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Los Nashis de Putin
27-07-2007, Cárdenas, Emilio J

Liberpress/Economia Para Todos/19/07/07/ La violencia juvenil –empujada e impulsada desde el poder– se adueña de las calles en Rusia, donde por estos días festejan el aniversario de su arma más famosa: el fusil AK-47.

Los “nashis” de la Rusia de Vladimir Putin La edición dominical del The New York Times es siempre esperada por los lectores que siguen la evolución del escenario internacional, porque suele ser especialmente sabrosa en materia de primicias. La del 8 de julio, ciertamente, lo fue. Particularmente porque incluyó una nota excelente que llevaba la firma de Steve Lee Myers quien, desde Moscú, revelaba un aspecto poco conocido, y preocupante, de la forma en que se está haciendo política en la Federación Rusa, de la mano de Vladimir Putin. Me refiero al manejo puntilloso de los jóvenes en procura de dominar tanto sus corazones, como sus mentes. Bajo la tutela especial –y directa– de Putin, funcionan algunos grupos de jóvenes con ideas afines a las del partido de gobierno.

Estas agrupaciones se crearon a partir de las masivas protestas callejeras que –en 2004– derrumbaron al gobierno de Ucrania. Son, entonces, consecuencia de la preocupación política por dominar todo lo que sucede en las calles, luego de que éstas de pronto se transformaran en uno de los espacios más influyentes en materia política en varias de las repúblicas que emergieron luego del colapso de la Unión Soviética, a fines de 1989. Algo parecido a lo que nosotros percibimos con algunos grupos de los llamados “piqueteros”, cuyos desplazamientos son acompañados por las fuerzas del orden, que hasta protegen los lugares –en la propia Avenida 9 de Julio– en los que se estacionan descaradamente los ómnibus por ellos utilizados, lo que multiplica exponencialmente el daño al tránsito que procuran hacer, de modo de que sus protestas no pasen desapercibidas por la población y sin que el respeto por los demás obre como impedimento o barrera de ningún tipo.

El grupo de jóvenes más importante en la Rusia de hoy es, nos dice Myers, el que responde a la denominación de “Nashis” (que se traduce como “nuestros”). Tiene unos 10.000 miembros activos y puede reunir –con una logística perfectamente aceitada desde el poder– a unos 200.000 jóvenes en los eventos y manifestaciones callejeros en los que se los requiera. Su capacidad de movilización es realmente enorme, demoledora. Esto es lo que los progresistas (según algunos, el de “progresista” es un eufemismo sinónimo de “resentidos”) llaman “movimiento social”. Leal, por supuesto. Hay algunos otros, como la “Guardia Joven”, que pertenece al partido de Putin, esto es a Rusia Unida. O como “Grigorevstky”, que pertenece a las estructuras de la influyente Iglesia Ortodoxa Rusa, en la que la influencia de Putin ha crecido mucho, particularmente desde que logró superar el largo cisma que la separaba con los ortodoxos que están fuera de Rusia, unificándola. Los “Nashis” son, por sobre todas las cosas, activistas que están siempre a la espera de órdenes o sugerencias desde el poder, como cabía esperar de una organización joven. Tienen campamentos de instrucción y adoctrinamiento, a la manera y con los métodos en su momento empleados en la era soviética por los recordados “Kosmosol” del Partido Comunista. Con idénticos colores y utilizando hasta la vieja liturgia. El evangelio de los “Nashis” fue estructurado por el ideólogo de Putin, Vladislav Surkov. Predica una lealtad incondicional a Putin y un odio encendido a todos sus opositores, especialmente a Garry Kasparov, líder de la oposición, y a Eduard Limonov, el padre de un activo movimiento nacionalista.

En lo social, se oponen a las drogas, al cigarrillo y a las bebidas alcohólicas. Predican el respeto a las Fuerzas Armadas y, especialmente, a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Están en contra, también, del aborto y el control de la natalidad. Por ello, no sorprende que hagan campaña para que los extranjeros no puedan adoptar criaturas nacidas en Rusia. Su retórica es fuertemente antinorteamericana y claramente antieuropea. Con el financiamiento y ayuda (opaca) que les llega desde el poder o desde las empresas que controlan los amigos del poder, organizan demostraciones callejeras y escraches “a la carta”, sembrando así la intolerancia, lo que contradice sus propios discursos en los que esa virtud dice ocupar un lugar central. Hace apenas algunas semanas hicieron pasar un momento muy desagradable a Marina Kaljuran, la embajadora de Estonia en Moscú, al protestar por la relocalización del monumento al soldado ruso desconocido en la capital de ese país, después de haber pintarrajeado con insultos y agravios alusivos los muros de su embajada en Moscú. La descripción de los “Nashis” –y sus actividades– es sólo una confirmación de cuán profunda parece ser la orientación de corte autoritario que está emergiendo sistemáticamente en la Federación Rusa, por todas partes y para preocupación de muchos que contemplan lo que sucede con una inocultable desconfianza que se nutre de la experiencia rusa en un pasado no muy lejano.


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