnaldo Ochoa fue juzgado también por un Tribunal de Honor integrado por generales de la Fuerza Armada de Cuba. Cuarenta y cinco generales, la mayoría compañeros de Ochoa, algunos habían estado bajo su mando, votaron a favor de su ejecución.”Generales cubanos en Venta”. Eugenio Yánez, La Nueva Cuba.
[4] Cuba Transition Poject. Universidad de Miami. http://ctp.iccas.miami.edu


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