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Manifiesto por Cuba
14-11-2007, Manuel Cuesta Morúa

El pasado 31 de octubre Cuba fue políticamente subastada en Nueva York. Allí, en nombre del gobierno cubano, el canciller Felipe Pérez Roque declaró que ellos, los de arriba, los que jamás han contado con los ciudadanos -revolucionarios o no-, estaban dispuestos a “renunciar a la bandera y soberanía” de nuestro país en aras de una virtual integración latinoamericana: en realidad una propuesta de anexión disfrazada. El Foro Debate: El Futuro de la Nación: Diálogo Alternativas y Propuestas considera estas declaraciones como una ignominia peligrosa e irresponsable que, manipulando atrevidamente el núcleo básico de nuestra identidad simbólica y pertenencia nacional, roza los límites de la traición a los fundamentos de la nación cubana y nos coloca, como país debilitado por un fallido proceso revolucionario, en los brazos del primer postor internacional que tenga el dinero y la ambición suficientes para adquirir la isla con los mejores pretextos. Esas palabras, que han concitado alarma e indignación en el centro mismo de la cubanía, reflejan más apego al poder que al imaginario nacional.

Las declaraciones del canciller de una nación que pertenece a todos los cubanos, no al gobierno, viene precedida de los comentarios hechos en Venezuela hace más de un año por Carlos Lage Dávila, Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, quien expresó entonces que Cuba tenía dos presidentes. Luego, Hugo Chávez Frías, el presidente de aquel país, reiteró en La Habana la ofensa, adelantando el proyecto de que ambos países formarían una tal confederación de repúblicas bolivariano-martianas. Estamos así, indudablemente, ante el eje retórico de una burla irrespetuosa y de un despropósito político que se está articulando seriamente a espaldas de los pueblos de Venezuela y de Cuba, y que constituye, en menos de un mes, la tercera humillación y el último de los ataques que sufrimos en nuestros valores y en las bases de nuestra nacionalidad. En esta ocasión, desde dentro y disolviendo la legitimidad histórica más profunda de lo que insisten en llamar revolución cubana. No caben dudas de que el juego de poder tradicional en lo que respecta a Cuba -un puro juego de elites cubanas y extranjeras que poco han querido entender la cubanidad y que en muchos casos ignoran nuestra cultura-, no respeta a los cubanos como nación.

Estamos obligados a ponerle fin a ese destino manifiesto que nos liquida como proyecto nacional y como ciudadanos con derechos. Las organizaciones que animan el Foro Debate hacen, por ello, un llamado a todos los cubanos para detener la subasta de Cuba: el gravísimo proyecto de desintegración política y simbólica de nuestro hogar que se nos está proponiendo desde el poder con desprecio y desenfado, y que debe ser denunciado con todas nuestras fuerzas, nuestras mejores ideas y con la afirmación de un compromiso moral con nuestro legado.

Durante los últimos 48 años se nos ha venido diciendo que Cuba necesitaba una revolución para rehacerse sobre las seis claves básicas de un auténtico proyecto de nación moderna: devolver el país a los cubanos, rescatar la riqueza nacional, instaurar la justicia social, fortalecer nuestro espacio simbólico y de valores, alcanzar la integración racial, construir la soberanía política del ciudadano y dimensionar la cultura. Pero a lo largo de estos casi 50 años, estas seis claves de identidad nacional se están destruyendo.

La revolución ha cerrado Cuba para los cubanos y la ha abierto para los extranjeros, ha distribuido las magras riquezas de un sistema productivo inviable entre las elites locales y el inversor foráneo, ha hecho cada vez más desigual a sus ciudadanos a pesar de la naturaleza pública de ciertos beneficios, ha reproducido el racismo con la virulencia sutil de un país oficialmente integrado, ha deshecho la soberanía política de los ciudadanos en medio del ritual mentiroso de unos sufragios sin sorpresas, ha sustituido nuestros modelos de identificación y de valores, colocándonos la simbología violenta de Ernesto Guevara de la Serna, un extranjero, en el lugar central que debe ocupar la simbología cívica, ética y humanista de José Martí Pérez, un cubano. Finalmente, ha reprimido la expresión diversa de la cultura nacional para ofrecernos de contrabando la idea de una sola cultura cubana, dispersa por el mundo, precisamente, como resultado de sus políticas intolerantes y represivas sobre esa misma cultura. En su sentido más profundo, la persistente identidad entre nación y revolución amenaza con destruir Cuba desde su interior. La corrupción, la violencia instalada en la conducta del país y la voluntad de diáspora de cinco millones de cubanos traducen existencialmente la quiebra de la nación por la lógica de una revolución indescifrable y caprichosa.
Las opciones para proteger a Cuba se reducen. La continuidad de nuestro proyecto nacional atraviesa este dilema que todos los cubanos, independientemente de cómo pensemos, debemos asumir con coraje: o la nación absorbe a la revolución en lo que muchos consideran su positiva dimensión social, o la nación perece atrapada por las prácticas destructivas de las dimensiones política, cultural, económica y de valores de esa misma revolución. En este sentido, seguirá existiendo lugar para las máscaras, pero ya, a esta hora, no hay lugar para el engaño de una retórica nacionalista sin credibilidad, que se empeña en arrinconarnos en nuestro propio suelo. Los cubanos estamos molestos.

Ante el fracaso, la decisión del gobierno de vender Cuba está tomada; siempre bajo el atractivo de la utopía latinoamericana. Pero Cuba puede seguir siendo nuestro lugar de esperanzas si no huimos del desafío. El Foro Debate propone afrontarlo con tres iniciativas: una campaña permanente que refleje públicamente con anuncios, pancartas, graffitis, o cualquier soporte material y simbólico, la consigna de que Cuba no se subasta y que comprende la distribución masiva de este Manifiesto por Cuba; un debate en todas las capitales de provincia sobre los valores de la nación para el futuro; y el lanzamiento del proyecto Nuevo País, la reunión de académicos, intelectuales y expertos que nos ayudarán a pensar un proyecto para Cuba desde el conocimiento y la cubanidad auténtica. Cualquier otra iniciativa es de seguro necesaria, siempre en el entendido de que la batalla por la nación se gana en las mentes, en una batalla de largo plazo que exige la incorporación sólida de unos valores nacionales empobrecidos, que se han venido forjando por más de 300 años y que son patrimonio, no de un partido político singular, sino de todos los cubanos.

Firman el documento: Concertación Pro Diálogo y Reconciliación/ Arco Progresista


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