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La trama se complica
14-03-2008, Luife Galiano

Comentaba cierto editorialista que era preferible que los frutos cayesen del guindo antes que varearlos. Su razón tenía. Si los vareaba a destiempo, estarían verdes o maduros y sería criticado de saber más que nadie. Lo mismo podría decirse de la última noticia aparecida hace unos días. Tuvo que ser la propia prensa española la que desvelara los tejemanejes antillanos en la sempiterna e inexplicable negociación del gobierno socialista con el terror.
Poco antes de las elecciones, el inefable Moratinos, ese que se desvive en el papel de ‘Miguel Strogoff’ culipandeando por la vereda tropical, entregaba un misterioso comunicado al gobierno cubano en el que se solicitaba la liberación de varios presos políticos. A cambio, accedía a la celebración de una conferencia ‘inter pares’ con funcionarios de la Seguridad del Estado para tratar, según rezaba el comunicado, las líneas maestras de una transición en la isla.

Yo no sé si a estas alturas del partido todavía queda algún incauto que se imagine que este individuo sea capaz de semejante hazaña. En primer lugar, porque carece del cuajo necesario para ello y, en segundo lugar —y quizás más importante—, porque no está interesado en la susodicha transición. Si a ello le sumamos el inmovilismo democrático de la nomenclatura antediluviana que gobierna la isla, las preguntas sobre la tan cacareada reunión comienzan a acumularse encima de la mesa.

Porque, bien pensado, ¿qué ha hecho el gobierno español con los disidentes desterrados a la península? Les ha dado cobijo en un hotel, unos ‘baritos’ para ir tirando y los ha arrojado a la misericordia del gobierno autonómico para que se encargue de ellos. ¿Tal vez pensaba pasearlos por la campaña electoral a que les hiciera la sopa boba?

Y, por cierto, ¿de qué se habló en dicha reunión? Como ya es costumbre en este gobierno que nos ahoga, nos despertamos con grandes alardes que, de buenas a primeras, se acallan dejando ‘in albis’ a la población. Al menos a la población que quería saber y estar al tanto de las noticias; calistenia poco practicada en el país salvo para la chismografía farandulera y el chabacanismo progresista.

Lo que sí queda claro, no obstante, son las vodevilescas entradas y salidas de nuestro ínclito ministro de exteriores que, en compensación a vaya usted a saber qué veleidades ‘bisneras’, se desboca por los pasillos institucionales proponiendo conversaciones a dos bandas que no han conducido a nada. O de las frivolidades de esas dos fervientes admiradoras del son. Una del batir de tambores, la próxima ‘Tongolele’ española, que ya en África nos hizo gala de su repertorio, y otra que permanecía acorazada en la subsecretaría, prófuga de los desatinos de su jefe de oposición comunitaria y que, por fin, viaja a su lugar ideal de descanso en actos oficiales.

Puede, incluso, que todo ello fuese debido a que los hoteleros españoles han reparado en el final del bloqueo y deseen construir nuevos mastodontes playeros en plena zona marítima para solaz esparcimiento del turismo de baratillo. O que los comerciantes españoles ya no teman que los guardacostas USA les detengan sus mercaderías y bienes de equipo en el Estrecho de La Florida. ¡Y qué decir de los testaferros españoles! ¿Agotaron las existencias de ansiolíticos temerosos de que descubrieran los negocios que camuflan? Mil quinientos millones de euros en deuda atrasada y morosa no se consiguen vendiendo turrones en la Navidad cubana.

Es obvio que la política española con respecto a Cuba es una farsa en la que todo vale —lo normal, ¿no?—. El gobierno español, pensando en la mesiánica entelequia de acabar con el problema, ha sido capaz de cualquier veleidad con tal de apertrecharse de manera indefinida en la poltrona de Moncloa. Lo triste es que así arrastra consigo cualquier intento de democratización cubana impidiendo que la oposición pueda manifestarse libre y proponga las reformas que tanto ansía y a la que tiene derecho.

Cualquier posición del actual gobierno, no nos engañemos, está encaminada a la salvaguarda de los negocitos en la isla y, por ellos, está dispuesto a ‘engomarse’ de por vida y a arrastrarse por Bruselas mendigando misericordia para el ‘Asere Supremo’; sátrapa isleño de floreado discurso.
Muchas gracias, Sr. Moratinos, pero lo que el pueblo cubano necesita es que lo apoyen personas serias que conozcan de libertades y las practiquen. El pueblo cubano necesita de naciones responsables que intercedan ante ese gobierno totalitario e impuesto para que se siente a discutir la transición ahora que se presenta un momento histórico en la vida del país.

De poco valen las palabras bienintencionadas y los artículos en la prensa que hablan de que el problema de Cuba debe solucionarse entre los cubanos. ¡¿Cómo?! No hay forma de sentarse con la nomenclatura ni ésta es proclive a un giro del paradigma. Y todo ello gracias a usted y la política del bilateralismo entre estados que propugna el gobierno socialista que ignora —subrayo, ignora— a los grupos contrarios al pensamiento totalitario y dirigista que impera en Cuba.

Gracias a usted y la política progresista del gobierno, se ha llegado a que de poco valgan las iniciativas de la disidencia y del exilio. Nadie los reconoce ni apuesta más allá de un gesto de simpatía y una palmada en el hombro.
Intenta usted, gracias a la connivencia del gobierno con el pensamiento único, que no los consideren en los numerosos foros de libertades como los auténticos luchadores pacíficos y responsables por la democracia y las libertades que son.
Desde la oposición democrática que defienden, estas personas desean manifestarle al mundo de lo que son capaces pero su gobierno, obedeciendo principios que no logramos imaginar, los condena al silencio. Por favor Sr. Moratinos, no olvide que imponer el silencio a la libertad de opinión supone un robo al ser humano porque suprime el dominio interno de la conciencia que no es, ni más ni menos, que la libertad absoluta de sentimientos sobre cualquier materia o circunstancia.

Desde los distintos foros del exilio y de la disidencia pacífica y responsable se manifiesta el deseo de difundir su saber y sus compromisos de cara al establecimiento de un nuevo orden cívico y social en el país.
Tanto el exilio como la disidencia pacífica y responsable saben que es imperativo que todas las acciones que se lleven a cabo para el fomento y consecución de una transición a la democracia en Cuba hayan de realizarse con el ánimo de juntarse todos los cubanos para recomponer el entramado político, económico y social.

Saben que es impropio del pueblo que acuse a sus conciudadanos; que hay que aprender a vivir sin los repudios, revanchas y desconfianzas más propias de una nueva involución; que todas las opciones son válidas y todos los cubanos tienen algo inteligente que decir.

Saben que no será posible avanzar en el desarrollo del país sin que se liberen los presos políticos y de conciencia; que un cambio legislativo profundo es primordial para que imperen los Derechos Humanos y el desarrollo de una auténtica sociedad civil.

Saben que sólo se podrá conseguir un Estado igualitario cuando la libertad de expresión se materialice gracias a la promulgación de una ley que ampare la creación de partidos políticos plurales y unos procedimientos electorales justos y diáfanos.

Asimismo, saben que los logros del pasado deben defenderse pero también los aires renovadores, de manera que el pueblo continúe evolucionando. Éxitos como la gratuidad de la educación o la cobertura sanitaria universal deben preservarse e, incluso, mejorarse considerando los beneficios que una actividad privada, coordinada con acciones legislativas coherentes, conseguiría sin que se produjesen abusos de poder.

Pero también saben, tanto el exilio como la disidencia pacífica y responsable, que ningún partido ni gobierno parece percatarse de que esa transición debe propulsarse con la ayuda de terceras naciones. Estos gobiernos y naciones coinciden en que es necesario que se realice entre todos para, por y con los cubanos pero no dan el paso decisivo.
Y el problema adicional es que el régimen establecido con la anuencia reflexiva del ‘Maxmordónico Líder’, ese que habla de cambios climáticos y de hambrunas futuras, no quiere. Es el régimen caduco el que continúa encasquillado en viejos y aburridos moldes políticos que embellecen adoptando propuestas chinescas de amplio impacto económico pero sin ningún trasfondo de libertad. Quieren convertir al pueblo en vietnamitas con Internet restringido, en propietarios de bienes pertenecientes al Estado y, todo ello, racionado en pequeñas porciones de quincalla tercermundista. Conseguirán que los ciudadanos se vistan de fina estopa rusa, que coman en timbiriches de pizzas a cinco pesos y que no logren olvidarse de esas croquetas que se almacenan en el paladar para posterior disfrute durante toda la noche. Tendrán baros en el bolsillo y, quién sabe, si hasta un carro en la puerta pero, ¿tendrán Libertad?
Cuba es algo más por mucho que les cueste creerlo a las subsecretarias de clave, maracas y bongó que acompañan al obediente Moratinos en esos viajes ‘todo incluido’ sufragado por el pueblo español. A España, entre otros, le tendría que haber correspondido convencer al gobierno cubano de que diera el paso a la democracia.

Es lamentable que no lo hayan hecho y, encima, critiquen a los luchadores cívicos cuando solicitan ayuda a otras naciones. ¡Cómo lo van a permitir! Capaz que se les acabase la ‘botella y el jamoncito’. Esperemos que recapaciten sus señorías mientras se llenan de trópico apoyados en una barra libando sus mojitos y fumando un tabaco torcido en los sudorosos muslos de alguna mulata de fuego. Tal vez —como comentaba aquel editorialista— estén esperando que caiga el fruto maduro sin darse cuenta que lo único que encontrarán en sus manos será la vesania que caracteriza su descontrolado proceder.


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