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EL DENOMINADOR COMUN
17-09-2007, Hugo J. Byrne


“Una de las preguntas más frecuentes entre quienes nunca han participado de un safari es, ¿qué pasa con todas las culebras?”

Peter H. Capstick (“Death in the Long Grass”)

 

Las personas deshonestas tienen siempre ciertas características comunes. La ausencia de honradez puede identificarse fácilmente entre aquellos que desarrollan sus actividades a la vista del público en las sociedades libres, como esta en que gracias a Dios vivimos.

Desde Prelados de la Iglesia protectores de sacerdotes pedófilos, como el antiguo Arzobispo de Boston o el Cardenal de Los Angeles, pasando por políticos corruptos como el desaparecido ex Gobernador republicano Ryan de Illinois, o jerarcas de consorcios como los antiguos ejecutivos del quebrado ENRON, todos dejan por algún lado una huella absolutamente identificable. Deseo exponer en este trabajo un denominador bien común de deshonestidad entre esos personajes que nos rodean.

No soy santo, pero tengo suficiente autoridad moral para enjuiciar a algunos individuos muy notorios en nuestra sociedad. Admito que todos pecamos, pero no hay duda que existen categorías en el pecado. De otra manera la historia (la real), no condenaría a individuos como Atila, Tiberio, Calígula, Hitler, Stalin, Mao, y Castro.

Steven Spielberg es un notable director de cine. Uno de los mejores en el Hollywood contemporáneo. También es claro que compensa su talento artístico con una absoluta falta de vergüenza. Hay que ser muy desvergonzado para condenar el genocidio nazi y al mismo tiempo alabar a Castro.

Amigos lectores, Spielberg está lejos de ser ignorante. Su acceso a la información es el mismo nuestro, por tanto puede verificar objetiva y honestamente el record criminal de Castro. No lo hace por corrupto: Visitar Castrolandia haciéndole monerías al Tirano le da imagen “controversial”, contribuyendo a su carrera en el medio “snob” y ultra izquierdista en que ha devenido Hollywood.

 

La corrupción política tiene las mismas características. Algo que me produce malestar casi físico es la fe ciega que han depositado muchos legítimos exiliados cubanos en el Partido Republicano en general y muy especialmente en la administración de Bush. El apoyo, de tan universal es casi religioso. Aunque no faltarán adocenados quienes interpreten esta afirmación como favorable al Partido Demócrata, me resisto a creer que los lectores de esta columna abriguen una noción tan irracional.

Esa fe ciega es prueba fehaciente de que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra indefinidamente. Empecemos por la filosofía de la agenda republicana. Supuestamente el GOP (“Grand old Party”) es el partido del gobierno limitado. La administración de Bush ha triplicado pasmosa e irresponsablemente no sólo la burocracia improductiva que ya va siendo la bochornosa divisa de Washington sin importar el partido que gobierne, sino consecuentemente el déficit que ella acarrea. Me refiero a gastos que nada tienen que ver con 9/11, la defensa nacional o la guerra contra el terrorismo, incluyendo a las fuerzas expedicionarias en Irak y Afganistán. Esas erogaciones, por supuesto, sí son justificadas.

¿Avanza acaso la causa de la libertad de Cuba o sus intereses como nación por que se designen jefes de origen cubano a dependencias del ejecutivo, mientras que el Departamento de “Justicia” se dedica a perseguir con saña a cuantos patriotas merezcan tal honroso calificativo? Puedo dar fe que la campaña de Bush y Alberto González contra Cuba libre ni siquiera se detiene en el umbral de la prisión. Sin sentirme (todavía) en libertad de dar detalles, puedo afirmar con tranquilidad de conciencia que el régimen carcelario sufrido por algunos de ellos ha sido tan cruel como inhumano. Mientras tanto, nuestros “amigos republicanos” han reafirmado ante el mundo el buen trato recibido por los terroristas en Guantánamo. Y es cierto. Se ha evidenciado que los fanáticos musulmanes ganan peso en esa prisión. Por contraste ví la depauperación física de Luis Posada hace meses ante un tribunal de El Paso. Después ví a Luis en Miami en el mes de julio, recuperado y feliz de su libertad.

Aunque probablemente esto contribuyera a que la Jueza Cardonne desestimara los cargos y ordenara su libertad inmediata, hay rumores de nuevas insidias anticubanas contra Posada por parte de los ramplones picapleitos del “Justice” Department. No es necesario recordar que quienes arriesgaron sus vidas antaño por la libertad y los intereses de esta nación no cuentan con muchos defensores en el mundo oficial norteamericano. Así paga el diablo. Sin embargo, nunca estarán solos mientras exista esta columna.
Recientemente el Senador Larry E. Craig, republicano por el Estado de Idaho fue arrestado en un servicio sanitario público y acusado de hacer insinuaciones indecentes a un agente policial encubierto. Aunque inicialmente se declarara culpable de un cargo de “alteración pública”, ahora parece que desea un cambio en su declaración original. El también Senador republicano Everett Specter sugirió públicamente que Craig debía hacer precisamente eso. Todo este escándalo ha traído como consecuencia cierto escrutinio público del Senador, quien es líder de los republicanos en el Senado entre quienes cabildean a favor de abandonar el presente embargo económico contra el régimen, restableciendo relaciones de todo tipo con el notorio estado terrorista.

Tanto Specter como Craig han visitado La Habana y abogado por el levantamiento del embargo. Sin embargo, Craig es el más estridente de los dos en este asunto, buscando acuerdos comerciales en beneficio de negocios en Idaho. Para ello entrevistó a Fifo en el 2004, intercambiando con él regalos y amabilidades. Que todos esos negocios sean a base del mismo crédito que Fifo ha renegado desde 1986 no les preocupa. Los contribuyentes de Estados Unidos pagarán la cuenta, como siempre. ¿Agenda republicana? No me hagan reir. Lo admirable es que la posición de Craig y del muy encumbrado Senador Specter en el tema de Castro era desconocida de muchos y vergonzosamente, por muchísimos exiliados cubanos.

Por supuesto, no los lectores de esta columna


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