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CASTRISMO VERSUS “SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”
11-09-2007, Michel D. Suárez

Hablé este miércoles con algunos periodistas independientes en Cuba. Ninguno supo decirme a qué se refería Fidel Castro con su diatriba contra los ahora llamados "superrevolucionarios". Gracias a esa graciosa costumbre que tiene la prensa oficialista de editorializar sin mencionar los hechos, nombres o contextos informativos, la mayoría de los cubanos se han quedado sin saber de qué hablaba el ayatolah en su periódico privado.

Hoy, un día después de la 'reflexión', el presidente del Movimiento Juvenil Martiano y vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí, Carlos Rodríguez Almaguer, sale en ayuda de su comandante en jefe para aportar algo de luz sobre la crítica a la "extrema izquierda". Pero sólo algo. Pone un nombre sobre la mesa: Heinz Dieterich, el denominado padre del socialismo del siglo XXI. Castro no lo menciona en su artículo porque el "teórico" alemán, residente en México, es actualmente asesor de Hugo Chávez. Quién lo iba a decir: autocensura y contención en las actitudes del temerario comandante.

Rodríguez Almaguer resume sus reproches hacia Dieterich así, en el periódico de la "extrema izquierda" Kaos en la Red:

"Obviamente ni el contexto es el mismo, ni yo soy Federico Engels (ni me pretendo comparar siquiera con ese verdaderosabio alemán (que tuvo la humildad [tan necesaria a Dieterich] de proclamar que el sabio era Carlos Marx, y él a lo sumo un hombre de talento), ni Heinz Dieterich es el señor Dühring. Sin embargo, el empeño por aplicarle su 'receta infalible' al renacer de viejos sueños libertarios en los países de lo que José Martí llamó Nuestra América, lo acerca bastante a ese antiguo (...) padecimiento teutón de querer encerrarlo todo en un sistema que incluya etapas, períodos y plicas de cualquier tipo, como si el decursar de la existencia humana pudiera predecirse en un papel como si fuera el plan de estudios de la universidad".
"No voy a ponerme a desbarrar de este reconocido, potenciado y controvertido pensador alemán asentado en México, que se suma a los llamados internacionales en defensa de la Revolución Cubana y al mismo tiempo pretende empinársele de agorero de sus destinos, condicionando la supervivencia del proceso cubano a la adhesión o no del mismo a su acuñado concepto de 'Socialismo del Siglo XXI', que según creo, comenzó sus afanes hegemónicos en la esfera del pensamiento de izquierda con el nada humilde nombre de 'Nuevo Proyecto Histórico' (…) Pero el más elemental sentido común me lleva a preguntarle al señor Dieterich lo que cualquier guajiro cubano, después de leer por sí mismo (…) la altanería de sus pretendidas lecciones a la dirección revolucionaria de Cuba, podría preguntarle mirándole fijamente a los ojos: a saber, ¿Cuántas revoluciones ha hecho usted, señor Dieterich? ¿Dónde están sus heridas en combate? ¿Cuánto tiempo guardó prisión por intentar guiar a un pueblo a la lucha por conquistar para todos sus ciudadanos 'la mayor suma de felicidad posible', como quería Simón Bolívar? ¿Qué tiempo ha tenido que ocultarse en la clandestinidad para escapar de las persecuciones de los asesinos de los pueblos?...".

"Siempre le agradeceremos a Dieterich su apoyo a Cuba, pero tenemos el derecho de responder cuando consideremos que algo de lo que diga respecto a nuestro país no se atiene a las realidades contundentes...".

Al rayito de luz que aporta el combativo Rodríguez Almaguer sobre el origen de la invectiva castrista, sumemos varias ideas —alocadas también pero polémicas en torno al régimen de La Habana— del maestro Dieterich en sucesivas publicaciones:

"Cuba tiene dos alternativas: o se integra al naciente debate mundial sobre el Socialismo del Siglo XXI o se quedará aislado de esta torrente mundial, con un alto costo teórico y político para la Revolución. Y la idea, de poder impedir el debate, es
ilusoria".

"Se presenta, entonces, la paradójica situación de que la teoría del socialismo del siglo XXI ha sido publicada en chino, enruso, en alemán, en turco, en inglés, en castellano, en checo y en catalán, y prácticamente en todos los países de América Latina, pero no en Cuba, única nación de la Patria Grande que se define como socialista".

"¿Tendrá la vanguardia intelectual cubana la capacidad renovadora y el valor de evolucionar el socialismo histórico hacia el Socialismo del Siglo XXI o permitirá que el paradigma del pasado liquide a su gran obra revolucionaria?".
Y quizás lo que más ha enfurecido al ahora aislado e insignificante enfermo es el "elogio" dieterichiano a Raúl Castro el 2 de agosto de este año:

"El discurso de Raúl Castro del 26 de julio, 2007, austero y, en el sentido epistemológico, materialista, introdujo al debate público el problema de los precios administrativos de la economía cubana, es decir, de los precios fijados por el Estado.

El Presidente interino constató inequívocamente que los precios estatales para los productos del campo y para la mano de obra (salarios), han tenido tres efectos negativos: a) han bloqueado el desarrollo de las fuerzas productivas; b) han generado la corrupción que el Estado no ha podido controlar, y c) han afectado negativamente la calidad de vida de los ciudadanos. Las implicaciones de esta afirmación son revolucionarias".

Dieterich es el autor de una descabellada teoría, sobre el valor de la producción socialista, que ahora intenta aplicar en Venezuela. Para defenderla, incluso apela al pensamiento económico del Che en los primeros años de revolución cubana. Es lo que le faltaba a Cuba. Otro experimento.

De momento, las fieras de la "izquierda extrema" —es raro que Castro se excluya de esta categoría, de la que ha sido paradigma y maestro— sacan levemente sus uñas y amagan con arañarse. Sin embargo, no creo que haya tiempo —de vida— como para una guerra entre el castrismo y el socialismo del siglo XXI. Pero, de todo esto, pueden extraerse algunas conclusiones: las carencias ideológicas del régimen de La Habana quedan al desnudo ante el resto de la caverna izquierdista y las propuestas de ésta "para salvar a Cuba" son más de lo mismo, una reinterpretación extemporánea del marxismo.


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