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¡Al estilo Jalisco!
21-06-2007, Daniel Romero Pernalete

El socialismo del siglo XXI va porque a Hugo Chávez le da la gana. No importa que media Venezuela se oponga. La voluntad del dictador se impone. Su palabra es la ley. Sus deseos son órdenes para sus sirvientes, lamesuelas y afines.

Borracho de un poder adulterado, Hugo Chávez no respeta las formas democráticas ni las más elementales normas de convivencia política y social. Le importa un pepino la opinión internacional, y así lo ha proclamado ante un rebaño de franelas rojas. Comportamiento típico de los dictadores de cualquier pelaje.

Enfermo de un poder mal habido, Hugo Chávez se ríe de las encuestas que reflejan una merma de su popularidad de la puerta para adentro. Se burla, es decir, de un creciente sector de la ciudadanía que cuestiona la pertinencia de sus acciones y de sus decisiones. Conducta típica de tiranuelos de cualquier hechura.

Harto de un poder de turbios orígenes, Hugo Chávez no tiene reparos en descalificar y en mandar a innombrables destinos a quienes osen contrariar sus aberraciones. El pluralismo es nocivo para su insania y quiere erradicarlo. Proceder típico de déspotas de cualquier tamaño.

Aventado de un poder mal digerido, Hugo Chávez ha expresado a viva voz su intención de quedarse con la Presidencia de la República hasta que la muerte los separe. Se cree realmente insustituible. La alternabilidad en el poder le pone la piel de gallina. Típica actitud de los Mesías de cualquier marca.

Hinchado de un poder contaminado, Hugo Chávez decreta en público la de defunción a la descentralización. Todo el poder es suyo. La asusta que cualquiera pueda brillar con luz propia. Necesita rodearse de opacidades, para que se vea su tenue brillo. Típica manía de nulidades engreídas de baja luminosidad.

Ahíto de un poder fraudulento, Hugo Chávez ha gritado que no cree en la división de poderes. Pide que la gente se olvide de eso. Necesita diputados marionetas. Magistrados títeres. Fiscales fantoches. Contralores peleles. Obsesión propia de autócratas de cualquier calaña.

 

Empachado de poder espurio, Hugo Chávez ha puesto de rodillas a la Fuerza Armada. Se limpió las botas con su institucionalidad. Le puso el socialismo y la muerte en el saludo. Alquiló la lealtad de la alta oficialidad. Rasgo común de cualquier tipo de totalitarismo.

Cebado en un poder ilegítimo, Hugo Chávez ha querido crear un partido-secta que se mueva al vaivén de sus humores. Como la gente no salió corriendo a buscar su cupo en el PSUV, Chávez decidió que la inscripción en el partido era un acto voluntario de obligatorio cumplimiento para quien tuviera o aspirara a un cargo público o a cualquier limosna.

Hugo Chávez quiere imponer su socialismo a rajatabla. A cualquier precio. Contra viento y marea. Llueva, truene o relampaguee. Sobre los restos de la Constitución. Sobre las cenizas del país. Por las buenas o por las malas. Por encima de la voluntad de los ciudadanos. ¡Al estilo Jalisco, pues!

Hugo Chávez sigue sembrando vientos. Vaya uno a saber las tempestades que más adelante habrá de cosechar. Hugo Chávez está exprimiendo tanto la naranja que el jugo ha empezado a amargar. Hugo Chávez sigue regando gasolina por doquier, y ahora le ha dado por jugar con cerillos.

Tanta vejación cansa. Tanto cinismo irrita. Tanto abuso encona. Tanta insolencia indigna. Tanta arbitrariedad enerva… ¿No será que Chávez está jugando a convertirse en mártir?

(*) Sociólogo, Profesor Titular de la Universidad de Oriente (Venezuela)


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