cubamatinal.com| |
Cuba y su Realidad Social 27-05-2017

Portada
Noticias
Deportes
Breves
Video Blog
Cuba-Org.
Politicas
Reportajes
Actividades
Colaboraciones
Buscador
Cartas
Suscribase
   Enviar por Email
Llegar, regresar o sucumbir
15-07-2007, Juan Carlos Linares Balmaseda

Era media noche en Cuba. Por el litoral norte del Maríel ocho siluetas echaban al agua la balsa de aproximadamente 3 metros de ancho por 6 de largo. Había sido construida con madera y poli espumas horas antes de zarpar, y buena parte de los materiales utilizados en la armazón, adquiridos in situ en la zona costera por unos 40 pesos convertibles.

Julio, uno de los sobrevivientes, nos cuenta: “Al principio teníamos mucha tensión, pero a medida que nos alejábamos de las luces en tierra sentíamos felicidad. Hasta cantamos canciones y consignas políticas. Escapábamos de un encierro”.

Todos pertenecían a distintas organizaciones de oposición al gobierno. Se conocían bien. Llevaban documentos que evidenciaban tiempo en el activismo pacífico, y que avalan para acogerse a la Ley de Ajuste Cubano en condición de refugiado político, aún siendo “pies mojados”. Sus edades mediaban entre los veinte y tantos a treinta y tantos años.

El de Vladimir fue el único cadáver que recaló. Él sobrepasaba a los demás en alegría durante las primeras horas de la travesía. Con gracia a todos los que metían la mano en el fardo de los víveres le increpaba: “¡Dale suave a la comida!”; recordándoles la regla número uno del náufrago: racionamiento estricto de los alimentos y el agua.

Un jorongo de nylon con galletas, tostadas, diez latas de carne, varios cucuruchos de maní y una botella de miel componía el grueso del avituallamiento. Los pomos plásticos con el agua potable iban flotando alrededor de la balsa, amarrados de uno en uno.
Hacía días que venían monitoreando diariamente los partes meteorológicos por la televisión cubana y por canales norteamericanos, vistos en el país de manera ilegal. El viernes de la partida debería disiparse un frente frió. El domingo a más tardar estarían al medio del Estrecho de la Florida. Y la brisa del disipado frente frío empujándolos al norte. Así planificaron ellos, pero la naturaleza no.

Esa noche, meter la balsa al agua costó poco tiempo y esfuerzo físico. No había vigilancia guardafrontera alguna. Mientras unos iban hacia su primer intento de salida ilegal, otros a la quinta, secta o séptima experiencia; los que por experiencia propia conocían la dinámica infernal de estar días atrapados en mar abierto por un mal tiempo y luego lanzados casi moribundos a decenas de millas de donde zarparon, aunque en la misma nación. O de ser capturados en la costa misma, o de las agresivas embestidas por los guardafronteras tratando de interceptarlos millas adentro, y de los complots de los guardafronteras con pescadores en botes que les ofenderían de palabras, y finalmente pagar multas de miles de pesos.

Al amanecer del sábado el brisote sin lluvias continuaba. Otro de los desaparecidos fue Yoel, que al igual que Julio no paraban de nausear. Compara Julio: “Aquello parecía una borrachera con bebida dulce”.

Pasaron dos noches y dos días y ni sombras de un barco. El domingo al amanecer el mar se picó más. Las aguas se pusieron tan oscuras que observar a un pié de profundidad no se podía. Las olas crecían. Cuando subía la embarcación estaban en un balcón, cuando descendía estaban metidos a un sótano con paredes de aguas turbias. Peor se puso el clima por la noche. Ni una luz de relámpago lejana alumbraba sus destinos. La visión se les hacía tan escasa que apenas se veían las manos. Cada cuál sabía a cual compañero tenía al lado porque mantuvieron las mismas posiciones hasta ese momento del trayecto. El aire en contra les llevaba sus voces y para escucharse tenían que gritar.

Cerca de las tres de la madrugada del lunes marcaba un reloj de pulsera acuático en la muñeca de Yoán (sobreviviente). Un primer golpe de ola les vino al costado, otro como brotando del fondo los sacó de la balsa. En instantes todos estaban nadando, buscando el tenue destello de la blanca poli espuma. Sobresalían los a gritos de los desaparecidos Manuel y Alexis: ¡SUBAN! ¡RAPIDO! ¡AGARRENSE BIEN! Cuando llegaron la embarcación estaba al revés. Perdieron todos los víveres. Intentaron voltearla. Un tercer golpe y la embarcación parte en dos.

Sobre la parte de popa (la mayor) quedaron: Manuel, Vladimir, Yoel, Alexis y Omar (el que desapareció). En la parte de proa: Julio, Yoan y Omar (el que sobrevivió).

-“¡AQUÍ NO FALTA NADIE Y ALLI!”, voceó un Omar desde la proa mientras el otro respondió desde la popa: “¡ESTAMOS COMPLETO!”. Y otras frases: “¡TIENEN LA SOGA!”, “¡AQUÍ NO QUEDO NADA!", ¡MAÑANA NOS REENCONTRAMOS Y ENSAMBLAMOS LA BALSA CON NUESTRAS ROPAS!”
Nunca más se reencontraron. Los tres acurrucados titiritaban de frío. Vendrían otros cuatro días a la deriva. La sed y el hambre los debilitaba. La insolación en la piel que al paso del tiempo asimilaría a la cicatriz de una mordida de tiburón en una de las piernas de Julio. La embarcación se deshacía. Yoan se tira al agua. Dijo que a buscar ayuda. Se perdió de vista a los dos que quedaron sobre la balsa. Dos pescadores en un pequeño bote divisaron algo que chapoteaba agua a lo lejos. Era Yoan. Lo llevaron a la unidad de Guardafronteras y regresaron por Julio y el Omar que sobrevivió.

 


Editoriales  + 
Opinion  + 
Colaboraciones  + 
Entrevistas  + 
Foros
Hemeroteca
Enlaces

Cuba Matinal - Spain, C. Alcala 99, 28009 Madrid, España. Tel: + 34 639 43 15 89
repliche orologi © Copyright 2006. All Rights Reserved. Contacto: cubamatinal@cubamatinal.com