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Temblores cubanos
03-08-2007, Mary Anastasia O'Grady

Cuba no es una isla famosa por sus terremotos, pero el discurso a la nación que pronunció el jueves 26 de julio el dictador "interino" Raúl Castro constituye la evidencia más clara, hasta la fecha, de que las placas tectónicas que sostienen el estatus quo se están moviendo e incluso chocando.

Hasta los mejores expertos en Cuba, que siguen de cerca sus vericuetos políticos, advierten en contra de la tentación de hacer predicciones. Pero lo que parece evidente del lenguaje de Raúl es que el gobierno no puede seguir ignorando el enorme sufrimiento provocado por el deterioro de la economía. Esta crisis, junto a la pérdida del liderazgo carismático de Fidel Castro, ha llevado al régimen en territorio inexplorado y, tal vez, hasta tenga temor.

La ocasión del discurso del jueves fue la celebración anual del Movimiento 26 de Julio, que conmemora el primer asalto armado de los rebeldes a la dictadura de Fulgencio Batista en 1953. Habitualmente, el discurso lo pronuncia Fidel, quien no ha sido visto en público en cerca de un año, aunque ha aparecido en videos, y se especula que su ausencia de debe principalmente a un declive de su capacidad mental. Cualesquiera que sea el motivo de su ausencia, a Raúl, quien no tiene ni un ápice del carisma de su hermano mayor, le ha tocado llenar el vacío en cuanto a las apariciones en público delante de una población cada vez más descontenta. Al mismo tiempo, ha tenido que dirigir la sigilosa maquinaria totalitaria, que podría empezar a experimentar sus propios conflictos internos.

En buena parte, el discurso, pronunciado en Camagüey, fue la típica palabrería castrista acerca de las glorias de la Revolución y la necesidad de defenderla para siempre, la fealdad y las injusticias del "imperio" (Estados Unidos) y su embargo, y las maravillas del Máximo Líder y el socialismo. Pero en materia económica, Raúl pareció romper filas y enviar el mensaje de que las cosas no pueden continuar como están. Una interpretación menos benigna del discurso es que fue diseñado para calmar a una población a la que la privación tiene al borde de la desesperación.

Tal y como lo ha hecho en ocasiones anteriores, Raúl se quejó acerca de la baja productividad del trabajador cubano y trató de sacar a relucir el orgullo nacional como una forma de remediar el problema. Pero hubo momentos en los que parecía reconocer que el sistema no funciona. "Estamos en el deber de cuestionarnos cuanta cosa hacemos en busca de realizarlas cada vez mejor, de transformar concepciones y métodos que fueron los apropiados en su momento, pero han sido ya superados por la propia vida". En otras palabras, fueron superados por la realidad.

También reconoció el problema de los bajos salarios, el que vinculó a la baja productividad. Resaltó que el salario promedio en Cuba, menos de US$20 al mes, es "claramente insuficiente para satisfacer todas las necesidades, por lo que prácticamente dejó de cumplir su papel de asegurar el principio socialista de que cada cual aporte según su capacidad y reciba según su trabajo". Intencional o no, la referencia a Marx no es del todo correcta. El padre del comunismo llamó a que cada uno recibiera según su "necesidad", al paso que Raúl sugiere que debería ser según su producción. También contempló "incentivos" para los productores.

No deja de ser importante que alguien diga que Cuba "aún no ha salido del Período Especial". La frase alude a ajustes "temporales" diseñados en 1992 para ayudar a que el país superara las dificultades creadas por el fin del financiamiento soviético. Esto incluía la búsqueda de inversión extranjera, permitir la operación de mercados donde los campesinos podían vender sus productos y de pequeñas empresas, además de la legalización del dólar estadounidense. La opinión generalizada es que Raúl y sus amigos militares defendían estos cambios mientras Fidel acordó hacerlos a regañadientes. Más adelante, Fidel Castro eliminó muchos de esos privilegios y, más de 16 años después, las dificultades económicas persisten. Incluso el financiamiento de entre US$1.000 millones y US$2.000 millones que aporta Venezuela no ha revertido el declive.

Esa es la razón por la que las referencias de Raúl a la inversión extranjera en el discurso del jueves son fascinantes. "Estudiamos actualmente lo referido al incremento de la inversión extranjera, siempre que aporte capital, tecnología o mercado", dijo en el discurso. Se trata de una clara referencia al modelo chino de liberalización económica, que desde hace mucho tiempo Raúl ha querido para Cuba.

Nada de esto es para sugerir que el hermano pequeño de Fidel, conocido por su crueldad, sueñe con una Cuba más libre. Como el agente más sanguinario del régimen, Raúl ha estado en la vanguardia de una renovada ola de represión que, según algunos, fue orquestada en anticipo al alejamiento de Fidel, que comenzó en marzo y abril de 2003 con una ofensiva nacional en contra de los disidentes. Setenta y cinco de los arrestados fueron sentenciados a un promedio de más de 20 años en prisión. Los ataques de la seguridad estatal a los críticos del régimen han escalado desde entonces, según Cuban Directorio, una entidad de Miami que sigue de cerca esta clase de incidentes.

El hombre, sin embargo, está desesperado. No puede encarcelar a toda la isla y con la escasez cada vez mayor de alimentos y leche, mantener la situación bajo control puede ser una tarea cada vez más difícil. Como me dijo en una entrevista el mes pasado Armando Valladares, un ex prisionero político que pasó 22 años en los gulags de Castro, el terror como forma de controlar a la gente tiene sus límites. En opinión de Valladares, el pueblo cubano está muy cerca o ya ha sobrepasado ese límite, lo que sugiere que una pequeña chispa puede desatar una rebelión masiva, algo parecido a lo que ocurrió en Rumania. Directorio dice que la cantidad y la envergadura de los actos públicos de protesta han estado en aumento todos los años, a pesar de la brutalidad de los agentes de Raúl. El mes pasado, 70 personas marcharon en Camagüey en una inédita muestra de apoyo a un prisionero político.

Raúl también enfrenta su propio legado al interior de las fuerzas armadas. Después de haber realizado el trabajo sucio de Fidel, como la ejecución del popular general Arnaldo Ochoa, se ha ganado muchos enemigos con el transcurso de los años. Si los rumores acerca del descontento entre los militares tienen algo de cierto, Raúl sería la primera víctima de una contrarrevolución. Para eludir esa suerte, tiene que hacer que la economía funcione, y ahora parece depositar sus esperanzas en un nuevo gobierno estadounidense que pueda poner fin al embargo. El jueves, Raúl reiteró la disposición de Cuba "a discutir en pie de igualdad" su "diferendo con el gobierno de Estados Unidos".

El levantamiento del embargo le daría un mayor margen de maniobra a Raúl, pero no es mucho lo que puede hacer hasta el fallecimiento de su hermano mayor. "El problema para Raúl es que Fidel no se muere", dice Ernesto Betancourt, quien representó al Movimiento 26 de Julio en Washington en 1957 y 1958 y, probablemente, entiende el régimen mejor que cualquier otro exiliado cubano. "Podría querer hacer algunos cambios pero Fidel no lo permite", dice. La ironía es que una vez que Fidel ya no esté para aglutinar el régimen depravado y nihilista, las probabilidades de supervivencia de Raúl podrían ser incluso más sombrías.

*Publicado en The Wall Street Journal Americas


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