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Rescate en Colombia: Otra derrota Fidelo-Chavista

05-01-2008, Jorge Hernández Fonseca

Acaba de escenificarse en la ciudad colombiana de Villavicencio, el primer gran encontronazo de la izquierda latinoamericana unida (lulistas y fidelo-chavistas juntos) capitaneados por el heredero internacional (declarado) del dictador cubano, el coronel Hugo Chávez, y las fuerzas democráticas continentales representadas por Álvaro Uribe. Además, como corresponde a un gran acontecimiento, asépticos y encopetados garantes (de Francia y Suiza) completaron la fauna de incautos testigos de un desagravio que las FARC ofrecería a Chávez, no a Colombia.

Como telón de fondo de los acontecimientos que se sucedieron en la selva colombiana, estaban los cruces de insultos y recriminaciones previos entre Chávez y Uribe, que si bien se dejaron de lado repentinamente, presagiaban un final catastrófico al “humanitario” evento.

La trama, envuelta en una historia mal contada de Chávez por la TV venezolana, apoyado en un Mapa de Sudamérica (que más parecía un episodio de Indiana Jones) --no había que ser muy perspicaz para sospechar de la mano fidelista detrás de todo-- no pudo materializarse por razones asociadas a la naturaleza puramente política (no humanitaria, como pregonaban los garantes para auto-engañarse) de dos contendientes que hasta 24 horas antes se acusaban mutuamente de ser “lo peor del mundo”. Es lógico que la operación no podía resultar en nada.

Los que inicialmente vimos a un Uribe cediendo demasiado ante su prestidigitador oponente, nos equivocamos de plano. Uribe tenía cartas, tan marcadas como las que no mostraba su par venezolano, iniciando un partido en el que ambos se jugaban más que el posible éxito o fracaso de la operación. Finalmente y como corresponde a un presidente en cuyo territorio Chávez había organizado un ‘carnaval internacional’, jugó su carta de triunfo y acabó con la pantomima.

Es verdaderamente irrelevante si Uribe movilizó su ejército en el área de operaciones como dice las FARC, por dos razones básicas: primero, nunca se habló de que Uribe debería enyesar sus fuerzas armadas (jamás lo hubiera aceptado) dejando claro que el gobierno de Colombia aceptaba plenamente la operación chavista en territorio colombiano, “en los términos de la solicitud realizada” (que no pedía un acuartelamiento general); y segundo, porque las propias FARC dieron muestras de no acatar ninguna orden de detener las acciones, cuando dispararon un cohete a un avión militar de carga a punto de despegar de un aeropuerto colombiano.

Fuera del análisis puramente asociado a los hechos acaecidos en Villavicencio, hay varios aspectos trascendentes que vale la pena analizar: Primero, hay cierta dosis de inexplicable amateurismo entre los garantes de los países seleccionados por Chávez; sobre todo, del ex-presidente Kirchner, que actuó como si el show montado fuera normal y no estuviera colaborando (preparado por Chávez) al hundimiento del prestigio de Uribe en su propio país.

Es evidente que Uribe no podía dejar que esa operación, fuera de su control, tomara el derrotero de “todos imaginar que él y su gobierno sobraban en Colombia”. Ese fue el objetivo de las FARC al decidir unilateralmente liberar tres rehenes (que mantuvieron por largos años en la selva) sólo para desagraviar a Chávez y no para hacer un gesto que iniciara el diálogo. El aspecto supuestamente humanitario del operativo, fue supeditado a desprestigiar lo más posible a Uribe, y no había que ser muy suspicaz para suponer que nada de eso podía tener éxito si de Uribe dependiera, porque nadie trabaja concientemente para ser desprestigiado.

Kirchner mostró una ingenuidad que no le fue característica como presidente y su gobierno terminó jugando una carta equivocada al designarlo para hacer el papel que a Chávez le convenía. La presidenta argentina, al golpe recibido en política exterior con el descubrimiento público de los detalles del maletín con dólares para su campaña electoral, suma ahora este otro “papel de bobo” al que sometió inexplicablemente a su esposo, un vicepresidente de la Nación, que debió salir por la puerta trasera de Colombia, sintiéndose engañado por todo y por todos.

Otros garantes tenían mucho menos nivel, por lo que el papelón que hicieron en Colombia entre tres fuegos (FARC, Uribe y Chávez) pude ser amortizado más adecuadamente que con Kirchner. Sin embargo, los países participantes del ‘circo chavista’, sobre todo Francia, pensará mejor si se suma a una nueva payasada similar, organizada por Chávez contra Uribe.

Una segunda y no menos importante lectura de los hechos, es la evidencia de que no hay el diálogo y la compenetración que se suponía entre Chávez y las FARC. O las FACR tomaron la decisión de liberar al niño Emmanuel sin saber realmente que no estaba en su poder (lo que desdice mucho de esta tropa de bandoleros) o las FARC le propinaron a Chávez su segunda derrota seguida después de la pérdida del plebiscito constitucional. En cualquier caso, tanto Chávez como las FARC, deben procurar un “cubo” para cubrir adecuadamente sus cabezas.

En tercer lugar, países menos comprometidos con Chávez, como Brasil, pero que participaron enviando alegremente garantes al show chavista, deben hacer una lectura crítica de lo sucedido. Marco Aurelio García, garante de Lula ante el circo (del ala izquierda del PT de Lula, por eso fue designado) recibirá su tirón de orejas del Ministerio del Exterior carioca, porque no se puede representar al presidente de la República, mostrando semejante cuota de ingenuidad.

Chávez tomó mucho cuidado al conformar una comisión de garantes que le era mayoritariamente fiel: Argentina, Cuba, Bolivia y Ecuador. Francia fue incluida por razones obvias, asociadas a Ingrid Betancourt y Suiza por ser la sede de la Cruz Roja Internacional. Ya Brasil --y muy a pesar de Chávez-- tuvo que ser incluido por su peso en Sudamérica y por la influencia de Chávez en la extrema izquierda del PT, a la que pertenece el garante designado. A todos engañó (o se dejaron engañar) y por eso recibieron su merecido. Regresaron a sus casas sin aquella toma cinematográfica, rescatando rehenes en la película de Oliver Stone.

Si bien es verdad que la mayor derrota en este golpe colombiano fue propinada contra Hugo Chávez, la coalición pro-castrista de garantes (Argentina, Cuba, Bolivia, Brasil y Ecuador) sufrió también otro golpe demoledor, demostrándose que, o bien no respetan sus adversarios, o poseen una ingenuidad monumental. Dejaron claro con su actuación que apoyan más los esfuerzos de las FARC y sus secuestros, que las instituciones democráticas colombianas.

Este segundo golpe político contra Chávez, propinado limpiamente por Uribe en su territorio, es una fuerza más que trabajará a favor del cambio dentro de Venezuela y de manera indirecta afectará la estructura izquierdista continental que apoya la dictadura cubana y su continuismo.

La recuperación victoriosa de Uribe en tan oscuro episodio, es un verdadero triunfo de la democracia en Latinoamérica y como tal, los demócratas de la región debemos de celebrarla.

 


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