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Cuba - Los elementos del cambío
25-08-2007, Lino Fernández, B

Estados Unidos de américa y la comunidad de exilados cubanos

Al comienzo de la Revolución, una cadena de eventos económicos, sociales y políticos ejercieron inmensas presiones sobre la población. La centralización del poder en pocas manos y la penalización de la libre expresión, fueron los detonantes que desencadenaron la guerra civil.
¿Por qué los hombres y mujeres de la resistencia fracasamos?

Algunos cubanos en el exterior y la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (cia) descartaron el concepto: “No hay pueblo que pueda conducir su guerra de liberación desde fuera de sus fronteras”

1. En general, los protagonistas políticos del exterior tenían la convicción de que EEUU no permitiría un país comunista a 90 millas de su territorio. De esa idea surgió en la clase política norteamericana una aún más peligrosa: “Los cubanos nos están dando la autorización para decidir por ellos, en las oficinas de la cia, cómo dirigir esa guerra”

2. Mientras, dentro de Cuba se necesitaba ayuda y la esperamos en vano. Lo que se desarrollaba dentro de la resistencia cubana no era de interés para la cia, a menos que pudiera ser controlado, dirigido, detenido o manipulado. Como apuntó Enrique Baloyra, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami, en la conferencia «Bahía de Cochinos y eventos relacionados», de Musgrove (Georgia, 1995): “El error de la cia consistió en inmiscuirse en la lucha, conformarla de manera que se lograran sus objetivos con nuestros medios, no nuestros objetivos con nuestros medios”.

La cia trató de fabricar una resistencia made in USA, pero esta resistencia no fue viable. Estados Unidos carecía de agenda para oponerse a la Revolución, e inventó el embargo económico, usado inmediatamente por el régimen como un Bumerán legitimador. Se creó la imagen de Estados Unidos como el enemigo que lastimaba al pueblo cubano, y ello exacerbó los sentimientos nacionalistas y antiamericanos.

La Ley Helms-Burton, expresión del embargo, tiene sus puntos débiles, precisamente, en la opinión pública cubana que ha suscitado. Como expresó en un artículo reciente Ernesto Betancourt, antiguo director de Radio Martí, la ley ha servido “para antagonizar a nuestros aliados y ayudar a Castro a mantener ante sus seguidores la imagen de que el mundo entero apoya su régimen. Lo que refuerza su atractivo carismático ante los ojos de sus creyentes más cercanos» (…) “el otro fallo está en la redacción del Título II, que establece las condiciones para proveer asistencia a la transición hacia la democracia, condiciones inaceptables que van a frenar, más que a alentar, a la gente del régimen a hacer algo contra Castro.

Los que cruzan el umbral de la represión violenta dentro de Cuba, lo hacen movidos por principios profundamente arraigados, y para ellos el nacionalismo es una fuerza motivacional tan central como lo es para los que apoyan al régimen». Los socialdemócratas cubanos tienen la firme convicción de que potenciar la democratización de Cuba puede hacerse desde caminos mejores y más seguros que respeten, definitivamente, nuestras realidades como historia, nuestra independencia como nación y nuestra imaginación como pueblo.

No respetando a la oposición dentro de Cuba, obstruyendo sus iniciativas, controlando sus planes y tratándola como subordinada, no como aliada, el gobierno de Estados Unidos ha validado las quejas de Castro de que el propósito de su política era eliminar la soberanía nacional, como en 1901 con la infame enmienda Orville-Platt.

La represión política y la lucha diaria por la supervivencia que el pueblo cubano afronta en la Isla, y que el embargo refuerza, lo ha desmoralizado hasta el punto de que nadie se siente seguro de expresar sus opiniones abiertamente. La generación joven está confusa. Las ideologías son consideradas asuntos puramente baladíes. Operando en este ambiente, el curso óptimo de acción de Castro está en reforzar el aislamiento que el embargo ha creado, y así mantener el control interno.

Esta política pasivo-agresiva se basa en asumir que nada está ocurriendo dentro de Cuba. Pero la realidad es otra. El cuadro general no es de inmovilidad. Los cambios en aspectos esenciales de la realidad del país en los últimos quince años han sido abruptos, intensos y dramáticos. actores internacionales: el diferendo es entre el pueblo cubano y Castro Después de cuarenta y ocho años, la estructura del poder totalitario en Cuba permanece intacta. Considerando el hecho de que la ilusión del gobierno norteamericano era derrocar a Castro y éste aún permanece en el poder, uno se pregunta: ¿Qué ha fallado? ¿Por qué la ilusión no se ha realizado? ¿Será posible que esa ilusión haya sido el principal sostenedor de Castro?

Después del trauma de la invasión de Bahía de Cochinos, Estados Unidos se quedó sin estrategia para influir en los cambios políticos en Cuba. Y aún no sabe qué pasa con Cuba. Desde el comienzo de la Revolución, cuando la única opción del pueblo cubano fue la insurgencia armada, los políticos norteamericanos pretendieron «salvar a Cuba» y cada paso que dieron condujo al fracaso. ¿Por qué? Porque la democracia tiene que surgir desde dentro.

El Acta para la Democracia en Cuba, o Ley Helms-Burton-Castro, según la oposición cubana, reafirma un diferendo ee. uu.-Cuba que no ha cambiado en los últimos cuarenta y ocho años ni va a cambiar. Castro se nutre en gran medida de la guerra fría, de la confrontación perenne, y no le conviene que cambie. De modo que:

• No creemos que las soluciones para una Cuba libre estén en las manos de los políticos de América y Europa que, basados en la tozudez de Castro y en la supuesta pasividad del pueblo cubano, justifican la estrangulación, a fin de que el pueblo se rebele por hambre. Esto es una contradicción.

• Si la Unión Europea no desarrolla su propia política autónoma con relación a Cuba, ajena al nuevo diferendo Unión Europea vs. ee. uu., surgido después de la Ley Helms-Burton y la guerra de Irak, el grupo de naciones que la forman será un obstáculo y no una ayuda a nuestra liberación.

• El conflicto es entre Castro y la oposición a su sistema opresivo. Hoy, aquí, en este foro, ustedes han dado «voz a los que no tienen voz». No hay una mejor guía para la Unión Europea y América. La única política real y efectiva para estas naciones debe estar basada en satisfacer la necesidad del pueblo cubano que se opone a Castro: la necesidad de ser reconocido, y no sentirse ignorado por más tiempo.

• El gobierno cubano no debe ser excluido de las organizaciones internacionales. Debe estar presente, de modo que esté atado por las leyes, acuerdos o convenciones internacionales que firme.

• La política de inmiscuirse no es la mejor. Pero no es posible permanecer callados cuando unos atropellan y otros hacen buen negocio con ello; pronto se pierden las ganancias y los principios éticos. Debería solicitarse a los que hacen cumplir las leyes internacionales que protegen los derechos de los trabajadores, que presionen a favor del cumplimiento de los Principios Arcos (3), ya que resumen el uso abusivo de las fuerzas trabajadoras cubanas por el gobierno cubano y el capital foráneo, asociados en una nueva clase de explotación.

• Favorecemos la apertura de la sociedad cubana. Es evidente que el castrismo se opone a ella. No quiere, ni soporta, ni alienta, ni permite, 3 Los Principios Arcos o «Principios para la Inversión Extranjera en Cuba», de 1994, fue un proyecto conjunto de Gustavo Arcos Bergnes (Comité Cubano Pro Derechos Humanos), de la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos y de la Solidaridad de Trabajadores Cubanos.

Estos principios intentan comprometer a los inversionistas extranjeros en varios aspectos: el respeto a la dignidad del pueblo cubano y sus derechos humanos básicos; el establecimiento como norma de la igualdad de derechos; el ejercicio de prácticas justas de contratación y de empleo sin discriminación por razones políticas, sexo, raza, religión y edad; la promoción de prácticas laborales justas, el derecho de los trabajadores cubanos a sindicalizarse y a ser remunerados adecuadamente; así como el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores dentro y fuera de los centros laborales, en áreas tales como: seguridad e higiene ocupacional, cultura y protección del medio ambiente. resiste la apertura del pueblo hacia nuevas formas de pensar.

El régimen categoriza la penetración ideológica como «terrorismo con guante blanco », es por ello que ha establecido otro embargo, esta vez interno, que se nutre, excusa y justifica con el externo. el régimen. la actual paradoja de cuba Sin lugar a dudas, el régimen revolucionario ha confrontado la crisis más seria de toda su historia en los últimos tiempos. A primera vista, atraviesa circunstancias que deberían haber provocado su colapso: pérdida del referente ideológico, pérdida de su inserción en la economía internacional, economía doméstica de supervivencia, ruptura del contrato social revolucionario, discontinuidad en su legitimidad de origen para las nuevas generaciones, falta de consenso entre la élite política, casi completa incertidumbre sobre el futuro, y desaparición de su patrono internacional. Pero surge una paradoja. A pesar de todo esto, dicho régimen:

• No ha perdido su capacidad represiva y siguen intactos los instrumentos de terror;

• Su dirigencia no ha perdido su voluntad de poder, y

• No se han podido actualizar, a nivel de la realidad cotidiana cubana, los medios y la oportunidad de dar vigencia a un proyecto alternativo convincente. En clave abreviada, la profunda crisis nacional que confronta el país no parece haber tenido consecuencias políticas de igual magnitud. Por el momento,”desde arriba”, comenzando dentro del pcc y “derramándose” hacia el nivel de los cubanos comunes y corrientes, no ha habido retos serios; pero “desde abajo” sí ha habido un reto decisivo al régimen, que lo ha forzado a incluir una elevada dosis de represión en su actual política de reequilibramiento.

Esa represión ha trocado para siempre la imagen del pequeño David, víctima dentro de la Guerra Fría, de la que el régimen ha sacado buen provecho. la disidencia dentro del régimen: los jóvenes turcos en cuba La efebocracia, o dirigencia de relevo, generaciones intermedia y nueva, que controla ya un porcentaje creciente del poder, se ve ante la ingente y difícil tarea de rediseñar el sistema económico cubano y la sociedad, manteniendo el poder político por un largo período de tiempo, y encaminando la transición, como ya va ocurriendo, hacia una sucesión.

Quizás hacia una economía mixta de mercado, donde el Estado y sus poseedores controlen todo, sin concesiones políticas hacia formas democráticas de gobierno, ni mayor respeto a los derechos civiles y políticos conculcados por el sistema totalitario.

Esa tarea se hace más difícil porque la sucesión no se ha preparado, y se acerca el final del régimen del “Máximo Líder” en medio de la peor crisis económica y social en que ha vivido el país, y la percepción ciudadana de que sus necesidades no cuentan, sólo las del poder. La efebocracia heredera del trono por nominación, nunca por elección del pueblo, pisa terreno minado y aún carece de poder de decisión sobre los destinos del país.

Por otra parte, está paralizada en su agenda interna de lucha por el poder, y por el aparato de terror, descongelado por el régimen y reestrenado en abril de 2003 contra la disidencia pacífica. Estos posibles herederos al trono sólo están a la espera de una realización de deseos: pensar que al haber participado del poder, por “resonancia”, éste va a continuar en sus manos. Pero el poder ha sido tan unipersonal dentro de un sistema totalitario pobremente institucionalizado, que no se ve la concatenación entre el poder actual y el del futuro.

Esta efebocracia que viaja, estudia fuera y prospera, tanto dentro como fuera del país, tiene dos varas de medir: una para la comunidad de exilados y otra para el pueblo de adentro, y sobre todo para los opositores y disidentes políticos.

La efebocracia no tiene apuro; sabe escoger lo más conveniente, esperar sin correr riesgos, y tiene bien claro que con los antiguos enemigos del norte hay que ponerse de acuerdo —es lo que ha hecho la Revolución con los exsoviéticos—. Venderán el miedo a los desórdenes en las 90 millas del Estrecho de La Florida, y ofrecerán el país en venta, lo cual le dará más sabor a la relación. Aprovecharán la nostalgia del cubano que se fue, y se apoyarán en sectores moderados, que no pretenden en su mayoría molestar políticamente al sistema, sectores que hablan de democratizar a Cuba, pero se distancian de la disidencia y de los opositores internos —»la piedra de escándalo» que estorba a la hora de enriquecerse con los favores económicos del régimen—. La efebocracia ya está preparada para la sucesión; como música de fondo: una reconciliación interesada con el “agresor al pueblo”, y un desprecio mayúsculo por el pueblo sometido. Tienen la misma agenda que los radicales del exilio.

Ambos pretenden, a través de los norteamericanos, solucionar el problema de Cuba, que sólo incumbe a los cubanos. Dentro de Cuba, estos aspirantes a la sucesión aplauden la represión a los disidentes con la excusa de su cercanía a los norteamericanos. Fuera del país, ellos sí intentan aproximarse, efectivamente, a Norteamérica.

En ese sentido, rechazamos la postura del oficialismo inmóvil que insiste en no entablar negociación entre cubanos ni apoyar la democratización, mientras Estados Unidos mantenga su hostilidad. Obviamente, ambas cosas están relacionadas, pero una no está subordinada a la otra. voces democráticas dentro de cuba. la sociedad civil En Cuba hay, al mismo tiempo, necesidad de liberalización y una orientación hacia la igualdad. Así, el proceso de transición incluye dos aspectos distintos aunque interrelacionados: las reformas políticas y las económicas.

Pero la igualdad ha terminado en Cuba, y es el gobierno castrista el que está pagando el precio. Ricardo A. Puerta, sociólogo y miembro de la Coordinadora Socialdemócrata Cubana, señala que hoy son los mismos que nacieron en el período revolucionario quienes empiezan a tener sus propias propuestas en lo cultural, lo económico y lo político: “Desde 1986 hasta principios de los 90, el régimen creó una válvula de escape a través del exilio de los intelectuales. No obstante, en Cuba queda un número significativo y creciente de profesionales marginados y sectores cultos de las capas intermedias de la población, convencidos de que el socialismo está agotado y esperando el momento para hacer público su desplazamiento ideológico.

Otros ya están en gremios independientes o grupos de disidentes, o de oposición, o de derechos humanos, y en partidos políticos. (…) Actúan con transparencia interna y aun así, son sometidos a una represión legalizada y al terrorismo estatal. Para superar la actual situación de la sociedad cubana, las experiencias históricas anteriores al régimen castrista, aunque utilizables, son insuficientes, paradigmas débiles, incompletos y desactualizados. Carecen de potencial para explicar, criticar y proyectar la actual sociedad civil cubana. De los cien años de era republicana, los últimos cincuenta y uno han transcurrido sin una sociedad civil que haya operado dentro de un régimen de garantías civiles con libertades individuales.

Hoy el cubano es distinto al de 1959: más joven, más negro, más mulato, más urbano, más internacionalista, más educado, más tolerante, más solidario [añadido por mí], más escéptico, con menos autoestima y menos competitivo que el de los 50.

Hay otro proceso de despolitización o desestatización en la población cubana. La mayoría no está ni a favor ni en contra del régimen; después de años de esperanzas frustradas, ha quedado exhausta de ánimo y neutral en política, por agotamiento, o convicción, conveniencia, o simulación, pero el hecho es el mismo: el cubano medio de hoy rechaza demostrar en Cuba una auténtica posición pública en política, sea de apoyo o de oposición”

4. Ese ciudadano se refugia en lo privado y en la familia, y sigue buscando la felicidad, pero fuera de un proyecto político. Aquí están latentes los líderes y organizaciones informales, cada vez menos informales, que pudieran democratizar a Cuba. Hay pues que completar el desarrollo de la sociedad política.

Entre nosotros la violencia y la ausencia de democracia han durado demasiado tiempo. El fracaso mayor del castrismo ha sido la creación de una sociedad estática, incapaz de lograr la satisfacción de sus necesidades. Por ello es que la creación de una sociedad civil independiente —que llene ese vacío— debería ser prioritaria.

La remoción de Castro parece ser la meta. Sin embargo, el objetivo real debería ser reforzar la naciente proliferación de diversas 4 Puerta, Ricardo. «La Sociedad civil y el futuro de Cuba»; en: Cuba: Alternativas para la Democracia; Universidad de los Trabajadores de América Latina (utal), Caracas, 6-13 de agosto, 1995, pp. 166, 180, 181, 182. instituciones independientes, creando una sociedad civil como base para mejorar las condiciones de vida del pueblo cubano y, consecuentemente, generando el cambio político.

Admito que Cuba está dispersa. Si analizo su conciencia de los males que la aquejan, podría decir que «vengo de un pueblo que no sabe que no tiene derechos». Soy de los que piensan que es posible reunir sus fragmentos, y siento que somos un único pueblo. La dinámica del renacimiento consiste en no esperar cambios dramáticos como los del este europeo. Cuba será civilista, su régimen será de derechos humanos y sus leyes para todos. Su ciudadano político convivirá con el adversario y para liberarse dejará a un lado los partidismos, no las ideas, y se asociará con los de otras tendencias ideológicas para concertar las alianzas necesarias que den paso al pluralismo político, en germen ya dentro del país.


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