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El punto de vista de la Concertación Pro Diálogo y Reconciliación (CPDR)
15-07-2007, Fernando Sánchez López

Primer Documento

El lunes 18 la Unión Europea analizó, una vez más, su Posición Común establecida en 1996. Por ella, se vincula la normalización de las relaciones entre la UE y Cuba al progreso en los derechos humanos y la democratización por parte de las autoridades de la Isla. El diálogo ha salido fortalecido en este análisis.

Él se produce un mes después de concretado el primer paso del Diálogo Político Permanente entre las autoridades de España y Cuba en materia de derechos humanos, un Diálogo resultado de la visita realizada a Cuba en el mes de abril por el canciller español Miguel Ángel Moratinos.

El contexto político para este análisis es nuevo: conversaciones propiciadas por el gobierno de la Isla, respuesta positiva por parte del gobierno español, rondas discretas para la preparación de las pláticas, anuncio público de los eventos, visitas escalonadas hasta el más alto nivel, inclusión del tema más sensible para la comunidad internacional, para el gobierno cubano y para la comunidad pro democrática cubana: el de los derechos humanos, y principios de acuerdos básicos para avanzar hacia negociaciones específicas y estructurales en dicho tema. Este contexto se acopla al discurso inaugural de la sucesión en política exterior, un discurso de ofertas de diálogo, y a un perceptible mensaje de distensión hacia la comunidad pro democracia dentro de la Isla.

Todo ello significa que por primera vez en los últimos cincuenta y dos años aparecen en Cuba las cuatro premisas fundamentales para un proceso calibrado de negociaciones: disposición intelectual y psicológica para conversar, búsqueda de calma geopolítica, siembra progresiva del clima de confianza interno y externo, y apertura del diálogo; tanto en su dimensión política como en términos prácticos.

Pero el diálogo para Cuba tiene claros enemigos, dentro y fuera del país. Estos enemigos van desde estados hasta grupos que abogan por una transición pacífica sin odios ni venganzas; desde abogados del diálogo abstracto, amantes de la confrontación verbal concreta, hasta claros defensores del derrocamiento del gobierno de la Isla, y desde personas e instituciones que en el pasado exigían conversaciones al gobierno hasta aquellos dentro de las autoridades cubanas que no quieren escuchar de transición o cambios; ni siquiera de evolución. En lo que constituye una rara pinza griega, enemigos políticos coinciden como enemigos de los amigos del diálogo.

En el repaso que la Concertación ha hecho para la elaboración de este punto de vista, no ha encontrado semejante conjunción de fuerzas, corrientes, estados e individuos contra un eventual proceso de diálogo, esta vez en Cuba.

Cada uno aporta lo suyo: confusión de conceptos, lecturas de intenciones, apagones mediáticos, presiones políticas, coacción moral, zancadillas agradables, groserías ilustres y demandas que solo se pueden lograr con siete divisiones blindadas después de alguna humillante derrota.

Las conversaciones de Camp David para iniciar la paz Árabe-Israelí; el proceso de Esquipulas para la paz en Centroamérica; Oslo, Dayton o Madrid como cadena de éxitos-fracasos-éxitos para la paz entre Israel y Palestina supusieron el inicio de algún tipo de acercamiento, de diálogo de reconocimiento entre las partes involucradas; en casi todos los casos, con la participación en principio de potencias interesadas en la solución de conflictos.

Hay un montón de testimonios producidos por los escépticos de todos estos procesos, pero el récord de enemigos está prácticamente vacío. Solo quienes han deseado la destrucción del contrario han atacado con virulencia el diálogo en sí mismo. Y conste que aquellos han sido o son conflictos calientes, en los que la comunidad internacional y los amigos del diálogo agradecen cada tregua, cada intención de conversaciones, cada declaración de cease-fire y cada promesa de fotos, sonrisas y estrechones de mano para la creciente galería global de amantes de la paz.

Hace cuatro décadas que cesó en Cuba el conflicto caliente por la democracia. La posibilidad del diálogo se abre como nueva dimensión sobre la que levantar la convivencia política plural y democrática, pacífica y tolerante, respetuosa de los derechos humanos y de lo mejor de nuestra cultura. Y en ausencia de guerra civil. Frente a esta posibilidad se unen intereses, espejismos distantes, intransigencias disfrazadas y la ausencia natural del sentido de lo político, resultado de casi cinco décadas de totalitarismo. No están preparados para admitir que la confrontación, fracasada, terminó.

Para la Concertación, que apuesta exclusivamente por el diálogo, no por un diálogo de inventario para vencedores y derrotados, sino por un diálogo que propicie una transición pactada sin sumas cero, el desafío para promover y proteger el proceso de conversaciones, tanto en términos políticos como culturales, es inmenso.

Afortunadamente, este espacio de amigos del diálogo se fortalece con la participación de nuevos grupos e instituciones. La incorporación del Proyecto de Estudios de la Mujer y del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales potencia los esfuerzos cívicos, académicos y culturales que otras instituciones independientes hacen y harán por enraizar y fortalecer la cultura del diálogo en Cuba. Son seis ya las instituciones que forman parte de la Concertación. Con ellas, nuestra divisa de que: solo dialogando, podemos, adquiere un mayor y mejor alcance.

 


Segundo Documento

Concertación Pro Diálogo y Reconciliación (CPDR)
Declaración


Los enemigos del diálogo, dentro y fuera de Cuba, pueden respirar hondo y dormir bien. En una Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, fechada el pasado 22 de junio, el sector más irresponsable del gobierno –que se encuentra entre sus más acérrimos enemigos acaba de cerrar la puerta a la oferta más generosa de diálogo que se le haya hecho a las autoridades cubanas: un diálogo comprehensivo por parte de la Unión Europea (UE), que incluye temas desde la cooperación hasta los derechos humanos.

Los motivos resultan increíbles e incongruentes a la luz del diálogo sostenido con el gobierno de España, y que se prevé continúe en forma permanente. Dicho diálogo se inició sin que España denunciara la Posición Común de 1996, ni las medidas diplomáticas que la UE aplicó en el 2003 y suspendió desde el 2005.

Pero estos motivos también resultan francamente insólitos.

¿Es comparable la Posición Común con el embargo que los Estados Unidos mantienen sobre el gobierno cubano hace 48 años?

¿Son comparables la base naval de Guantánamo y el llamado Plan Bush con las medidas simbólicas que la UE aplicó, motivada por el encarcelamiento de 75 pacíficos luchadores pro democracia y el fusilamiento de tres ciudadanos cubanos?

¿Guarda alguna equivalencia la suspensión de estas medidas con la suspensión semestral del Capítulo III de la Ley Helms-Burton?

Por supuesto que no. Sin embargo, el gobierno cubano ha hecho reiteradas y positivas ofertas de diálogo al gobierno norteamericano, sin exigir la desaparición de lo que en el caso de los Estados Unidos sí parecen ser excelentes premisas para un diálogo entre iguales. Ofertas hechas a un gobierno que se niega, incluso, a reconocerle.

Seamos serios; con algo mejor y más elegante que el insulto.
La preocupación de la comunidad internacional por los derechos humanos en Cuba –una preocupación con estricto apego al derecho internacional, que incluye la Declaración Universal de Derechos Humanos de la que el gobierno de la Isla es signataria– no constituye más intromisión en los asuntos internos de un país soberano que la preocupación de las autoridades cubanas por los enfermos en cualquier parte del mundo. Ambas preocupaciones son legítimas, entendiendo como igualmente importantes la salud de la humanidad y las libertades de asociación y expresión de los individuos que la conforman.

En todo caso, ¿qué hace el gobierno de Cuba en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas? ¿Preocuparse por los derechos humanos en el límite de las fronteras?

Está claro, por otra parte, que la moral y los actos retrospectivos de países y culturas no son el punto de partida para preocuparse por los derechos humanos. Sí lo es el compromiso que estos adquieren de resolver sus problemas en esta materia de cara al futuro. En asuntos morales, nadie puede tirar la primera piedra; esto incluye sobre todo a las revoluciones. De ahí la importancia que le damos a la reconciliación.

Razón por la cual, la UE está dispuesta a dialogar con el gobierno cubano, aún sin alcanzar la liberación de todos los prisioneros políticos y de conciencia, sin lograr el mejoramiento de las condiciones en las cárceles, sin el cese definitivo del hostigamiento a la comunidad pro democrática al interior de la Isla y a pesar de los actos de repudio, que esperamos no vuelvan a manchar la imagen de Cuba.

Esa capacidad de respetar los derechos humanos en sus propios países fue lo que permitió denunciar precisamente los abusos en Abu Ghraib, y que prácticamente vayan a ser desmanteladas las brutales e ilegales prisiones en Guantánamo.

Desde otro punto, la Concertación considera que se necesita humildad frente a las ofertas generosas y constructivas. Humildad en virtud de su valor intrínseco y en congruencia con la magnitud del fracaso de proyecto de país iniciado en 1959; fracaso que alimenta la desazón compartida por la mayoría de los cubanos.

Es urgente recordar que Cuba sigue mal después del 31 de julio de 2006, pese a algunas medidas suavizadoras y a la tenue tendencia hacia el pragmatismo y la responsabilidad frente al pueblo cubano: ese pueblo que quiere abandonar masivamente Cuba, después de haber abandonado masivamente la revolución.

Se necesita además un mayor aprecio por los ciudadanos cubanos. Solo el bienestar y las seguridades que proporcionan el monopolio del poder dan todo el tiempo del mundo –como culmina esa Declaración– a los revolucionarios de arriba. Pero difícilmente se tenga mucho tiempo desde la insalubridad, la falta y el deterioro de las viviendas, los zapatos rotos y el hambre literal de muchos cubanos, revolucionarios o no.

¿Se siente seguro el gobierno de la Isla con las compras de alimentos a los granjeros imperialistas de la primera potencial mundial –Estados Unidos– que, siendo el primer enemigo, está entre los primeros suministradores a Cuba? ¿Se siente pisando tierra firme con el petróleo que suministra el mediocre régimen venezolano? El gobierno quizá –con lo que parece tener una seguridad absoluta para la espera eterna–, pero los cubanos no. Estas dependencias constituyen, por tanto, junto al potente y masivo deseo de abandonar Cuba, tres de los siete peligros de seguridad nacional que es obligado enfrentar.

Los amigos del diálogo, dentro y fuera de Cuba, debemos trabajar con mayor determinación y fuerza para consolidar las referencias y fortalecer las demandas y espacios de diálogo que se abren en la sociedad cubana. Estos son todavía débiles. Los enemigos del diálogo son todavía poderosos.

Por eso la Concertación, en el marco de su última iniciativa: Foro de Debate: Diálogo de Alternativas y Propuestas, invita a todos los extranjeros amigos del diálogo, en y hacia Cuba, a que participen en el segmento de este Foro dedicado a: La Comunidad Internacional y la Democratización de Cuba.

En los últimos 48 años ha habido un equívoco absoluto en cuanto a las relaciones de pertenencia entre Cuba y sus ciudadanos: pero Cuba no es de los revolucionarios, Cuba es de todos los cubanos.


*Fernando Sánchez López / Presidente Partido Solidaridad Democrática/ Coordinador Concertación Pro Diálogo y Reconciliación (CPDR) 24 de junio de 2007


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