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Reyes ricos en una España pobre
03-01-2008, Antonio Burgos

ABC.es/ Cuando yo era níño, España acababa de pasar los Años del Hambre, Y no sé qué carestías generales habría o que fatiguitas estarían pasando mis trabajadores padres, que cuando se acercaban las Pascuas, y yo pegaba la nariz y el vaho del frío, como en un cuento triste de Navidad, contra los cristales de aquellas maravillosas tiendas de juguetes para niños ricos, con trenes eléctricos dando vueltas en sus escaparates, y le decía a mi madre que en mi carta iba a pedirles uno así a los Reyes Magos, me contestaba cada año con la misma frase en su voz de pena:

-Eso no puede ser, Antoñito, porque este año los Reyes vienen muy pobres...

Tan pobres venían los Reyes que me traían, sí, un tren. Pero una birria de tren. En absoluto eléctrico. De cuerda. Sin aquel potente foco blanco en la locomotora que alumbraba la vía. Sin los vagones que reproducían los coches de Wagon Lits del expreso de Madrid. Un tren triste y baratito, con una máquina de cuerda y dos vagones de lata. De lata de la mala, de la traicionera, que te pegaba unos cortes horribles en los dedos al cogerlos. Y todos los vagones, además, eran de Tercera: ni un solo coche-cama. Si no fuera a quebrarme este clima lírico de evocación, estaba por decir que el tren de hojalata era como si lo hubiera contratado La Maleni, para que se hagan una idea de lo chungo que era la mierda de tren que me traían aquellos Reyes Magos tan pobres.

Aunque otra vez estamos en años de penuria, en pleno ciclo de recesión, con los caminos de serrín del Nacimiento exclusivamente llenos de vacas flacas que dan una leche cada día más cara, apacentadas por pastores que cobran el PER, donde las obras del castillo de Herodes han quedado paralizadas a causa del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y donde el pescador no puede tender su caña en el papel de plata del río porque estamos en parada biológica impuesta por la Unión Europea, a mí me gustaría ser un niño de ahora, porque por mucha crisis que haya, los Reyes Magos nunca vienen pobres. Y eso que la televisión está llena de pornografía infantil. Han leído bien: la televisión escupe en estas fechas pornografía infantil a cada instante. Es absolutamente pornográfico que en una España donde los padres están ahogados por el euríbor y por el subidón de los precios y tienen que hacer más equilibrios que Pinito del Oro para llegar a fin de mes, los niños de esos padres sean asaeteados por los tecnológicos objetos del deseo de los más caros y sofisticados juguetes. Que, además, se agotan. Abuelo ha habido, como el que suscribe, que se ha tenido que recorrer todas las jugueterías de la ciudad y terminar recurriendo a la amabilidad de un caballero del escudito de solapa de la veteranía del Cortinglés para poder encontrar el ansiado coche teledirigido. ¿No es pornografía infantil lavar el cerebro a los chavales con unos juguetes que o bien no pueden comprarlos sus padres de caros que son y de tiesa que la familia está, o bien se han agotado en España entera, para desmentido de la crisis que tenemos en todo lo alto?

¿Qué clase de crisis es ésta, que con la que está cayendo los Reyes Magos, no vienen este año pobres, como en nuestra infancia, sino es que lo tiran? En un periódico salmón publicado en inglés he leído un divertido informe económico de Papá Noel, donde analiza ante su junta general de accionistas de la ilusión los pobres resultados de su ejercicio en Europa, de lo chunga que está la cosa. Aquí los Reyes Magos o bien tiene muy malos analistas y consejeros, o no se quieren enterar por razones de ilusión de la crisis que tenemos en todo lo alto. O son los únicos que se creen el triunfalismo económico que predica electoreramente el «Gobierno de España».

Me sigo quedando con el realismo de aquellos Reyes Magos pobres de mi tren de hojalata. Y también, hombre, ya que estamos metidos en harina de Reyes, pues me sigo quedando con el Rey en el que sigo creyendo. Que no es de Oriente, sino del Palacio de Ídem, y que se llama Juan Carlos. Y que como sabe mejor que nadie que sus colegas Melchor, Gaspar y Baltasar vienen este año tan pobres a esta tierra donde no hay caridad, se ha ido a comer las uvas a Afganistán con quienes, si falta hiciere, darían la vida por esto tan antiguo y tan sentimental a lo que todavía algunos viejos niños con tren de hojalata llamamos Patria y llamamos España.

 


 


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