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El fundamento de las listas abiertas
18-07-2007, David Kilgour

Las consecuencias partidarias y políticas de cambiar de bando

Comentarios de David Kilgour en un panel de discusión sobre el estudio del Parlamento canadiense

En estos diez minutos asignados, permítanme, presumiblemente teniendo algunas ideas como ‘un specimen exotique’ de lo que ustedes están estudiando clínicamente hoy día, ofrecer unas breves palabras de dos experiencias propias de cambio de partido y entonces ofrecer algunos pensamientos sobre algunas de las preguntas que a este panel se le ha pedido considerar.

De hecho, el Dr. Alex Kindy de Calgary y yo fuimos expulsados del Partido Conservador el 11 de abril de 1990, por votar contra el GST (impuesto sobre las compras canadiense). No pensábamos que se le podía dar un voto de confianza a esto y ambos estábamos al tanto de un certero documento hecho por el difunto erudito del Parlamento, Eugene Forsey, y Graham Eglinton de que las medidas sobre impuestos en el Parlamento Westminster no habían ganado votos de confianza desde los años 70. Tanto Kindy como yo estábamos también al tanto de que los ciudadanos de Alberta se oponían abrumadoramente al GST.

La segunda ocasión, el 12 de abril de 2005, el testimonio esa semana de la investigación Gomery –ustedes recordarán en parte que los sobres del partido costaron alrededor de $100.000– fue el colmo, en mi mente. Mis lazos con el liberalismo de Paul Martin se habían estado debilitando. Por cierto, poco antes de partir, recuerdo haber contado alrededor de diez asuntos importantes con los cuales estaba personalmente en fuerte desacuerdo con su gobierno. Por favor se debe observar que yo me hice independiente y no participé en otro partido político, en lo sucesivo votando sobre los asuntos según sus méritos hasta que el gobierno fue derrotado. Uno podía esperar que todos nosotros hiciéramos eso siempre.

A las preguntas entonces.

¿Cuáles son las causas del incremento en el número de cambios de partido?

Probablemente un número de factores estén teniendo un efecto, incluyendo:

-Hay menos conservadores, liberales, independientes, etc. de toda la vida que en tiempos anteriores, cuando muchos canadienses morían apoyando al partido político de la familia en la cual habían nacido.

-Los canadienses de hoy parecen más dispuestos a hablar de su insatisfacción con los gobiernos y políticas, lo cual en nuestra era de comunicaciones al instante tiene un impacto en todos los miembros del parlamento que buscan estar más cerca de sus electores.

-A pesar de todo, los canadienses son probablemente más hostiles a la corrupción que en años anteriores. En 2005, por ejemplo, como ex fiscal, yo simplemente no estaba preparado para quedarme más tiempo bajo el paraguas liberal, cuando concluí que el partido había perdido su integridad al menos conmigo. Para ser exacto, esto no sucedió con la vasta mayoría de afiliados liberales del país, incluyendo a los parlamentarios, pero algo estaba claramente muy errado.

¿Es la importancia decreciente de la ideología política un factor para los cambios de partido?

Probablemente. ¿Cuánta diferencia sustancial existe hoy día en las ideologías de nuestros partidos nacionales? No estoy hablando de su retórica. Una ilustración reciente de esto involucra a Darfur, que ha sido correctamente llamada la “Rwanda en cámara lenta”. En el debate de tomar apuntes del año pasado en la Casa de los Comunes, tanto los nuevos demócratas como los liberales, en ese entonces en oposición, parecían estar claramente a favor de enviar pacificadores canadienses con otros a detener la matanza en Sudán, pero los conservadores rehusaron tomar posición en el debate. En función meses antes, los liberales –sin duda también bajo la influencia de los mismos consejeros del edificio Pearson– tomaron esencialmente la misma posición. Presumiblemente, nosotros estamos hablando de la ‘ideología’ de partidos gobernando en vez de cuando están en oposición.

¿Está siendo la ideología reemplazada por la ambición personal y el deseo de entrar al gabinete?

¡Absolutamente! Muchos años atrás, un amigo apuntó que un problema mayor con nuestro sistema parlamentario en ese entonces era que la mayoría de los miembros del parlamento no valoraba realmente su rol como legisladores y simplemente lo usaban como un escalón para algo “mejor” como ministro, magistratura, o algo así. Esto es probablemente aún mas cierto hoy día por un número de razones, pero yo nunca pensé que veríamos algo tan escandaloso como la forma en que Belinda Stronach entró al gabinete de Paul Martin. Es difícil decir cual de ellos estaba haciendo mas daño a la política basada en principios. Desafortunadamente, la credibilidad profesional de todos los miembros del Parlamento sufre cuando pasan tales cosas.

¿Relajar nuestra presente noción de esperanza reduciría los cambios de partido acabando con las continuas pruebas de lealtad al partido?

Ciertamente ayudaría. El documento de Forsey-Eglinton que mencioné sobre la confianza nos recordó que hasta alrededor del 1900 incluso los ministros en nuestra Casa de los Comunes podían en la práctica votar contra las medidas del gobierno sin renunciar al gabinete. Algunos han observado tal vez a medias correctamente, que los oficiales disciplinarios de los respectivos partidos hoy en la Casa de los Comunes podrían en la práctica votar por poderes para sus respectivos miembros la mayor parte del tiempo, y los miembros del Parlamento podrían quedarse en sus funciones. Esta realidad actual que conozco viene de nuestro desarrollo de gobierno responsable, pero ¿puede no evolucionar aun más? Hoy en día la mayoría de los miembros del Parlamento no quieren ser evaluados en Ottawa, solo a fuerza bruta de votos. Nuestras prácticas de voto de confianza deben cambiar dramáticamente si estamos por reconstruir el estatus profesional de los miembros del Parlamento. Ustedes recordarán que recientemente alrededor de 94 miembros laboristas del Parlamento votaron en contra del liderazgo de su partido en Westminster y el cielo no parece haber colapsado allí. El honorable Joe Comuzzi fue expulsado esta semana de su comité por indicar que él apoyaría el presupuesto. El Sr. Dion debería leer el documento de Forsey.

¿Cuál es el impacto de cambiar de partido en distritos electorales y dentro de juntas electorales?

El impacto parece depender de varios factores, incluyendo la razón por la deserción. En mi caso en 1990, continué como un “conservador progresista independiente” para reunirme con la asociación Conservadora Progresista en Edmonton por muchos meses. Todo fue muy amistoso. Finalmente, cuando concluí que no había vuelta atrás mientras el Sr. Mulroney se mantuviera como líder, escribí una carta de “afectuosa despedida” al ejecutivo. Eventualmente, cuando me uní a los liberales, algunos de los ejecutivos y miembros vinieron a unirse a la asociación Liberal. Otros no lo hicieron, pero dijeron que continuarían votando por mí como Liberal. En la situación de 2005, los miembros de la asociación Liberal todos sabían cuan descontento yo estaba con el gobierno de Martin. Creo que nadie estaba muy sorprendido cuando me fui. De hecho, en la elección del 2006 voté por el candidato Conservador Mike Lake, quien derrotó al Liberal por 16.000 votos.

*David Kilgour fue uno de los dos Miembros del Parlamento canadiense con el tiempo de servicio más largo en la Casa de los Comunes antes de renunciar en 2006. Esta es una adaptación de una charla dada en marzo en la Reunión Anual General del grupo de estudio del Parlamento canadiense.

Cortesía de La Gran Época. Compilador Jan Jekielek.


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