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Turistas de Estado
26-11-2007, Víctor Garrido Peralta

Sorprende la indignación teatral con que reaccionamos ante la parcialidad demostrada por múltiples países y organizaciones internacionales contra República Dominicana. Con justo criterio reflexivo invito a valorar el desempeño de nuestro Servicio Exterior, en tres situaciones puntuales: Nómina, aspiraciones frustradas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la pérdida de prestigio internacional de nuestra apreciada nación.

Siempre con la esperanza de ver las cosas como son y con el vivo ideal de soñar como habrán de ser, iniciaremos este trabajo con el tema nómina, en cuanto a la relación costo-efectividad que el aumento de la misma representa. Desde enero del año 2000, en que esta ascendía a la suma de $US 1.148,950.71 dólares americanos, la nómina del área diplomática ha mantenido un constante comportamiento ascendente, pues en diciembre del 2001 llegó a un total de $US 1.300,425.21 de la misma moneda, para alcanzar en septiembre del 2005 la suma de $US 1.986,771.87 dólares americanos. De Igual forma el área consular, que a septiembre del 2005 facturó un total de $US 952,628.06 dólares americanos por concepto de salarios.

De ahí que, con un personal de 53 diplomáticos a septiembre del 2005 destinados a nuestra delegación permanente ante las Naciones Unidas, empleomanía sólo superada por la representación de los Estados Unidos de América, resultó sencillo para las 195 representaciones permanentes existentes, constatar el caos con que nuestra delegación de vergüenza se maneja ante tan prestigioso organismo mundial.

Por todo esto y por otras cosas mas, se prefirió elegir para dicho puesto, a una nación que aunque ya había ostentado tan destacado asiento dentro del Consejo de Seguridad, la efectividad y prestigio de sus representaciones es más que conocida.

Por otra parte, observemos el resultado de la evaluación realizada por los relatores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre el tema racismo y xenofobia en República Dominicana. Como de costumbre, tratamos tardíamente de reaccionar con nuestra infuncional diplomacia de crisis, enarbolando teorías desgastadas que ya no surten efecto alguno. Por cuanto desde hace años se está consciente de la constante práctica diplomática cotidiana, que para su beneficio, viene realizando con todo su derecho el vecino país de Haití. El cual, dedica menos recursos económicos de su presupuesto al Servicio Exterior que nosotros, ha sido mucho más efectivo, a la luz del positivo resultado alcanzado por su encomiable labor a través de los años.

Y es que ha sido ése, el tradicional accionar de nuestro Servicio Exterior; la diplomacia de crisis. Cuando esta surge, o existe la necesidad de alcanzar un logro inmediato, entonces se envían delegaciones especiales y se trata de hacer e improvisar en poco tiempo, lo que debió realizarse cotidianamente por nuestras representaciones permanentes, por nuestros turistas de Estado.

Son su consecuencia, el que tengamos gran terreno perdido, ya que nuestros funcionarios del servicio diplomático y consular, no son más que turistas de Estado, costeados con el sudor de todos los dominicanos con sus impuestos, para que ellos(as) hagan turismo pagado, estudien, en la mayoría de los casos con una beca de otra institución estatal, o simplemente disfruten de la vida sin trabajar en nuestra nación o en el país receptor. Como ejemplos vamos específicamente a citar a dos continentes y dentro de ellos el caso de muestra numerosa delegación ante la ONU en América del Norte y nuestras tres embajadas en Roma, países desarrollado utilizan la concurrencia en este y otros destinos, donde de los 14 funcionarios de la embajada adscrito ante el Estado italiano sólo asisten 4 funcionarios; en la embajada de España que hoy llega a 19 funcionarios con similar desempeño, al reproducir la misma situación. En fin, en todas y cada una de nuestras embajadas de vergüenza se da esta deshonesta práctica, y sin embargo continuamos ampliando aun más la inoperancia y el mal hacer de nuestros turistas de Estado.

Es tiempo de reestructurar nuestra Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, de organizar lo que tenemos, de eliminar las tarjetas de pago de los turistas de Estado, abandonando el pernicioso uso dado de cargos por prebendas políticas. Ha llegado el momento de designar diplomáticos que dispongan de la capacidad, ilusión, voluntad y compromiso necesario con nuestra Patria, para lograr resultados programáticos. Es esta la hora de formar debidamente a nuestros funcionarios de carrera antes de asignarlos al exterior, que dichos funcionarios sean especializados en temas específicos. Es este el momento de abandonar la improvisación y despego a los intereses nacionales.

En definitiva, propugnamos por las embajadas concurrentes, en las que se desarrolle la Diplomacia de Estado no de gobierno. Abogamos por la concentración de esfuerzos, estructurales, técnicos, financieros y humanos para proyectar la imagen que merecemos, por la que todos (as) los ciudadanos (as) de esta noble tierra pagamos. Que sean nuestras representaciones un motivo de sentimiento patrio, cuando nos encontremos residiendo o visitando el exterior. Es con este, entre otros mecanismos a utilizar, como alcanzaremos el orgullo de nacionalidad perdido. Reclamamos respetar el honor que se ostenta al ser representantes de nuestro pueblo, para que con ello el Servicio Exterior sea vivo ejemplo de la dignidad nacional anhelada. ¡Aprendamos de Duarte dominicanos (as)! empuñemos ese ideal generaciones por venir e imitemos su ejemplo, ¡seamos como Duarte! Sin prisas pero sin pausas…Llegaremos.


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