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Bolívar no sería hoy bolivariano
06-08-2007, Carlos A. Canta Yoy Canta Yoy

“Usted sabe que yo he mandado por veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos:
Primero, la América es ingobernable para nosotros;
Segundo, el que sirve a una revolución ara en el mar;
Tercero, la única cosa que se puede hacer en la América es emigrar;
Cuarto, este país caerá infaliblemente en manos de una multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos de todos los colores y razas. (*)

Carta del General (venezolano) Simón Bolívar al General (venezolano) Juan José Flores. Barranquilla, 9 de noviembre de 1830.

Ha constituido un hecho demasiado frecuente en la historia que los gobiernos, generalmente los autoritarios o dictatoriales, utilicen en su provecho la figura de héroes nacionales o grandes personajes del pasado, idealizándolos, falseándolos y en definitiva, banalizándolos.

Ocurrió en el pasado, por ejemplo, con Luis Napoleón (más adelante Napoleón III) en Francia, que se siempre se amparó en el ancho capote de su supuesto tío Napoleón Bonaparte (1). Algo parecido ha ocurrido en la Cuba de los hermanos Castro con José Martí, exaltado y desfigurado en su verdadera imagen de hombre liberal y poeta de delicadísimos versos. Martí, un amante de la libertad y de la independencia de Cuba, no fue ni hubiera nunca podido ser marxista ni hubiera apoyado a regímenes dictatoriales como el actual de la Isla. No obstante lo cual es utilizado como ícono representativo de la Revolución.

Pero, actualmente, sobresale en América el culto por Bolívar y el establecimiento por parte del gobierno autoritario de Venezuela de un endiosamiento que en verdaderamente no se corresponde con la realidad, que representó en su tiempo, Simón Bolívar.

Recientemente han sido publicados dos libros en Caracas y un artículo en Montevideo que resultan sumamente ilustrativos sobre el tema del llamado bolivarianismo (2) (3) (4).

“El culto oficial y popular a Simón Bolívar en Venezuela supera ampliamente al de José de San Martín en Argentina, Bernardo O´Higgins en Chile o José Artigas en Uruguay. El signo monetario venezolano es el bolívar, hay un Estado Bolívar, una Ciudad Bolívar, el aeropuerto de Caracas lleva su nombre, las plazas principales de los pueblos y ciudades lo evocan. Los paredones de las ciudades están cubiertos de retratos del Libertador, a veces acompañados por otros más pequeños de próceres como Francisco de Miranda (que Bolívar entregó a los españoles en 1812) o como Antonio José de Sucre”. (4)

El presidente Chávez modificó el nombre del país que ahora se llama República Bolivariana de Venezuela. Y en su obsesión, en sus épocas militar activo y conspirador contra los regímenes democráticos, en las reuniones con sus pares dejaba una silla vacía que según él, ocupaba Bolívar. Un extraño remedo de un Macbeth caribeño…

Hoy en día Bolívar está presente en Venezuela de todas las formas posibles. Hasta la oposición escribe clandestinamente en los muros: “Bolívar no era socialista”. Los autores citados en las llamadas (2) y (3) cuestionan la excesiva utilización partidista del prócer por parte del régimen actual. Pero la historia es de larga data. A dos años de muerto Bolívar se hacían procesiones rogándole al caudillo que evitara las inundaciones en San Fernando de Apure. Poco después en Guanare, Estado de Portuguesa, saludaban la imagen de Bolívar rodeada de granos de maíz, como símbolo de la fertilidad en la agricultura. Había comenzado el culto.

A partir del último cuarto del siglo XIX comienza la utilización de Bolívar por los gobiernos de turno. Pero también empiezan los objetores: un médico sostiene que el héroe era epiléptico. Lo cual encendió la furia de la Academia de Medicina que lo considera un insulto como si ser epiléptico oscureciera en algo la gran tarea del Libertador. En 1938 se funda la Sociedad Bolivariana de Venezuela encargada de la puridad del culto al gran hombre. Mientras tanto, en los sectores más pobres e incultos, especialmente en aquellos descendientes de africanos, se establece el culto a Bolívar como emisario de Dios. Llega a difundirse la creencia de que la madre de Bolívar era negra. Por el contrario, pertenecía a la más rancia estirpe criolla y blanca y había nacido en pleno centro de Caracas.

La iglesia católica ha tenido también su parte en la contribución al culto bolivariano. El cardenal Quintero dijo en 1980 en la catedral de Caracas que su destierro a lo que es hoy Colombia fue “un claro desconocimiento de su carácter de elegido divino”.

Estas son algunas de las bases del actual bolivarianismo chavista, que el presidente venezolano pretende utilizar en su provecho. Borrando la imagen de grandes hombres de la historia venezolana antigua (Miranda, Sucre, Páez, Flores) y moderna (Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt). Chávez parece convencido que antes que él no hubo nada rescatable en Venezuela, excepto Bolívar. Que todo fue podredumbre y corrupción. Pino Iturrieta “le atribuye a Bolívar miras altas, desprendimiento, tenacidad, deseo de consolidar las instituciones, pero advierte sus ideas fueron las de su época. Tuvo las seguridades de los criollos ilustrados de entonces, pero también las ínfulas, los prejuicios, las pretensiones infundadas y los balbuceos” (2). Propone no desmontar el culto sino incorporar otras figuras de la historia venezolana que también hicieron su aporte.

Es peligrosa la acentuación del carácter militar de Bolívar y su pretendida fundación del Ejército venezolano (algo que no hizo, sino que fueron los dictadores como Castro y Gómez quienes lo hicieron) en los tiempos actuales. Tampoco era un santo ni un hombre perfecto. El riesgo está en creer en la difundida idea de que por lo tanto son los militares los que tienen derecho a gobernar porque son los herederos de tanta perfección que rodea al Fundador y que la sociedad moderna debe ser organizada a semejanza de las instituciones castrenses. En realidad creer que un país como Venezuela con una historia de cinco siglos (como los demás pueblos iberoamericanos) deba gobernarse únicamente por las ideas de un hombre que solamente tuvo una actuación pública de veinte años y que además correspondían a esa época, es “una ridícula beatería que no resiste el menor análisis”. Agrega: “Bolívar no era (no podía ser) un demócrata, sino un aristócrata descendiente directo de la Ilustración dieciochesca” (3) .

En definitiva: que es necesario poner los puntos sobre las íes.

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(*) Y eso que Bolívar no conoció a Chávez.

(1) Dicen algunos historiadores chimenteros que no había motivo para tal orgullo porque el padre de Luis Napoleón, hermano de Bonaparte, no era en realidad su padre. Parece que mamá Bonaparte lo había concebido gracias a las atenciones de un oscuro jardinero de palacio. Pero estos chismes no hacen al fondo de la verdadera historia y la utilización provechosa del tío por parte del (supuesto o no) sobrino.

(2) “EL DIVINO BOLÍVAR”, de Elías Pino Iturrieta, Alfadil Ediciones, 260 páginas, Caracas, 2006.

(3) “POR QUÉ NO SOY BOLIVARIANO – Una reflexión antipatriótica”, de Manuel Caballero, Alfadil Ediciones, 219 páginas, Caracas, 2006.

(4) “SOBREDOSIS DE HEROÍSMO”, de Juan Pablo Correa, desde Caracas, publicado por “El País Cultural”, Montevideo, No. 924, 20 de julio de 2007.


Publicado por cortesía de Fundación Atlas 1853


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