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La escritura muy visible de la mentira
16-12-2007, Hugo J. Byrne

Uno de los tantos “expertos” en asuntos cubanos, tema del que a estas alturas casi todo el mundo y su primo se precia de ser bien leído y eminentemente conocedor, desbarra con el generoso auxilio de la más evidente ficción en las páginas de la Red en español. Este “cubanólogo” ecuatoriano llamado Daniel Barrezueta Narváez, nos explica en un ensayo que titula “La escritura invisible de los caudillos”, cómo los atropellos de Batista, la dominación de Cuba por la mafia siciliana-norteamericana y por las empresas estadounidenses, duró 26 años.

Barrezueta narra con el mismo desenfado cómo esta situación terminara gracias a la oportuna revolución castrista en 1959, la que de acuerdo al autor duró unos veinte años (entre la década del 40 y la del 60 del pasado siglo). Afirma este cronista de la fábula que en Cuba se libró una guerra civil de casi seis años de duración, liderada por Castro, a quien describe como “un temerario intelectual, hijo de un latifundista gallego”

Recientemente un lector se asustó por mi afirmación de que para enjuiciar historia o política es necesario un criterio justo, preguntándome retóricamente cómo puede establecerse tal criterio. La respuesta es extraordinariamente simple. Un criterio justo se adquiere mediante la admisión honesta de la realidad. ¿Cómo puede establecerse un punto de vista sobre un tema cualquiera cuando no se tiene ni siquiera un conocimiento somero del mismo?

Sin perder el tiempo del amable lector con las conclusiones singularmente predecibles del “cubanólogo” Barrezueta y para poner en perspectiva histórica las evidentes barbaridades en su trabajo (reflejo de la fábula propagandística que hoy pasa por historia en Castrolandia), a continuación haré una relación sucinta de las mismas, confrontándolas con la realidad. Esta realidad puede ser verificada documental e independientemente por todo aquel que tenga la voluntad y la honestidad de hacerlo.

Mito: la dictadura de Batista duró 26 años. Realidad: Batista dirigió un golpe de estado en marzo 10 de 1952, derrocando el gobierno legítimo de la República de Cuba y posteriormente huyó el día 31 de diciembre de 1958. Total: 6 años y 10 meses.

Mito: Batista era un peón de Norteamérica, opositor de la izquierda política. Realidad: Batista era un corrupto oportunista político con una agenda populista no muy diferente a la de Chávez, aunque algo más discreto que este último. Amigo íntimo del izquierdista Presidente Lázaro Cárdenas de México a quien visitaba con frecuencia, fue electo Presidente en 1940 al frente de una coalición llamada “Socialista Democrática”, en la que figuraba prominentemente el Partido Socialista Popular (comunista-estalinista). En esa oportunidad Batista forzó la entrega de la Confederación de Trabajadores de Cuba a los jerarcas de ese partido, otorgándoles dos ministerios sin cartera en su gabinete. Uno de esos ministros, Blas Roca (nombre de guerra de Francisco Calderío), fue más tarde Director del Instituto de la Reforma Agraria y “Vicepresidente” de dedo con Fidel Castro. Roca escribió durante diez años el mamotreto sin valor legal que pasa por constitución en la Cuba de hoy, por lo que Castro lo premió a su muerte enterrándolo en el Cacahual, no lejos de la tumba del General Antonio Maceo. Batista, originalmente sargento taquígrafo del Estado Mayor del Ejército de Cuba, se inició en política mediante otro golpe de estado el 4 de septiembre de 1933, con apoyo comunista. Desde entonces hasta su elección en 1940 fue Jefe del Ejército y, más o menos el poder político real. Pero al final de esa era, una Asamblea Constituyente (en la que participaran prominentes miembros del Partido Comunista, pero también muchos patriotas cubanos) estableció la Constitución de 1940. Batista gobernó legalmente entre 1940 y 1944. En ese año el candidato de su preferencia, Dr. Carlos Saladrigas, fue derrotado abrumadoramente por el Partido Revolucionaro Cubano del Dr. Ramón Grau San Martín. Batista marchó a Estados Unidos, estableciendo residencia en Daytona Beach, FL. Grau gobernó constitucionalmente y fue substituido por el Dr. Carlos Prío Socarrás, quien ganó las elecciones de 1948, superando a sus competidores, el Dr. Ricardo Núñez Portuondo del Partido Liberal y el Dr. Eduardo R. Chibás del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

Aún sumando los 7 años y 4 meses que fue Batista Jefe del Ejército, desde septiembre de 1933 hasta 1940, a los 6 años y 10 meses de su dictadura posterior, el total es sólo 14 años y 2 meses, no 26 años y seguramente un “far cry” del casi medio siglo de Tiranía castrista. ¿O pretende Barrezueta que Batista gobernaba a Cuba desde Daytona Beach? ¿Por qué entonces el funesto golpe de estado del 10 de marzo? Washington, tomado por sorpresa, demoró una semana en reconocer el régimen de Batista (cinco días más que al de Castro). ¿Cuesta tanto trabajo aprender un poquitín de historia antes de escribir sandeces?

Mito: La insurrección cubana contra Batista sucedió entre los años 40 y 60. Realidad: Aparte de incidentes aislados como el ataque contra los cuarteles de Santiago y Bayamo en julio de 1953, el desembarco del yate Corinthia, el ataque al Cuartel Goicuría de Matanzas y el asalto al Palacio Presidencial en 1957 (acciones que a excepción de la primera fueran todas realizadas por grupos que nada tenían que ver con socialismo y muchísimo menos con Castro), no existía un estado de guerra civil en Cuba hasta fines de 1958. El propio Castro desembarcó en Cuba en diciembre de 1956 y por propia confesión lo único que pudo hacer durante muchos meses fue esconderse y sobrevivir. En 1940 había un estado de derecho Cuba y éste, junto a la misma Ley Fundamental, estuvieron en efecto hasta el cuartelazo de marzo de 1952.

Mito: Castro dirigió una rebelión marxista en Cuba, que culminara en la toma del poder en enero de 1959. Realidad: Después de haber negado la más insignificante filiación marxista en incontables ocasiones, antes y después de la fuga de Batista, Castro confesó su ocultamiento conspirativo por la primera vez en diciembre de 1961. Entonces ya había consolidado su poder político, eliminando a todos sus rivales revolucionarios y los últimos cuadros del antiguo ejército. De esa purga sólo se salvaron aquellos oficiales que demostraran total sumisión práctica como el “Gallego” José Ramón Fernández, Profesor de la Escuela de Cadetes y el Capitán Piloto Carreras Rolas. El primero fue quien con gran trabajo lo convenció de que el frustrado ataque de exiliados en abril del 61 era sólo en Bahía de Cochinos. Carreras, hoy General retirado, piloteó un jet T-33 sobre la playa y participó en el hundimiento de los desvencijados e indefensos barcos de transporte de los invasores. En su discurso Castro admitió cínicamente que, por razones prácticas había tenido que mantener oculta su militancia marxista-leninista, la que profesaba “desde sus días de estudiante”. De ese discurso existen “audios” y “videotapes” y “transcripts” al alcance de cualquier investigador honesto.

Mito: Fidel Castro es un “intelectual temerario, hijo de un latifundista gallego”. Realidad: Todas las biografías de Fidel Castro no autorizadas por el régimen, incluyendo las laudatorias (las he leído todas), exponen que sus actividades principales desde mucho antes del golpe de estado del 52 eran de tipo gangsteril. Desde su participación en el robo de la Campana de la Demajagua, reliquia de la independencia cubana (existen fotos de Castro con sus cómplices en el robo), hasta su participación en el asesinato alevoso del líder estudiantil Manolo Castro, el “Lider Máximo” es un individuo que no duda en usar violencia siempre que ella lo beneficie y previsto que lo haga con ventaja. Su participación personal en los sangrientos disturbios de Bogotá en 1948 es materia de record oficial. Su primera acción violenta fue una matanza de gallinas en la finca de su padre en Birán con una escopeta que había sido descuidadamente dejada a su alcance. Poseo un record audiovisual de su hermano Raúl, ya en funciones de Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, quien en repulsiva hilaridad cuenta cómo él y su hermano Fidel, de jovencitos, “operaban de apendicitis” a infelices patitos con navajas de afeitar.

No se le conoce a Castro ninguna producción intelectual, ni singulares logros académicos. Se graduó de abogado y punto. Nunca ha escrito otra cosa que el notorio alegato “La Historia me absolverá”, que fuera extensamente editado mucho después del juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953. La frase es desarticuladamente copiada de la defensa de Hitler ante el tribunal que lo sentenciara a la cómoda prisión de Landsberg como castigo por el sangriento Putsch de Munich. No ha habido nunca actividades intelectuales en el modus vivendi de Castro. Intelectuales o de cualquier otro género. No se ha ganado el pan honradamente por un solo día de su existencia. Primero vivió a costa de sus padres. Después, ostensiblemente, a costa de su suegro, el finado Rafael Díaz-Balart (abuelo del Representante por Florida Lincoln Díaz-Balart). Todo ello en la mejor tradición de Karl Marx. Pero, por la muestra, quizás el señor Barrezueta tampoco haya leído la biografía de Marx. Eso excluye los últimos 49 años, durante los cuales Castro ha vivido a costa de los cubanos.

Angel Castro no era sólo un “latifundista gallego” sino un antiguo soldado de Weyler durante la Colonia, de los que nunca perdonaron a Estados Unidos por el “desastre” de 1898. La República de Cuba era para Angel Castro una hija bastarda de los yankees. Demostraba su ojeriza hacia los criollos cada vez que podía hacerlo sin riesgo personal y era notorio entre sus vecinos de Birán por cambiar de lugar las cercas de su finca durante la noche.

Mito: En Cuba ya no hay clubes exclusivos. Realidad: En Cuba ya no hay clubes particulares (excepto algunos para turistas extranjeros como el Biltmore, en el que se pagan cuotas en divisas al Régimen). El señor Barrezueta por propia confesión ha visitado el Hotel Nacional en La Habana y a menos que sea ciego y sordo tiene que saber que tanto los hoteles turísticos, como las playas contíguas (cuando están ubicados en el litoral) son “off-limmits” para cubanos residiendo en Cuba. Ni siquiera el régimen niega el ignominioso “appartheid” que justifica como necesidad nacional para la obtención de divisas cambiables. Por supuesto, todo es culpa de “los yankees y de su infame bloqueo”. El Nacional y otros hoteles turísticos son de uso exclusivo de extranjeros y de la mafia castrista y Barrezueta lo sabe.

Mito: Hasta enero de 1959 Cuba era propiedad de las compañías yankees y de la mafia. Realidad: Aunque a mediados de los años 30 las empresas extranjeras superaban en número a las domésticas, en los 50 era al revés. Las principales industrias (un servidor trabajaba en una de ellas), eran en su mayoría propiedad de nativos. Incluyendo la poderosa industria azucarera, casi inexistente después de medio siglo de socialismo (del siglo XVIII), a pesar de la “zafra de los 10 millones de toneladas” de 1970. De acuerdo al Departamento del Censo de Estados Unidos, el influjo empresarial cubano fue precisamente el que inició la bonanza del sur de Florida, hoy el área de mayor crecimiento demográfico en Norteamérica. La fantasía de la mafia en Cuba, abonada con fruición por la propaganda de Castro y caricaturizada en películas como “Godfather” de Francis F. Coppola (partidario del régimen castrista, quien significativamente hoy se dedica a embotellar vino), es sólo eso: pura fantasía. A pesar de la presencia de figurones como Trafficante y el “matón de celuloide” George Raft, o incluso de otros reales gangsters como Meyer Lansky, todos los casinos en La Habana hasta 1958 cabían en una manzana de Las Vegas o de Atlantic City.


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