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Cuba y su Realidad Social 24-05-2017

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03-11-2007, Roberto R. Acevedo

 Los Iconos, sincretismos reprimidos y el Folclor del epílogo (I)

Cada día que pasa crece mí satisfacción interior al recibir contactos personales numerosos y una muy copiosa correspondencia, con la motivación del debate público por esos artículos epistolares que con la denominación de “Cartas Abiertas”, se remiten a la saga de los falsos íconos de nuestros episodios nacionales en la lucha por el “Cambio” en Cuba, o como ingeniosamente las calificara nuestro compatriota Carlos Miyares, cuando rebautizó esos textos con el sugerente epónimo de las “Crónicas negras de la oposición cubana”.

Confieso que he ganado muchísimos amigos, un buen lote de detractores muy decreciente ahora ante refrendadas verdades incuestionables, y el respeto de los mejores cubanos, entre los que no son pocos quienes sin identidades conceptuales afines, comprenden lo necesario de enlazar el inédito desafío de expresar la verdad remitiéndose a hechos que no honran nuestra lucha, ni despejaron el camino para la reconciliación nacional.

Por la ruta de introspecciones personales fui abriendo uno tras otro, el meollo de sórdidos capítulos protagonizados por ese grupo de sujetos con orígenes turbios, socialmente desajustados y con un pésimo coeficiente de inteligencia, pero saturados de facturas abultadas en materia de astucia para la sobrevivencia. Desde esa dirección fueron llegando las conclusiones reveladoras de génesis en tales iluminados de opereta, la supina falta de realismo que caracteriza a sus sostenedores y el incesante discurrir encima de materiales y proyectos políticos de formatos pésimos y contenidos peores, usados y reiterados luego con agobiantes persistencias traducidas siempre a representarlos como intragables pócimas para los males de la patria, pues trascienden preceptos de compatibilidades imposibles, siendo como son, parte inseparable del mismo morbo nacional que sus mentores y mecenas insisten en combatir, confundiendo la identidad clave de nuestras pacíficas luchas.

Es de difícil deglución imaginar a los representantes de un país como los EU., procedente de una de las sociedades insignes del planeta y con sistemas modelos en cuanto al modo de aplicación democrática considerado como entre los más avanzados, prohijar, financiar y aupar, a sujetos de orígenes dudosos y a otros procedentes de claros medios marginales, entre los que se encuentran ex contrabandistas de obras de arte, traficantes de tabacos y de todo tipo de accesorios que puedan generar dinero, repugnantes proxenetas, practicantes activos del maltrato a damas, y demás etcéteras pertenecientes a claras tendencias sicopáticas, y por tanto con total incapacidad para renunciar a su potencial de espectro antisocial. ¿Cómo pretender promover a semejantes bichos hacia categorías autoasignadas para representar, con menos derecho que nadie para hacerlo, a un país que los rechaza y desprecia ostensiblemente?.

Lo único capaz de explicar tal lejanía entre motivación y práctica, entre teoría efectista y objetiva consecuencia, es la aplicación de procedimientos menos elevados que garanticen el fomento de ese tipo de material dúctil en Cuba, dispuesto siempre por dinero y exaltaciones pueriles en los medios de difusión a realizar cualquier acto encaminado a la consecución del trabajo de zapa local que permita renovar, una y otra vez, la perenne campaña por la confrontación en Cuba, activo líder de la extrema derecha para priorizar el estado de la Florida como baluarte electivo en el ascenso de sus candidatos a la presidencia norteamericana, manteniéndose viva y activa la claque mafiosa de Miami. Eso, desde luego, se convirtió ya en una praxis establecida que puede ser comprendida como definición en sus particularidades específicas, con la singular arista de que en su potencial político no muestra la manera apropiada de sacar al país de su prolongado barbecho, ni del multiplicado sufrimiento de los millones de desheredados, que hoy como ayer, son los visibles rehenes de esos subterfugios criminales, tocando fondo actual en la desesperanza nacional.

La avanzada de esa estrategia anticubana, el arquetipo de arlequín diseñado para hacer el juego a los extremistas de allá y al grupito de los de aquí, en perfecta sintonía con los recalcitrantes de la izquierda insertados en la cúpula del gobierno cubano, está compuesta de ese sentinoso patrón de falsos íconos hacia los que he dirigido la decena de “Cartas Abiertas” anteriores, a esos mismos sujetos de amáticas descomposiciones políticas cuya presencia se produce cuando el individuo no se resiste a impulsos de vanidad que anteponen por encima de su dignidad personal. Al renunciarse a categorías éticas, llegan las sustituciones disminuyentes y el sujeto se desplaza en un proceso de involución donde todo lo valioso es prostituido de forma completa.

La fuerte tendencia coyuntural de proyectarse en grupos para dirigir las definiciones compulsivas que tienden hacia retribuciones por conceptos de recompensas asignadas, en la medida en que sus pasos se orienten a sabotear todo lo negociable con el régimen cubano concebido a través de diálogos formales, se justifica por la fuerza que en la costumbre tiene el utilitarismo colectivista insertado en el desenvolvimiento de unas cuantas generaciones víctimas de lavados de cerebro marxistas. Ello viene a demostrar, que a pesar de percibirse un gran cambio en el mundo posmoderno, resulta clarísimo que las fuerzas de extremo no se detienen en utilizar el marco estructural - funcionalista, aunque para sus teóricos puristas eso resulte algo herético -.

El reformador político de Treveris fomentó la tesis de que las fuerzas materiales y económicas son la esencia de la base activa donde se formó la pirámide de todos los elementos morales e ideológicos, como superestructurales. En la vida de la iconografía, comprobamos una y otra vez la presencia de tales designios en cada entrega de sus acciones; lo más deplorable de todo resulta la falta completa de escrúpulos en quienes les utilizan y aupan, concientes de lo confuso y lo sucio de cuanto realizan, pero más interesados en los resultados que limpian cualquier mancha y así se evita cualquier autorecriminación.

Esa combinación de lo onírico con lo extemporáneo, de la audacia en mezclar esa especie de mito extinguido con aquello que en público lo execra, nos muestra el fondo etnológico de esa iconografía de barro cuya composición folclórica tiende a orientarse hacia orígenes donde todo pueda explicarse, incluido el punto de que aún les den crédito quienes lo apostaron todo a ellos, les han visto ceder todo el terreno, e insisten usarlos cuando todo parece indicar que al siguiente día perderán el apoyo recibido hasta aquí… pero entonces se produce el mágico designio pedido a cazuelas y madrinas, y hasta lo menos esperado por parecer lo más imposible, se hace visible con el más completo esplendor.

De tinieblas y luces llegó la eclosión…

A poca gente le interesa decir la verdad, sostener el paso de cuanto puede caerles encima de ojerizas y ostracismos. Como lo único que cuenta para mí es la nación y no recibo ni mesadas, ni ordenes de nadie, vayamos hacia perspectivas mondas y lirondas.

Haberle puesto un pie arriba (entiéndase las fuerzas combinadas entre el cómplice silencio de quienes debieron defender esa misma verdad y no lo hicieron, el ataque despiadado y desacreditador de la prensa, así como el de los duros halcones de Miami y los loritos repetidores de por acá) a la oposición decente en la Cuba de los 90, relegada y condenada al ostracismo más humillante y oneroso, fue un inapreciable servicio prestado a la contrainteligencia cubana. Curiosamente, eso sólo pudo lograrlo el esfuerzo conjunto de los funcionarios de la SINA con sus adláteres -tarugos en la forzada iconografía bajo su férula.

Nunca hubo una posibilidad real tan objetiva como en los años entre 1989 y 92, para producir las premisas capaces de colapsar al régimen, con la economía en estado catatónico y crisis interna de consideración, así como la agudización general con la perdida de la URSS y el resto de sus satélites en Europa del este. Pero, ¿qué sucedió realmente?; Fidel Castro tuvo otra oportunidad -y ésta era de oro puro- de lucirse brillantemente, conjuró todos los peligros enfrentados por su régimen, tomó abundante oxigeno, y cuando las importaciones llegaron a su peor nivel y la hambruna alcanzó la categoría de pandemia, dolarizó la economía y el irascible ciudadano cuyo estomago lo empujaba a arriesgarlo todo, amaneció al día siguiente de su último impulso colérico contra el sistema al que hacía responsable de sus cuitas, con la desconcertante impresión de que después de todo, los problemas se arreglarían. Claro que la única oposición presentada por la embajada norteamericana y su inmensa cobertura mediática como representante del pueblo cubano, ni ayer ni hoy pudiese asumir el rol de guía para la nación, pues en su comportamiento hay muchísima afinidad con el de una sección subalterna de la seguridad del estado cubano.

En ese momento histórico convulso y decisivo la Unión Soviética terminó sus días como súper estado multinacional y como imperio, cayó el muro de Berlín, Checoslovaquia emergió a la floreciente democracia inaugurada por Havel, Bulgaria exhibió sus más bellas flores en el reinicio de una nueva vida, Hungría desbordó las riveras del Danubio y de su pueblo en un amanecer fulgurante, Polonia pudo al fin, elegir una vida nueva con su nacionalidad asegurada frente a históricas acechanzas, y el resto del mundo fue un poco más libre. Sin embargo, el régimen cubano logró sobrevivir al derrumbe estrepitoso de la superpotencia ocupada durante más de tres décadas en subvencionarlo a fondo, a pesar de entrar la Isla en una pavorosa crisis y haber quedado absolutamente desacreditado el proyecto político que defendía. Para colmo, en esos tiempos emancipadores, nuestro pueblo sintió sobre sus espaldas otras dolorosas vueltas de tuercas en un corsé demasiado ajustado ya, y ello resultó perfecto para quienes se regocijan ante las penurias de nuestra nación, y luego desde las más pintorescas tribunas, desbarran sobre la ausencia de derechos y la perfidia del comunismo residual que el castrismo se empeña en mantener dentro de la Isla.

Ese monolítismo político sin términos medios donde evacuar intolerancias, se concibió para las supervivencias de intereses comunes entre los extremos de izquierdas y derechas, de acá y de allá, siendo fortalecido una y otra vez con un recalcitrante exilio que trabaja para el fundamentalismo de derecha norteamericano, todo poderoso y lleno de infantil arrogancia, que asume como impracticable el hecho de sentarse a negociar con los restos de cuanto desempeñó el activo papel de abanderado marxista a sólo 90 millas de sus costas, nada menos que por medio siglo.

A nadie con la capacidad para decidir en los Estados Unidos se le ha ocurrido suponer que ese costosísimo error pudo ser erradicado desde hace mucho tiempo, tan solo con un cambio pragmático de actitud en la cúpula de los poderosos. Al fin al cabo, ni Fidel Castro resultó el nom plus ultra del antinorteamericanísmo por espontánea predisposición, ni los soviéticos penetraron las preferencias del duro gobernante por naturales, e inocentes simpatías. Desde 1959, todo giro político en Cuba, por inesperado o no predecible que resulte, estuvo supeditado a la voluntad de un caudillo con impresionante capacidad de movilización en las ingentes masas; y ese punto crucial, con un cuidadoso tratamiento político, debió, y pudo, haber sido conjurado a favor de la democracia hemisférica.

Todavía hoy, luego de tantos errores en la conducción diplomática y política del diferendo entre los dos gobiernos, la actual administración norteña permanece ciega y sorda ante tres intentos de negociar los temas controversiales entre ambas partes; se sigue ignorando la realidad tangible de atravesar ahora mismo por un momento histórico decisivo en el que con simples pasos en dirección a un negociado serio, se produciría una enorme reconsideración del existencialismo cubano de hoy, pues ello trae consigo el debilitamiento de esa coraza superficial con que la ciudadanía ha intentado justificar, aceptar, resignarse, o escapar de un persistente marasmo, en el que se nos insta a usar como excusas las culpas reales del recurrente imperio y su absurdo embargo, así como otras causas de nuestra cotidianidad anuladora todavía más graves, cuya responsabilidad directa cae sobre anacronismos que se nos imponen a diario.

Mientras se recurran y cultiven las tesis de extrapolar culpas, de responsabilizar a la otra parte por nuestras miserias cotidianas, jamás este pueblo logrará a través de catarsis políticas, liberarse de la polución contenida en tanta y terrible experiencia a niveles del despotismo de posturas caudillistas mesiánicas, y de convertir a sus posibles soluciones en monedas de cambio para incluirse en los elementos geoestratégicos de un imperio, que la realidad misma neoliberal indica como inelegible epílogo, ateniéndose a verismos políticos que deberían tenerse en cuenta para proclamar la grandeza de una superpotencia que en teoría se inclina por defender la globalización de la democracia.

Lejos de lo racional, con profunda consternación leemos los cables que contienen declaraciones irresponsables de Condolezza Rice respecto a las respuestas de su gobierno en lo del ofrecimiento de diálogo negociador con su homólogo cubano, propuesto en tres ocasiones por el presidente interino Raúl Castro. Ya en otros espacios anteriores de las “Cartas Abiertas” me referí a la falta de rigor en materia de realismo cuando la propia secretaría de estado enfatiza en que su “gobierno no se sentará a negociar con el cubano, pues ellos lo deben hacer primero con su propio pueblo”. Con honradez admito que hay formas de ceguera política capaces de rebasar todos los elementales niveles de raciocinio que se esperan de luminarias académicas como la señora Rice, brillante en otros parámetros del ingenio humano, e insuficiente en la adopción de políticas cuyos nudos sólo podrían desatarse con la simple ejecutoría del paso exigido por circunstancias que el sentido común dicta.

A nadie se le ocurrió en el equipo de negociaciones norteamericanos que se ocupó del espinoso asunto de Corea del Norte, aberrable engendro semifeudal del cual ni siquiera existen evidencias probadas acerca de su capacidad real para fabricar armamento nuclear, exigir de sus interlocutores discusiones previas con su pueblo y su diezmada disidencia, antes de ceder no muy gallardamente a su chantaje atómico y ahora mismo colaborar en una cumbre entre el norte orwelliano y el sur democrático preparando futuras integraciones, a través de cualquier formula en condiciones de lograr una anticipada convivencia entre los dos países con sistemas y conceptos de la civilidad, absolutamente opuestos. Si tenemos en cuenta que más de tres decenas de miles de soldados norteamericanos cayeron en Corea en el conflicto de 1953, con la activa participación de China a favor de Pionyang por demás, de la misma China a la que tampoco se le exigió ninguna premisa humillante para negociar un tratado de paz e intercambios comerciales favorecidos por cláusulas de aplicación excepcional, para eliminar cualquier restricción de acceso al mercado de los EE.UU., también deberíamos hablar de la misma China que apoyó con todo a Hanoi en la guerra desatada en Viet-nam después de los incidentes de Ton Kin, cuyos resultados luctuosos para Norteamérica aún hoy repercuten en su sociedad, a despecho de algunos escrúpulos que en su momento fueron olvidados, en aras del fomento de otras políticas que están moldeadas por intereses mezquinos.

Entonces, no quedan muchas alternativas que pensar en cómo el extremismo de derecha norteamericano hizo posible la existencia de medio siglo de la otra antípoda simbolizada por el izquierdismo recalcitrante de La Habana. Parece un absurdo kafkiano ver reiterarse el repliegue de inmovilismos políticos por parte de la nueva administración cubana, y que cuando se le proponga una salida al diferendo con la parte norteamericana, nos llegue de allá la respuesta de que eso solo sería posible ..si antes el gobierno de la Isla se sienta a conversar con el grupo de calificados canallas que integran la iconografía desvergonzada, que hemos visto deshonrar a diario hasta nuestra condición de cubanos al llenar de lodos la impuesta condición de representar una oposición interna, de la que solo fueron su parte enferma, pues su mejor segmento político y ético fue escamoteado siempre a la opinión pública con las más cobardes omisiones. Dolorosamente, lo cierto es que en ese reciente pasado, cualquiera de las dos tendencias de extremos, de apariencias y posturas antagónicas, cuando necesitó pretextos y apoyos para evitar la caída de la otra, jamás vacilaron sus representantes en fabricarlos generosamente.

Si la administración del presidente Bush estuviese decidida con una clara voluntad política, a conversar con la parte cubana, no debe hacer lo que tampoco la otra parte osaría. Ninguno de los dos gobiernos debe exigir condiciones previas que la dignidad esté impedida de otorgar, y menos, introducir puntos sensibles en materia de soberanía. Mientras la composición y la historia de traiciones de la iconografía se hace añicos hoy en materia de crédito ante la nación, la Concertación emerge pujante y limpia, con un consecuente discurso de reconciliación a través del diálogo nacional que gana prosélitos a diario entre todas las tendencias de centro. Resulta obvio que lo único vertebrado y respetable, ético y decente en nuestra oposición interna, viene desde ese grupo de organizaciones capaces de ganar el espacio respetable que ocupa hoy a través de desempeños honorables; de modo que en su momento, tanto la cúpula militar cubana como el gobierno norteamericano, deberían considerar la representatividad de estos opositores cubanos negados a hacerle el juego a ninguno de los dos contendientes principales. Eso, los avala como interlocutores serios y representantes legítimos de quienes no defraudarían nunca, como antes lo hicieron a pesar de la hostilidad de una parte y de la otra, que es a nuestro pueblo.
Si a quienes mandan en los Estados Unidos les interesa de verdad ayudar a nuestro sufrido pueblo, entonces deberían saber que lo más importante ahora para los millones de cubanos sometidos a duras privaciones, es superarlas, comenzar por paliativos reales que pueden llegarnos inicialmente del levantamiento del embargo. Con eso, se privaría al sistema cubano de la excusa ecuménica para justificar sus insolvencias, que hasta aquí resultó un presupuesto político ideal en lo de ocultar el verdadero rostro de incapacidades crónicas, así como se desplazaría a Venezuela como sucedáneo financiero y suministrador de los imprescindibles hidrocarburos, con los delirios Chavistas de socialismos renovados que no son sino la misma cara maquillada del anterior, con todos los peligros que entraña la fusión de binomios funestos para la estabilidad democrática hemisférica.

Un paso así, pondría en primer plano a saludables tesis dentro de la cúpula cubana capaces de desplazar las de una ortodoxia de izquierda extrema que siempre muestra la hostilidad norteamericana como el primero de los peligros para el país. Ese grupo recalcitrante de mucho poder, se subordina también a Raúl Castro de manera incondicional, por lo que si la racionalidad de su líder al invitar a negociaciones al gobierno norteamericano no cayese en saco roto, sería extemporáneo y fuera de contexto mantener sus posiciones ultras, con todo cuanto de positivo ello aportaría a la firmeza de primeros pasos a una apertura real, a la liberación de nuestros presos políticos, y a la consolidación de posiciones inductoras al cambio nacional.

En la misma medida en que nada sale de ese gran pantano donde se encuentran los argumentos diplomáticos de inmovilismo necrosados en el tema de Cuba, se gesta y fortalece por minutos una respuesta prochavista, que dada las circunstancias deteriorantes de nuestra realidad, no puede esperar. Objetivamente, la administración Bush no está en condiciones de probar que cuanto diseña políticamente hoy respecto al presente y al futuro de nuestro país, se base en el ánimo de rescatar todo lo conculcado por acá en materia de derechos humanos. La pose de enojado Cowboy apuntando a la cabeza de su interlocutor no es siquiera una imagen que impresione al actual gobierno cubano, pues tal histrionismo impositivo sólo ha servido en casi medio siglo para poner peores las cosas –como pasó siempre con todo intento coactivo empleado hasta aquí- para quienes estamos dentro, aunque eso sí, garantiza los votos de un estado de gran peso electoral como La Florida y hace imposible el acceso a la Casa Blanca de una administración responsable como la que hubiese estado regida por Al Gore.

Eso, más el sensible incremento de las grandes fortunas adquiridas a través de tan lucrativa industria y a la tozudez del presidente Bush en cambiar el curso de éste, como otros desastres de su política exterior que ahora se extienden hasta la pésima conducción en los asuntos rusos, nos lleva a la conclusión de que por ahora el único camino viable para resolver los asuntos internos cubanos, sólo debemos supeditarlo a nuestros vernáculos esfuerzos y a la ayuda adicional de una Europa comprometida al mejoramiento del clima confrontativo, que podría aportar las premisas para despejar el camino hacia el diálogo nacional, con un intermediario interesado en ayudar sin ingerencias forzadas, e inaceptables por demás.

Claro que todo será más difícil con el tono inconciliable de Washington, pero quienes creemos en el diálogo albergamos la esperanza de que con el ascenso de la oposición moderada en el país y la concertación creciente entre la centro izquierda y una derecha renovada, que se apartó definitivamente de esa iconografía vinculada a intereses sórdidos de bufones vestidos de embajadores al frente de la SINA en La Habana, o de otros, que vinieron acá con apariencias de sobria cordura y no han parado de intentar la liquidación de quienes más valen y brillan dentro de la disidencia cubana, valiéndose de esas deyecciones espasmódicas de la patria enferma a quienes llamo íconos con acento, porque nada los asocia a consagraciones ni a martirologios por la nación, pues el fundamento de toda su fe se reduce a “ser ungidos” por quienes utilizan el concurso de sus prácticas de última escala, que deshonran todo cuanto los generosos segmentos mediáticos les asignaban representar en el pasado más reciente y hasta el mismo instante en que se hizo imposible la continuación de tales ejercicios en la promoción de lo peor de los deshechos políticos nacionales.

Resulta penoso conocer el modus operandis conque se perfilan algunas iniciativas para ser puestas en práctica por parte del material cirquero y fronterizo al servicio de la antioposición ejercida por sujetos adscriptos a la iconografía nacional. La denominada “Unidad por la Libertad”, lanzada a bombo y platillo por nuestros viejos conocidos, fue propuesta por el propio Michael Parmly en la residencia de Greg Wiegand, días antes de culminar su misión en Cuba como jefe de la sección de Derechos Humanos de la SINA. Ese líbelo de tan efímera duración, contó inicialmente, tal como se esperaba, con el delirante entusiasmo colaborador del pleno de camajanes, la dama Midas, y hasta de un político de recta trayectoria como Oswaldo Payá, a quien se le presentó un ultimátum a lo “ser o no ser”, pues el principal jerarca de la SINA en persona dejó muy claro esa tarde “que allí no se iba a pensar, sino a firmar”, refiriéndose al ridículo proyecto de unidad homogénea entre urea y barro, en cuya perspectiva lateral embozada quiso situarse un electrón como Payá, quien por poco compromete así sus meritos pasados y presentes por la patria; suerte que 72 horas después comenzó a derrumbarse el improvisado Frankestein conque se pretendió descalificar la Concertación política de agrupaciones, que no califican entre los guardianes de la fe cuyo reducto inquisidor tiene su sede en el malecón capitalino.

Continuará…


*Ex prisionero político cubano.

 


 


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