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Una Cuba sin tutelas es una Cuba con esperanzas
03-11-2007, Fernando Sánchez López

Un grupo de bloques institucionales participantes en el Foro Debate: El Futuro de la Nación: Diálogo Alternativas y Propuestas, hemos analizado y discutido con detenimiento y en la diversidad el discurso que el presidente de los Estados Unidos de América, George W. Bush, dirigió a la nación cubana el pasado 24 de octubre: un discurso paternalista, edulcorado, provocador, con algo de retardo político, ciertamente peligroso y con la vena ingerencista de quienes hablan desde esas alturas imperiales que están de moda en ambos hemisferios del continente americano.

En el Foro Debate defendemos la necesidad de apoyo y agradecemos la solidaridad con los esfuerzos y el sufrimiento de todos los demócratas en la oposición cubana, -sobre todo de todos aquellos que están presos- pero somos contrarios al concepto de democracia tutelada que por casi cincuenta años se viene manejando desde Washington con evidente fracaso y con la típica demagogia encantadora que, inexplicablemente, sigue cautivando a algunos cubanos. Allí se debe asumir de una buena vez que muchos demócratas sí creemos en nuestra capacidad para el autogobierno y la interlocución, y que entendemos como una ofensa cualquier retórica y cualquier acción que manipule, con tentación y ostentación, nuestras necesidades y nuestro entorno opresivo para introducir agendas foráneas.

Al igual que el gobierno cubano, el presidente George W. Bush confunde revolución con nación al pretender que la crítica y oposición legítimas, necesarias e inevitables al actual régimen cubano -crítica hecha con verdades que son inteligentemente percibidas por todos los que vivimos en la isla- implica que aceptemos lo que esencialmente cabe interpretar como ataques a la nación cubana. Eso es simplemente inaceptable.

Intentando hablar para los cubanos, sin que se lo hayamos pedido, el presidente de los Estados Unidos ha hablado por los cubanos. En vez de escuchar las voces plurales de la nación, ha optado por dictarnos cómo, cuándo y a qué ritmo debemos movernos hacia la democracia. No contento con eso, ha querido definir el papel de los diversos sectores de la sociedad cubana e intenta imponer un lenguaje, unos conceptos y un tiempo a las transformaciones democráticas. Con la incontinencia imperial que ha caracterizado a su administración, llama a la comunidad de naciones a que siga sus pautas y la invita a la ruptura de las normas del derecho internacional que rigen las relaciones entre Estados. Pero el Presidente Bush quiere más: apuesta, como ha hecho irresponsablemente en algunas partes del mundo -quebrando los fundamentos e intereses estratégicos de los mismos Estados Unidos-, por la desestabilización, la confrontación y la violencia fratricida entre cubanos, abriendo así todas las opciones a aquellos que aún practican en los Everglades los escenarios de todo tipo de guerras dentro de Cuba.
Entre desestabilización y tutelaje, George W. Bush también ofrece: ofrece capacitarnos para el futuro, preparándonos en dirección a rumbos ya definidos y solicitando para ello permiso, sin asomo de contradicción, al mismo gobierno que debe “quitarse del medio”.

¿Ha leído el presidente George Bush el Proyecto Varela, el Foro Cubano, las diversas propuestas de diálogo nacional, la Plataforma Común o la inmensa cantidad de programas de un amplio abanico de organizaciones de la oposición que demandan solidaridad pero rechazan la ingerencia? Si los ha leído, entonces el presidente de los Estados Unidos subestima e irrespeta a los cubanos. Si no, entonces desprecia e irrespeta a los cubanos por igual. La Unidad por la Libertad, que parece haber sido su única lectura cubana, la asumimos como un principio unitario que, sin representar a toda la oposición, el presidente Bush termina por liquidar. En el Foro Debate estamos trabajando por la libertad desde la estabilidad, y nos sentimos profundamente molestos y humillados por cualquier afrenta a nuestra dignidad y soberanía nacionales.
Pero es claro que el presidente de los Estados Unidos opta, con un discurso sin el menor sentido de oportunidad, sin expectativas viables y que desconoce los nuevos contextos, por la política hortelana: frente a la ineficacia de casi 50 años de confrontación, intenta minar el difícil camino del diálogo.

En el Foro Debate asumimos que las declaraciones de George Bush están dirigidas exactamente contra el ambiente y proceso de diálogo que hemos venido animando un grupo cada vez más amplio de alternativas cívicas y prodemocráticas cubanas, que apuestan por las instituciones y no por los caudillos. Donde se dibuja la probabilidad del diálogo creativo como apertura del proceso democrático, se intenta que regresemos a la confrontación pura y simple que día tras día pierde eficacia como agenda global.

El fracaso de Irak demuestra meridianamente la incapacidad de la violencia como vehículo de la democracia y su capacidad para generar nuevos odios. El éxito ejemplar de la transición en Sudáfrica ilustra, por el contrario, la fuerza del diálogo y la reconciliación para democratizar sociedades cargadas de odios ancestrales y su viabilidad para romper la lógica que los reproduce. El presidente George Bush debería aprender de sus fracasos y de los éxitos ajenos, dejando de considerar a Cuba como una provincia autónoma rebelde, o un Estado Cautivo Asociado de Norteamérica, para satisfacción de la maquinaria represiva cubana, aceitada inmejorablemente por sus políticas.

En Cuba debemos trabajar duro -e invitamos a todos los que quieran suscribir esta Declaración-, desde una clara agenda nacionalista y democrática, para romper la pinza griega que se cierra sobre nosotros con los gestos imperiales de George Bush y Hugo Chávez, y que nos atrapa entre el petróleo de Maracaibo y el arroz de Mississipi. Sustentado todo en la subasta que el gobierno acaba de hacer en Nueva York de la soberanía nacional. La comunidad internacional solo debe escuchar a los cubanos.


1º de noviembre de 2007

Concertación Pro Diálogo y Reconciliación
Fernando Sánchez López
Antonio Torres Justo
Carlos Aitchenson Guzmán
Leonardo Padrón Comptiz
Ignacio Padrón Navarro

Arco Progresista
Manuel Cuesta Morúa
Leonardo Calvo Cárdenas
Denia Rodríguez del Toro
Wilmer Gonzáles Rodríguez
Claro Díaz Robaina
Mayra Sánchez Sorí

Grupo Mediático Consenso
Gilberto Figueredo
Juan Lázaro Besada Toledo
Zoimara Menéndez Simeón


 


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