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CUBA DE LOS CUBANOS, POR LOS CUBANOS Y PARA LOS CUBANOS
30-10-2007, Alfredo Cepero

La semana pasada el Presidente Bush pronunció un discurso sobre Cuba que ha sido analizado hasta la saciedad y que, por lo tanto, no voy a perder mi tiempo ni el de mis lectores lloviendo sobre mojado. He preferido, por otra parte, buscar inspiración y enseñanza en las palabras y la conducta de otro presidente norteamericano. Un hombre extraordinario que a fuerza de tenacidad y coraje superó la crisis de la secesión y preservó la Unión Norteamericana en una guerra fratricida que costó centenares de miles de vidas y miles de millones de dólares. El mismo hombre que hace 144 años, en una mañana invernal del 19 de noviembre de 1863, en lo que era entonces un diminuto poblado del estado de Pennsylvania, resumió en 268 palabras el código de conducta que debe regir la vida de los ciudadanos de una república democrática. El lugar se llama Gettysburg, el discurso ha sido bautizado por los historiadores como “Oración de Gettysburg” y el hombre se llamó Abraham Lincoln.

Después de honrar a los caídos en una batalla que produjo más de 50,000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, el Presidente Lincoln habló a los presentes, para todos los tiempos y todos pueblos, sobre la responsabilidad de cada ciudadano en la preservación de la democracia. Con tal motivo, dijo: “A nosotros corresponde la gran tarea de obtener para esta nación—bajo la gracia de Dios—un nuevo amanecer de libertad y de que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo jamás desaparezca de la faz de la Tierra”. Esta cita de Lincoln me dio el título, el tema y la inspiración para este trabajo.

Comencemos por reconocer que ningún otro país del mundo ha acogido a tantos cubanos con la generosidad y largueza de los Estados Unidos. Proclamemos a los cuatro vientos nuestra gratitud imperecedera por esa acogida. Al mismo tiempo, partamos de la premisa de que tanto el Presidente Bush como los nueve que le han antecedido en este medio siglo han deseado la libertad de Cuba. Por otra parte, entendamos que, a la luz del manifiesto compromiso norteamericano nacido del financiamiento y organización de la Brigada 2506, los cubanos teníamos expectativas reales y razonables de esperar ayudas sustanciales en el campo militar.

Pero los hechos ciertos e incuestionables son que la conducta de los moradores de la Casa Blanca no ha estado en concordancia con sus compromisos implícitos, su solidaridad de aliados en la lucha por la democracia, su obligación como líderes del mundo libre, ni sus promesas en tiempos de campañas electorales. Después de la flagrante traición de Girón, de la oportunidad perdida de la crisis de octubre de 1962 y del Pacto de Kennedy-Khrushchev los cubanos debimos haber despertado de nuestro letargo de dependencia y credulidad. Si no lo hicimos fue porque no hay nadie más fácil de engañar que quién quiere engañarse a sí mismo. Y por ello tenemos al mismo tiempo una gran dosis de culpa y una inmensa responsabilidad.

Pero la mejor forma de purgar nuestra culpa y cumplir nuestra responsabilidad es entender donde estamos. A pesar de la retórica y las promesas de gigantescas ayudas económicas para la reconstrucción de nuestro país, el Pacto Kennedy- Khrushchev sigue en vigor, los granjeros norteamericanos continúan lucrando en sus negocios con el tirano, los balseros son devueltos a sus carceleros, el asesinato de los jóvenes de Hermanos al Rescate sigue impune y la ley Helms-Burton se ha convertido en un tigre sin dientes ante la negativa de los últimos dos presidentes a aplicarla en su totalidad. Y todos sabemos que un tigre sin dientes no es otra cosa que un gato grande que a muchos entretiene y a nadie amedrenta.

Por lo tanto, basta ya de engañarnos y de creer en las promesas de quienes pueden desear nuestra libertad pero no están dispuestos a utilizar los recursos necesarios para obtenerla. Es lógico y hasta comprensible que un presidente norteamericano ponga los intereses de su país por encima de la libertad de Cuba y hasta la felicidad de nuestro pueblo. Pero sería imperdonable que nosotros aceptemos las excusas de cualquier presidente norteamericano para cruzarnos de brazos ante la tragedia del pueblo de Cuba. Defiendan ellos sus intereses que nosotros vamos a defender los nuestros, aún cuando en algún momento choquen con los intereses de Washington.

Aquí voy a apartarme de mi compromiso al comenzar este artículo en cuanto a no dedicar espacio a analizar el reciente discurso del Presidente Bush. Tengo que mencionar por oportuno y esclarecedor el comentario de mi amigo Alberto Luzárraga sobre el fondo internacional para la asistencia a la reconstrucción. Según Bush dicho fondo contaría con la contribución de numerosos países entre los cuales, debemos asumir, estarán muchos de los que actualmente hacen negocios con el tirano. No hay que ser un experto en banca ni economía como el amigo Luzarraga para deducir que esos prestamistas exigirían a cambio de sus préstamos el pago de las deudas contraídas por la tiranía. Esos pagos no sólo beneficiarían a los cómplices del actual gobierno cubano sino permitirían a Washington mantener buenas relaciones con sus socios internacionales. Pero para nosotros serían la continuación de la esclavitud después de caída la dictadura. Por lo que aquí tenemos un obvio conflicto entre los Estados Unidos y el futuro gobierno de Cuba.

En conclusión, la geografía, la geopolítica y la geoeconomía indican que Washington será nuestro principal mercado y socio comercial en la Cuba futura. Pensemos que hasta nos otorgaran créditos y préstamos para la urgente reconstrucción de la nación cubana y se los vamos a agradecer. Pero de ahí a que supeditemos nuestra soberanía y nuestros intereses a los de Estados Unidos hay un gran trecho. El trecho que separa a los patriotas de los vende-patrias. Al igual que Lincoln en los Estados Unidos, los cubanos seremos celosos guardianes de nuestra democracia y nuestra soberanía construyendo una Cuba de los cubanos, por los cubanos y para los cubanos. Si no lo hacemos no merecemos patria.


 


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