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Luz
17-08-2007, Yosvani Anzardo Hernández

“Veo mucha luz”, le dije un día a Raúl. Y me dijo: “Sí, pues corre comemierda que es un incendio”.

Raúl Pavón estudió conmigo desde que usábamos pantalones cortos y el prú oriental valía veinte centavos la botella. Un día dejamos de vernos porque a él le interesaba mucho salvar vidas y hasta de ser posible regresarlas de la muerte. Yo quería ser ingeniero y lo desee con tanta fuerza que un día rompí la regla T entre mis manos cuando me acusaron de algo que no era, porque los contrarrevolucionarios no son los que desean de verdad, el bien para su pueblo.

Con los años volvimos a vernos, ya había pasado la etapa en que las cosas se confunden, y hasta las novias cambian de mano como buenos libros que son, y es que por lo general también nosotros a esa edad solemos ser material de estudio para ellas y hasta nos esforzamos porque así sea, es un juego interactivo donde a veces se gana perdiendo y los instantes se vuelven recuerdos eternos, pero lejanos.

–Soy clínico –me dijo.

–Yo lo sigo intentando –le contesté.

–No te rindas, pero tampoco lo tomes a pecho, mi nueva condición de médico me abre puertas y me cierra las manos.

En ese momento no lo entendí, al parecer en la universidad no sólo le enredan la caligrafía, sino hasta las palabras. Luego supe que nunca estuvimos separados, la realidad cubana nos había hecho coincidir nuevamente en nuestras formas de pensar. Tuvo problemas con las autoridades por regalar medicamentos a sus pacientes, por enderezar ideas y expresarlas claramente y hasta por planear la felicidad de su pueblo.

–Hoy tuve un paciente grave y lo dejé ir para su casa, aunque aún no está de alta.

–No te entiendo –le contesté.

–Sí chico, ella vino a mi consulta porque mancha todos los blumers. Creí que era un parásito, luego siguieron llegando personas con el mismo padecimiento, di la alarma, ¡tenemos una epidemia!, días después mi esposa me informó que yo también estaba contagiado y hasta ella y mi pequeño hijo, ¡pero coño, no tengo más síntomas que las condenadas manchas!, y sin embargo la gente tiene tantas que no se ha podido definir un cuadro clínico. Hoy tuve la respuesta, todo el que usa el periódico Ahora como papel sanitario se contagia, no es más que la tinta, y la gente está tan enferma de mentiras que las somatiza.

–Veo mucha luz –me dijo hoy Raúl.

–No camines hacia ella, intentaran sacarla de tu cabeza –le contesté.

Pavón no está muriendo, la tumoración no puede con él, con sus ideas y ganas de ver feliz a la gente, su inteligencia es tan clara y recóndita, que aún el bisturí no llega a ella. No me vas a dejar ahora que tu luz es tan intensa, te haré un cóctel de buenos deseos y te regalo todo lo que me queda de vida, si es que me queda algo a partir del 30 de agosto del próximo año, tal vez ese día habré terminado y tu podrás continuar, porque sin dudas mi hermano, aún, no estás muriendo.


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