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Cumbre de Río en Santo Domingo: Un análisis
09-03-2008, Jorge Hernández Fonseca

Todavía la sala de la Cancillería Dominicana donde se desarrolló la reciente Cumbre de Río en la ciudad de Santo Domingo no se había acabado de desmontar, y ya Hugo Chávez aterrizaba su Jet presidencial en la Habana. Había sido una jornada dura, pero finalmente había conseguido lo que su tutor y maestro le había indicado cuidadosamente días antes y ahora iba a celebrar su triunfo junto al máximo líder, del cual había heredado a “toda Latinoamérica”.

Puede decirse que nunca antes en la historia de las crisis políticas internacionales una reunión consiguió el milagro de acercar posiciones tan disímiles. Lo que parecía una escalada para una guerra potencial, o al menos para un conflicto armado de alguna intensidad, se convirtió en una celebración amistosa, con efusivos apretones de mano, abrazos cerrados y palmaditas. Hay evidentemente aspectos muy extraños en esta “solución milagrosa” que es importante analizar.

Una semana antes, los acontecimientos se habían acelerado. A partir de una llamada de teléfono satelital (negada como causa de la localización de Raúl Reyes de manera vehemente por Uribe, lo cual la confirma) iniciada en el Palacio de Miraflores y completada en las selvas de la frontera colombo-ecuatorianas, el ejército colombiano localizó un objetivo largamente perseguido, desatando el bombardeo que terminó con la vida del principal escollo a la paz en Colombia en estos momentos, precisamente el segundo hombre en la jerarquía de las FARC.

A continuación los hechos se precipitaron --literalmente-- porque la orden de movilización militar de Chávez sobre las fronteras colombo-venezolanas se adelantó incluso a la incursión del ejército ecuatoriano al lugar de los hechos, donde encontró destrozos, muertos y heridos. Después vino la ruptura de relaciones de Venezuela, Ecuador y Nicaragua con Colombia y las acusaciones e insultos hacia el presidente colombiano, que simplemente guardó silencio.

Para el análisis de la compleja situación que se generó contra Colombia por parte de dos de sus vecinos fronterizos, partiremos de definir a aquellos que de alguna manera se beneficiaron con lo sucedido y de las posturas, reales o exageradas que los actores mantuvieron durante el período de crisis. No cabe dudas desde el principio que uno de los principales beneficiados con la acción ha sido el presidente Uribe (digo uno de los principales y no el principal, porque ha habido también otros beneficiados); así como el principal perjudicado, interna y externamente, el presidente de Ecuador Rafael Correa, un actor arrastrado a la crisis sin él quererlo.
Para comenzar el análisis vamos a hacer notar dos aspectos de uno de los principales actores participantes de esta trama, Hugo Chávez: Primero, Chávez atravesaba una situación de desprestigio al inicio de esta crisis, desde que Uribe lo desautorizó a continuar como mediador ante las FARC. Segundo, las sucesivas liberaciones de rehenes colombianos no hicieron más que poner en evidencia la crueldad de los procedimientos de las FARC, con más relieve que los supuestos méritos de Chávez, al que eran dedicados los rehenes como ofrenda. Por ese camino, Chávez no recuperaría un átomo del prestigio perdido como mediador principal.

Por otro lado, hay que hacer notar que la línea seguida por la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez (a la que pertenecen y han seguido con éxito en el asalto pacífico al poder político, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y en menor grado, pero recibiendo también maletas de dólares chavistas, Cristina Kirchner) es muy diferente (y en la práctica diametralmente opuesta) a la línea que se empeña en seguir tercamente el ala extremista de las FARC, encabezada precisamente por la víctima principal del incidente, Raúl Reyes (según dijo Uribe en Santo Domingo, cuando se refirió a la oposición de Reyes a la paz en las conversaciones organizadas por Pastrana) y precisamente en momentos que sucedería a Marulanda, gravemente enfermo.

Es de suponer de la existencia de conversaciones y ajustes de puntos de vista entre Chávez y la jefatura de las FARC, producto de las cuales se ha visto una tendencia a liberar sin condiciones rehenes secuestrados. Pero nada que hiciera pensar a Chávez y a Castro de un interés genuino por parte del ala más radical de las FARC (representada por Raúl Reyes) en deponer sus armas y sumarse a la legalidad en Colombia, como quiere el castro-chavismo.

Estos dos aspectos sumados (Chávez cada vez gana menos con la soltura de rehenes sin destaque, por un lado, y por otro, no consigue de la jefatura radical de las FARC su subordinación) pudiera haber sido el detonante de la elaboración de algún plan castro-chavista para “someterlos a su disciplina”. Sumado a esto, hay que ver la posición de Cuba en este complejo cuadro. Hasta la última crisis, Uribe hablaba maravillas del dictador cubano, colaborando con la pacificación de Colombia, posición que pudiera ser sincera de parte de Cuba, si entiende que las FARC están equivocadas y hay que deponer las armas para acceder al poder político como hicieron sus discípulos en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

Si Raúl Reyes devino en escollo principal para los planes elaborados en la Habana (y ejecutados por Caracas) no es descabellado imaginar una inocente llamada originada en Miraflores a través del teléfono satelital a Reyes, alertando de su presencia, en la seguridad de que había operativos ajenos que darían cuenta del mismo, como mártir de la causa bolivariana.

 

Es evidente que un ala menos radical de las FACR quiere el levantamiento de la beligerancia y la composición de las FARC como una fuerza política. Eso Chávez lo adelantó de manera chapucera cuando pidió a la comunidad internacional reconocer las FARC como fuerza beligerante (era un paso previo al desarme de las FARC, pero Chávez no supo enfocarlo). Un plan elaborado en Cuba que Chávez echó por tierra torpemente entonces, pero que ahora se enmienda eliminando un escollo interno (dentro las FACR) con la desaparición de Raúl Reyes.

El plan probablemente incluyó la certeza de que el segundo hombre de las FARC acampaba en terreno ecuatoriano, lo que originaría una crisis (manejable, de una semana) que vimos resolverse en una sesión de discursos junto a otros presidentes, todos involuntariamente actuando la comedia que un viejo desde la Habana les hizo escenificar. Fue “crear problemas para vender soluciones” y recuperar el prestigio de Chávez, perdido ante Uribe y el mundo.

Un detalle colabora a una tesis como esta. La intervención de Chávez ante la Cumbre de Río en Santo Domingo fue todo un destaque. Solamente superada por la genialidad de Uribe, su valentía, su coraje y su verdad a toda prueba. No obstante eso, Chávez destiló algo de lo que carece, sabiduría, cordura y desapasionamiento. Era como si por el audífono que le vimos varias veces durante el evento, mientras escuchaba a sus interlocutores (hablando español) estuviera siendo instruido a distancia por un viejo y conocido “manager” de muchas batallas.

Hay que decir que sin las propuestas de enfriamiento de la crisis hechas por Chávez explícitamente en la reunión de Santo Domingo (¿provenientes de la Habana?) Leonel Fernández no hubiera podido hacer el milagro que hizo. Rafael Correa evidentemente no estaba en “la jugada”, pero obedientemente (con cara de perro, por los argumentos que Uribe le había dado a su oposición política interna) aceptó las señas que el “coach daba desde tercera”.

Adicionalmente a todo este complejo panorama y de manera “casual”, nada menos que un guarda espaldas de otro de los más altos jefes guerrilleros del secretariado del las FARC (casualmente también, del ala más radical del grupo guerrillero) asesinó a otro escollo para la paz en Colombia, en circunstancias que no se las cree ni el “bobo de la yuca”, (se dijo que el ejército les hacía “mucha presión”). De ser esto verdad, entonces existen los Reyes Magos.

De tener base todo lo anterior, veremos a un Hugo Chávez un poco más reconocido ante la crisis colombiana (ya no solamente mandando helicópteros a recoger rehenes de segunda) a un Uribe dispuesto a venderle comida (de la que los chavistas no pueden producir) y a un Fidel Castro dando las cartas de nuevo para intentar suceder a Uribe, --con el tiempo-- con un hijo del “aguerrido y sacrificado pueblo trabajador colombiano”, que tanto él como Chávez anhelan.

El mundo y Colombia serán mucho mejor sin Reyes, pero hay que preparase para la casi inmediata negociación del pase de la guerrilla a la vida política en Colombia. El pueblo colombiano, que con la ayuda “desinteresada” del dictador cubano está comenzando a resolver su drama bélico, debe preparase ahora para tratar de ganar “la paz fuera de la guerra”, cosa que el pueblo cubano, luego de 50 años de haber terminado su guerra, no ha podido conseguir.


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