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La sucesión no es cambio ¿y la transición?
03-10-2006, Sergio Ramos

Las imágenes de un tirano enfermo postrado en una cama, con la mirada perdida en el espacio, típico de la senilidad, nos impactó forjando una esperanza de cambio para el pueblo cubano.

También impresionó que el dictador, supuestamente , fuera quien delegara el poder a su hermano, el general de ejército Raúl Castro Ruz. Turbio personaje que al principio se mostró escurridizo y luego, a raíz de la reunión de los No Alineados, se hizo mas públicamente visible.

Desde el punto de vista político-ideológico, Raúl Castro no guarda diferencias sustanciales con su hermano. Puede que éstas existan en cuanto a forma y estilo, pero no de sustancia. Su macabro historial denota su carácter cruel. A tan solo días del triunfo de la usurpación en 1959, él masacró cientos de cubanos, sin juicio unos , con juicio simulado otros, y los enterró en una fosa común en Santiago de Cuba. Mas reciente, en 1996, dio personalmente la orden de derribar las avionetas civiles y desarmadas de Hermanos al Rescate, cuando volaban sobre espacio internacional buscando rescatar balseros cubanos que procuraban llegar a Estados Unidos para pedir asilo político.

Tampoco puede desconocerse que ostentaba el mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cuando las tropas cubanas masacraban poblaciones civiles en Angola, Etiopía, Eritrea y Somalia.

Puede que el hermanísimo sea más organizado, menos teatral, más calculador, pero nunca menos dictador. Su ortodoxa postura marxista- leninista, sumado a la necesidad imperiosa de controlar el poder delegado por su hermano mayor, lo hacen nada propenso a permitir cambios políticos y económicos en donde se beneficie el pueblo de Cuba: El cubano de a pie. Si algún cambio económico hiciese, será solo para provecho exclusivo de la Nomenklatura y el Generalato, pero nunca para el pueblo.

Como parte de su inclinación oligarca y clasista, y motivado por la necesidad de supervivencia de sí y de sus favorecidos amiguitos, parientes y generales, Raúl Castro, en la ausencia del liderato carismático y astuto de su hermano mayor, tiene ineludiblemente que tomar medidas represivas severas y brutales contra la población. No es concebible una apertura con Raúl Castro en el poder.

En cuanto a la legalidad de la sucesión de mando, no puede pasarse por alto que el traspaso de poder que han hecho en Cuba --- sea " provisional " o permanente --- es completamente ilegítimo, pues adviene de la ilegitimidad del mandatario traspasante. Y es que lo ilegítimo no legitimiza.

El pueblo de Cuba en nada ha tenido que ver con dicha sucesión de poder. Esta se barajó en la mente de un solo hombre: La del dictador Fidel Castro. Y es que el poder es y le corresponde solo al pueblo, nunca a un solo hombre.

El traspaso de mando ha sido nepotista. Se ha transferido las riendas del país como si Cuba fuera una monarquía absolutista hereditaria o peor, la finca privada de los Castro. El nepotismo ha sido una constante a lo largo y ancho del prologado tiránico gobierno castrista. Le robaron la patria a sus dueños: Al Pueblo.

De Raúl Castro continuar en el poder lo único que se produce es la continuación de la misma dictadura. Mismo perro con distinto collar.

Este tipo de sucesión dictatorial-familiar suele acontecer en aquellos países donde rige una dictadura caudillista y personalista. Recordemos el caso de Haití donde "Papa Doc" Duvalier fue sucedido por su hijo Jean Claude Duvalier , " Beby Doc" . En Nicaragua donde el Viejo "Tacho" Somoza fue sucedido por su hijo Anastacio "Tachito" Somoza. Y mas reciente, en Corea del Norte el sanguinario Kim Il Sung dejó en herencia el poder a su hijo no menos cruel, Kim Jung Il. Todo queda en familia, como en la mafia. Y en cada una de estas sucesiones aconteció lo mismo, la continuación dictatorial del mismo régimen. Por tanto, en Cuba la sucesión de Raúl será la continuación de la tiranía de Fidel. La sucesión no es cambio, es continuísmo.

La sucesión tampoco es transición, por ser mas de lo mismo. Y dicho sea de paso, cuando hablamos de transición hay que definir muy claro hacia donde transitamos. Si no esta claramente delineada la ruta del tránsito del poder, cualquier transición puede ser un camuflaje hacia otro estado de cosas deplorable y prejudicial al pueblo cubano. Toda transición ha de ser transparente y traspasante del poder a su verdadero titular : El Pueblo de Cuba.

Para que exista verdadero cambio, por la vía que fuere, no puede haber sucesión, sino traspaso total del poder a su legítimo dueño que es el pueblo cubano. Para que ese poder este en las manos del pueblo, hay que abrir al país a la democracia plena y al estado de derecho enmarcado en el respeto de los derechos humanos, en un proceso incluyente de todos los cubanos, de modo que el pueblo decida, en las urnas libres y limpias, quien y como debe gobernarlo. Este es el cambio verdadero y legítimo.

 

* Director Ejecutivo General del Frente para la Libertad Total de Cuba


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