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EL SÍNDROME DE LA HABANA
06-02-2008, Jorge Hernández Fonseca

¿Cuál es el enfoque correcto para analizar un determinado fenómeno social, sobre el cual todavía las ciencias humanas no han podido desentrañar sus secretos, como sí lo han hecho ya en otras ramas, de la física, por ejemplo? Esta es una pregunta pertinente en el caso cubano. Un pueblo sometido a un régimen comunista hace medio siglo, sobre el cual hay enfoques diversos, tanto entre los cubanos de dentro y fura de la isla, como de observadores foráneos.

En este sentido, no hay criterios concordantes, por ejemplo, entre los cubanos que viven en la isla y los cubanos exiliados. No es sólo la diferencia política entre los pocos simpatizantes del régimen (sinceros) que aún subsisten y la masa mayoritaria de la población. Es también el enfoque que sectores completos de la sociedad cubana, hacen de su duro drama vivencial.

No es un secreto para nadie que los cubanos están sometidos a presiones internas y vicisitudes explícitas, más allá de lo que sucede en la media de las sociedades occidentales, donde Cuba siempre ocupó (y ocupa) un lugar. Tanto el régimen cubano, como sus críticos, reconocen la situación anormal: “período especial” dice la dictadura, desastre nacional, dice el pueblo.

El enfoque mental real depende de haber estado sometido a las presiones, mecanismos y la propaganda continua del totalitarismo. El cubano, por ejemplo, que pasa más de dos años viviendo en el exterior, comienza a mirar los fenómenos a la luz de otros vitrales, muy diferentes a los que le eran ofrecidos viviendo en la isla. Pero ¿Quién tiene “la” razón? Y destaco en este caso el prefijo “la”, porque probablemente “razón” tengan ambos, los de dentro y los de fuera.

Estas meditaciones me vienen a la mente porque acaban de sucederse, cual ola humana, gigantescas manifestaciones por todo el mundo repudiando el procedimiento criminal de las guerrillas colombianas, que usan el secuestro como método y arma de lucha. Extrañamente, algunas familias de los secuestrados han manifestado su rechazo a estas manifestaciones populares, espontáneas y tan lógicas como el cansancio de un pueblo harto de guerra sucia.

 

¿Qué pasa por las mentes de estos familiares? No es el simple sometimiento a la voluntad de los verdugos de sus seres queridos, solamente. Hay alguna fuerza psíquica interior que los impulsa a una conducta, para el resto de los mortales como mínimo extraña, por ser contraria a sus intereses inmediatos de libertad para sus familiares en cautiverio. ¿Miedo a represalias?

A partir de un hecho muy conocido en su época, sucedido durante un secuestro en Suecia, los psicólogos identificaron una actitud mental que propicia una conducta extraña, de los hombres y mujeres sometidos a períodos más o menos largos de cautiverio, que denominaron “Síndrome de Estocolmo”. Este síndrome caracteriza una conducta extraña (para todos los observadores externos del fenómeno, pero muy lógica, justificable y consecuente para los afectados) mediante la cual se crean lazos afectivos muy fuertes, de las víctimas hacia sus victimarios.

Para nadie es un secreto que lo que sucede en Colombia tiene su raíz en la Cuba de Castro. Fue el dictador cubano el promotor, financiador y muchas veces, ejecutor directo, del establecimiento las guerrillas en Latinoamérica, creando una filosofía (supuestamente científica, por tener su base marxista) que soportaba la imposición de una guerra en la región. Los movimientos guerrilleros que todavía asolan a Colombia, provienen de esa época negra.

La conducta de los familiares de los secuestrados colombianos respecto a los verdugos de sus seres queridos, tiene mucho en común con la conducta que caracteriza al Síndrome de Estocolmo, pero probablemente es algo más complejo, y de alguna manera emparentado, con la conducta de los cubanos opositores al régimen, que justifican y defienden algunas de las barbaridades que el comunismo cubano implantó en la isla para sojuzgarlos y oprimirlos.

Esta conducta de los cubanos de la isla, analizada por ellos como correcta, justificable y en línea con sus principios éticos y morales, podría ser llamado como “Síndrome de la Habana”, en comparación con el conocido Síndrome de Estocolmo, por tener características similares, pero tratarse de un fenómeno social, colectivo y que afecta un grupo sometido a presiones extremas, como los cubanos de la isla, o los familiares de los secuestrados por las guerrillas colombianas.

Refiriéndome al inicio de estas líneas, es claro para mi que el mencionado Síndrome de la Habana solamente puede ser analizado si la sociedad fuera de la isla admite una conducta equivocada en el accionamiento de los cubanos opositores dentro de la misma tal como sucede con los secuestrados por largo tiempo y los lazos afectivos que establecen con sus captores.

En cuanto a los familiares de los secuestrados colombianos, manifestándose contra el clamor popular mundial que condena los secuestros y las organizaciones que lo promueven, es clara la presencia del Síndrome de la Habana (ciudad origen de las guerrillas) porque el resto de los colombianos no sometidos a las presiones guerrilleras, todos, condenan esos procedimientos.

 

No se trata de dos grupos sociales, los colombianos sin familiares secuestrados y los familiares de los colombianos en cautiverio, se trata de un sector sano, libre del síndrome y otro totalmente enfermo por el accionar mental del peso psicológico de tener familiares en cautiverio.

Igualmente sucede --desde mi personal punto de vista-- con los cubanos. No se trata de que los cubanos en el exterior sean cualitativamente diferentes a los cubanos de la isla; no son dos grupos sociales estadísticamente diferentes. Son dos grupos sociales similares (por no decir iguales) con la diferencia que uno está sometido a la presión psicológica de sus “captores” y el otro ya ha conseguido eliminar esa presión, sintiéndose libre (auto libre, si es que vale la expresión) del continuo justificar sus actos, contrario a sus propios intereses como personas. No es un problema político o ideológico, es un problema médico, de auto-enfermedad metal real.

Fue el Síndrome de la Habana el que provocó la asistencia mayoritaria a la votación reciente (no hubo elecciones, hubo votaciones), el que ha provocado la participación masiva de los cubanos en acciones de aparente apoyo al régimen que los oprime y lo que provocaría en el futuro cualquier acto de los cubanos de la isla contra sus propios intereses, de tener una patria libre, democrática, económicamente sana y activamente insertada en la globalización mundial.

Sin embargo, habría que hacer pruebas clínicas, estadísticas y serias --sobre todo-- haciendo pruebas y testes entre los cubanos que recién llegan al exilio, siguiendo un mapa mental de su desarrollo independiente por un tiempo. No se trata de cambiar el enfoque ideológico de los ciudadanos, se trata, como en el Síndrome de Estocolmo, de comprender el mecanismo que rige la mente de una persona que establece lazos afectivos con quienes lo secuestran, personal o políticamente, individual o colectivamente --y en ambos casos-- lo someten a privaciones y condiciones extremas de vida, por lo que cada acto de permisividad, por insignificante que sea de parte del captor, se torna en un privilegio de los verdugos hacia sus víctimas agradecidas.

Sólo de esa manera, tipificando una verdadera enfermedad metal, el Síndrome de la Habana, pariente cercana de otra enfermedad conocida, el Síndrome de Estocolmo, es que podemos explicar la conducta actual del pueblo cubano, en la misma triste línea de los familiares de los secuestrados colombianos. Para ambos grupos sociales, mi solidaridad y comprensión.


 


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