cubamatinal.com| |
Cuba y su Realidad Social 25-03-2017

Portada
Noticias
Deportes
Breves
Video Blog
Cuba-Org.
Politicas
Reportajes
Actividades
Colaboraciones
Buscador
Cartas
Suscribase
   Enviar por Email
El fin mas noble
03-10-2006, Luz Modroño

El inicio del nuevo curso, la vuelta a la normalidad tras el paréntesis de agosto, a las calles de la ciudad que me acoge sin sobresaltos, sin amenazas, me han llevado a revivir intensamente el regreso a esta misma ciudad en el verano del 2005 transcurrido entre amigos que me tendían sus manos en búsqueda de parcelas de comprensión y demandas de solidaridad. Regreso a una ciudad libre, democrática, a la que le costó lágrimas y mucho sufrimiento alcanzar el estatus del que hoy gozamos; en la que podemos opinar, escribir, condenar o criticar, unir nuestras voces a las que con nosotros claman por un mundo mejor. La ciudad de un país en el que la libertad ya no es una utopía porque está respaldada por el único sistema que tiene capacidad de garantizarla: la democracia. Único sistema que tiene posibilidad también de garantizar a la vez la estabilidad política, el reconocimiento de iguales derechos para todos sus ciudadanos, la justicia social o el bienestar económico. Una comunidad en definitiva donde vale la pena vivir.

Entre silencios, miedos y las indispensables precauciones –que, a decir verdad, de poco me sirvieron a pesar de todo- que me permitieran conocer y ahondar en una realidad estremecedora he de confesar que en el verano del 2005 viví una de las experiencias más entrañables, cálidas y aleccionadoras que podía imaginar. Y que afianzó mi convencimiento de que más allá de las consecuencias políticas o personales que puedan llegar a pagarse, cuando algo es moralmente correcto estamos obligados a defenderlo. Forme o no parte de nuestra cotidianidad.

Regresé de las calles de La Habana y de la hermosa isla cubana habiendo comprobado que de una dictadura jamás puede brotar la felicidad humana, que medios innobles jamás podrán servir para alcanzar fines nobles, que la dignidad humana está por encima de la satisfacción de cualquier otro tipo de necesidad y que la historia demuestra que el ser humano es capaz de dar su propia vida, de poner en riesgo su propia seguridad para alcanzar el fin más noble, su propia libertad. Habiendo sido los seres más valiosos y nobles que cada sociedad ha dado en cada momento histórico los que más han arriesgado y perdido en esa lucha por la emancipación humana. Es la idea kantiana de que somos seres de fines que no podemos ser utilizados como medios.

Libertad que social y políticamente sólo puede garantizar la democracia. Ese sistema imperfecto, frágil, que tanto ha costado al ser humano aprender y cuyo largo camino tan marcado está por lágrimas y fuego. Y que se define por la conjugación de los derechos colectivos e individuales, por el respeto y la vigilancia constante de los derechos humanos, por unas elecciones libres, pluripartidistas, en el que el derecho a disentir forma parte intrínseca y elemental de la propia convivencia social, que garantiza el derecho a la libre expresión, a la libre asociación, a la libertad de prensa y de manifestación, a la ausencia de censura y al control de un poder político por parte de la ciudadanía a la que debe dar explicaciones y rendir cuentas de sus actos.

Un poder, por tanto, sometido a límites y controles derivados de la propia colectividad y que garantiza la alternancia en el poder. Son reglas de juego asumidas por todos y cada uno de los ciudadanos que quedan reducidos al valor de un voto en las urnas, nada más. Ni nada menos. Todo esto es inexistente en Cuba. Por ello, más allá de las supuestas conquistas que pudieran justificar el sostenimiento de tal dictadura, cuando autores de tal relevancia como Saramago, cuya obra admiro profundamente, hablan de educación, sanidad o cultura, no debería olvidarse la condena que Castro ha hecho de la más sagrada de las aspiraciones humanas: la conquista y el reconocimiento de su propia libertad. En Cuba, la libertad lleva casi medio siglo entre rejas.

La posibilidad de que Cuba transite de la mano de Raúl Castro hacia un Estado de Derecho es improbable pero no imposible. Es poco probable que Raúl, digno heredero de su hermano, no tenga miedo a las urnas y esté dispuesto a “regalar” los derechos políticos y sociales que corresponden a sus conciudadanos. Ciudadanos de segunda a los que se ha negado sistemáticamente la mayoría de edad democrática. Tras casi medio siglo en los que se ha vetado al pueblo el derecho a elegir y el reconocimiento de otros tantos tan elementales como los de expresión y asociación, el que se abra un proceso democratizador es improbable porque, entre otras cosas, supondría el reconocimiento de un error histórico que difícilmente esté dispuesto a admitir y porque además restaría posibilidades de supervivencia al proceso que Hugo Chávez y Evo Morales pretenden generalizar en Latino-América. No podemos olvidar que las urnas se contemplan en Cuba como una amenaza.

Pero la historia ha mostrado fehacientemente que no es posible la perpetuación de sistemas dictatoriales si no es recurriendo una vez más a la fuerza y al poder impuesto a base de amenaza y fusil, de cárcel o exilio. Y, en esas condiciones, el estallido de la violencia sería una posibilidad imposible de descartar. Y Raúl Castro ha de ser consciente de ello. Tanto como la propia disidencia.

Tampoco en España el paso a la transición fue fácil ni estuvo exento del miedo y la amenaza, de la posibilidad de un estallido violento. Finalmente, tanto la oposición española como los elementos reformadores del propio régimen franquista –no olvidemos las filas de las que procedía el primer presidente democrático español tras la República, Adolfo Suárez- consiguieron llegar a un entendimiento básico que posibilitó la conquista de la democracia. En el proceso hacia la democracia cubana, la comunidad internacional tiene un importante papel que jugar. No imponiendo modelos que sólo el pueblo cubano debe ser quien elija, quien decida, sino posibilitando el debate, ayudando a crear las condiciones que lo favorezcan.

La comunidad internacional debería unir esfuerzos y reclamar al gobierno cubano señales claras de apertura democrática en un clima de tranquilidad, sosiego y diálogo que debería ser aceptado por la disidencia y la oposición tanto interna como externa. Los histrionismos, los revanchismos o los odios, que en última instancia son manifestaciones mediocres y poco constructivas del proceso de necesario cambio que debe emprenderse y que es una justa reclamación del pueblo cubano y los que palpitamos con él, deben quedar olvidados, apartados de una vez y para siempre. Términos tan manidos y caducos como “contrarrevolución”, “terrorista”, o “eje del mal” deberían quedar desterrados definitivamente del discurso civilizado y racional, base de las sociedades democráticas. Esa es la única garantía con posibilidad real de evitar la confrontación y la violencia. El proceso democratizador en Cuba no puede precipitarse. No cabe duda que la garantía de la paz exigirá un proceso largo, difícil, que asuma los plazos necesarios, del que nadie debería quedar excluido pero con el que todos deberían comprometerse.

El levantamiento definitivo del embargo, que durante décadas ha servido al gobierno castrista como justificación de su política represiva o el compromiso de abandono de la base estadounidense de Guantánamo y su devolución a la isla debe ir acompañada de una amnistía para todos los presos de conciencia y el reconocimiento de iguales derechos cívicos y humanos para toda la ciudadanía. Son elementales y justos principios de racionalidad que posibilitarían una transición tranquila y ordenada El pueblo cubano tiene derecho a elegir su propio destino y bien merecido tiene el logro de un sistema democrático que le otorgue el protagonismo que durante décadas le ha sido arrebatado. Reclamaciones que deberían ser, además, realizadas por la comunidad internacional como manifestación de su apoyo inequívoco al pueblo cubano y que contribuirían a sentar los principios de un ambiente de normalización democrática y paz Cuba, poseedora de grandes recursos naturales y favorecida por un clima tropical capaz de reportar riqueza y desarrollo, tiene enormes posibilidades de despegar si consigue dejar atrás el clima de odio y rencor engendrado por la dictadura. El mundo democrático tiene la obligación moral y ética de defender la paz, el entendimiento y el diálogo y defender la libertad allá donde haya sido vulnerada o corra riesgo de ser vulnerada. Vale la pena que la comunidad internacional la ayude a conseguirlo.

Camino por las calles de mi vieja y calurosa Madrid y recuerdo y sueño.

* Madrileña, miembro del PSOE, preside la sección española de la asociación por la responsabilidad social corporativa de los inversores en Cuba.

 


Editoriales  + 
Opinion  + 
Colaboraciones  + 
Entrevistas  + 
Foros
Hemeroteca
Enlaces

Cuba Matinal - Spain, C. Alcala 99, 28009 Madrid, España. Tel: + 34 639 43 15 89
repliche orologi © Copyright 2006. All Rights Reserved. Contacto: cubamatinal@cubamatinal.com